¿Es el suicidio, el acto heroico del cobarde?

Las causas que orillan a las personas al suicidio son de distinta naturaleza. Todos los días los medios masivos de comunicación informan en el mundo sobre los cientos de defunciones  que finalmente son registradas con el código correspondiente, de acuerdo a la Clasificación Internacional de Enfermedades. En dicho rubro, el suicidio, no hay prácticamente excepciones en cuanto a género, edad, estado civil, nacionalidad, condición económica, religión, ideología política, etc. En todos los casos el objetivo común es terminar con la vida.

En ese sentido, se adopta semejante decisión por cualquiera de las siguientes causales, aún cuando no sea este exactamente el orden de ocurrencia: enfermedad, en etapa terminal o no; discapacidad en su más amplia acepción; por honor   o dignidad, cuando se ha perdido una batalla en un conflicto bélico; ante una decepción amorosa; al conocerse una infidelidad o al verse descubierto  en flagrancia en esta última; abandono conyugal y más aún cuando la pareja se va con los hijos; en situación de quiebra económica o bancarrota, personal o familiar, o por intervenir en la que ha sufrido una empresa; desempleo; deshonra, al ser víctima de ultraje o violación; soledad; pérdida de reputación como persona pública (escándalo sexual, comisión de delitos, etc.); para no purgar una sentencia en una prisión; carencia de ilusiones y deseos de vivir; decepción ante bajos resultados (por ejemplo calificaciones escolares); fallecimiento de un ser querido o de alguna figura pública (por ejemplo cuando fallece un actor o cantante de moda); durante o al término de una guerra; al sentirse perdido  durante la comisión de un delito; después de haber terminado con la vida de una o varias personas e incluso de los integrantes de la familia; ante una desgracia inminente (incendio de un edificio, inundación, hundimiento de una embarcación, etc.); posterior a una reprimenda por parte de uno o dos de los padres de familia; como resultado de una apuesta mortal o consecuencia de un desliz amoroso con o sin embarazo de por medio, etc., etc.

El suicidio como tal y no la ideación y el intento de suicidio que termina por no consumarse, tienen como medio para llevarse a cabo en forma predominante el ahorcamiento, pero los suicidas también recurren al uso de las armas, se cortan venas o arterias de alguna extremidad o del cuello, ingieren medicamentos o una gran variedad de sustancias tóxicas: thiner, cloro, ácido muriático, cianuro, insecticidas, etc., se arrojan al paso de un río, de un puente o paso a desnivel para que los arrolle además, el tráfico vehicular; también hacen esto último en alguna de las líneas del Metro o simplemente se dejan caer de un vehículo en movimiento; otros prefieren hundirse en el abdomen un arma blanca o se rocían gasolina y se incineran; los hay que se electrocutan en una bañera, o los que se asfixian con una bolsa de plástico en la cabeza o mediante el gas casero u otro tipo de gases; se precipitan al vacío desde lo alto de algún edificio o de una montaña. En fin, la lista pareciera interminable, el caso es morir.

Contrario a esta determinación fatal es el deseo de vivir de la mayoría de los seres humanos. Mientras una persona joven, en plenitud de todas sus potencialidades se suicida, en cambio infinidad de septuagenarios y octogenarios se aferran cada día a la ilusión de vivir por lo menos un año más. Son los grandes contrastes de la vida.

El suicidio es un grave y creciente problema de salud pública, muy complejo y con muchas aristas. En su manejo interviene un equipo multidisciplinario de especialistas de muy variadas profesiones, gracias a los cuales, cuando se consultan oportunamente son capaces de modificar la conducta de quienes tienen ideación suicida. Las medidas preventivas son muy variadas y puede conocerse en muchos de los casos la intención de quien se encuentra en medio de un caos; lamentablemente están muy poco difundidas y por eso la tendencia de defunciones por dicha causa va en aumento. Es necesario que se apliquen medidas de impacto para evitar, en lo posible, la pérdida de vidas, en gran medida valiosas para el estado y para el país.

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