La difícil lucha contra el tabaquismo.


El domingo 31 de mayo a mi esposa y a mi nos llamó la atención la tremenda alharaca que se escuchaba en el cruce de dos calles del centro de esta ciudad y, como “la curiosidad mató al gato”, fuimos a investigar la causa de semejante escándalo; entonces nos dimos cuenta que era un numeroso contingente de infantes, jóvenes y adultos, quienes con mantas y pancartas, en medio de una gran algarabía gritaba consignas contra las adicciones, pero sobre todo contra el tabaquismo. Ignoro de donde partió y hasta donde llegó tal manifestación; en realidad no pregunté ni lo investigué, pero lo importante fue que participaron quienes en poco tiempo serán el “blanco” de las empresas tabacaleras o los que ya de plano los narcomenudistas tienen en la mira.

Ahora solo me limitaré a expresar algunos comentarios respecto al tabaquismo, adicción que no deja de preocupar y que sigue siendo un problema de salud pública. En principio diré que en nuestro país se han dado pasos importantes para frenar y limitar el consumo de cigarrillos. Es una realidad que los legisladores han tenido que cumplir su función de regular el consumo de tabaco; a lo mejor no tan convencidos, porque los medios masivos de comunicación han captado a algunos diputados y senadores, succionando con avidez el humo de su cigarro en el interior de los mismos recintos parlamentarios. Pero finalmente se han impuesto las mayorías para decidir que fumar no es posible en espacios cerrados y se ha dado a conocer a la ciudadanía el reglamento respectivo, que instrumenta lo que ha previsto  la ley. Es cierto que se han afectado los enormes intereses de la industria tabacalera, principalmente de las trasnacionales, que ven a México como ven a los países subdesarrollados, como una fuente importante de recursos económicos por su elevado porcentaje de población joven.

No hace mucho tiempo se fumaba en cualquier lugar cerrado, incluso en los establecimientos de salud; hoy se le proporciona un reconocimiento a las instituciones públicas, sociales y privadas que demuestran, previa verificación, que sus áreas están libres del humo del cigarro. Una investigación que se realizó al inicio del último cuarto del siglo XX en el Instituto Nacional de Enfermedades Respiratorias -que anteriormente fue el Hospital de Huipulco para enfermos tuberculosos-, demostró que un elevado porcentaje de los médicos de ese prestigiado Instituto fumaban como “chacuacos”; algo verdaderamente sorprendente y absurdo, sobre todo tratándose de un nosocomio dedicado al tratamiento especializado de las complicaciones de las enfermedades del tracto respiratorio, como es el caso del cáncer  pulmonar, cuya causa fundamental es el tabaquismo.

Vino el tiempo en que se permitía a los restaurantes disponer de un área para los fumadores; lo cual resultaba inútil porque el humo de los cigarrillos no conoce de fronteras, de tal manera que con facilidad llegaba a los comensales del área libre de tabaco, convirtiéndolos en fumadores pasivos. 
Recuerdo que cuando acudía por mis hijos, luego de que se divertían con sus amistades en los “antros”, salían de los mismos con las ropas impregnadas del humo de los cigarrillos. Inmediatamente me preguntaba cómo estarían sus pulmones de afectados.

Aún con todas las medidas adoptadas y a pesar de los anuncios preventivos en las cajetillas, sigue viva la adicción por el tabaco. Por donde quiera puede uno observar a personas que van con el cigarrillo en la mano, dejando tras de si sus estelas de humo. Di una conferencia en una prestigiada Universidad sobre este tema; me escucharon sus estudiantes, profesores y autoridades. Al otro día pasé  frente a la institución y fuera de la misma sus alumnos y alumnas fumaban como si nada. Lo peor es observar a un estudiante de medicina con un cigarro y más aún si se trata de un médico.

Mucho se ha logrado contra esta adicción, pero hace falta todavía más para convencer a los fumadores del grave daño que le causan a su salud, que en realidad es la forma más fácil de quemar su dinero y que son un mal ejemplo para la sociedad, pero sobre todo para los infantes y jóvenes.

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