Oncocercosis. Parte II


La Oncocercosis es una enfermedad de evolución lenta, crónica y no mortal, causada por una filaria denominada Onchocerca vólvulus, la cual es transmitida por una mosca del género Simullium, de la cual la subespecies más infectantes son S. ochraceum, S. metallicum y S. callidum; éstas, al picar al humano le inoculan la filaria, la que luego emigra por la piel y vasos linfáticos, causando manifestaciones cutáneas y oculares, con el riesgo de conducir a la ceguera irreversible.

Las personas afectadas por la Oncocercosis refieren, en la etapa aguda,  comezón leve, intermitente y continua, malestar general, dolor de cabeza, debilidad y dolores inespecíficos. El paciente puede cursar con aumento de la temperatura corporal. A la exploración física puede observarse salpullido, presencia de nódulos fibrosos en la cabeza, de consistencia firme y no dolorosos, y la llamada “erisipela de la costa” o “mal morado”, caracterizado por manchas obscuras o blancas en la piel, o ésta puede mostrar un color rojo y con cierto grado de inflamación, en la cara, cuello o pecho del paciente; crónicamente la piel puede perder su elasticidad, formándose numerosos pliegues, lo que le da el aspecto de “piel de elefante”; también puede existir inflamación de los ojos y en su caso disminución de la visión.

Actualmente la Oncocercosis está presente en 37 países: 30 en África, 1 en la Península Arábiga y 6 en las Américas. Según la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 120 millones de personas en el mundo radican en áreas donde este padecimiento es endémico, lo que quiere decir que están en riesgo de enfermar.  Se estima que 17.7 millones de personas están infectadas, de ellas 270 mil están ciegas y medio millón tienen problemas visuales. Por ello, la Oncocercosis es la segunda causan de ceguera en el mundo.

En las Américas subsisten 13 focos de la enfermedad, distribuidos en seis países de la región: Brasil, Colombia, Ecuador, Guatemala, México y Venezuela. Es un padecimiento propio de localidades de clima húmedo y cálido, con abundante precipitación pluvial y que se localizan a una altura que varía entre los 500 y 1,500 metros sobre el nivel del mar.

En Oaxaca existe en un territorio que comprende 98 localidades de 30 municipios en cinco distritos rentísticos de las regiones de los Valles Centrales, Sierra y Tuxtepec. Tales distritos son: Choapam, Cuicatlán, Ixtlán, Tuxtepec y Villa Alta. En el año 2008 la población en riesgo era de 45 mil habitantes, de las cuales 2041 se consideraban enfermas y un total de 42 mil, en números redondos, elegibles para recibir el tratamiento medicamentoso a base de Ivermectina (Mectizán).

En 1893 Leuckart identificó al parásito al analizar nódulos obtenidos de dos nativos de la antigua Costa de Oro, en el occidente de África. En los años 30´s del siglo pasado se reconocía que la infección afectaba las regiones central y occidental del continente africano. Aunque ya mencioné que se ha especulado sobre el origen autóctono de la enfermedad en las Américas, sin embargo parece indudable que llegó con los esclavos procedentes de las zonas afectadas del mencionado continente.

En 1915 fue descubierta en América por el médico guatemalteco Rodolfo Robles, (de ahí que se le llamara “Enfermedad de Robles”) quien describió al parásito, el cuadro clínico y señaló por primera  vez las lesiones oculares, además de considerar que las moscas del género Simullium eran seguramente las que actuaban como transmisoras al ser humano. En 1926 se identificaron estos insectos en nuestro país y luego sucedieron los hechos históricos mencionados en la primera parte de este artículo.

En 1948 los Dres. Luís Mazzotti y Hewiitt consagraron a la Dietilcarbamacina (Hetrazán) como el fármaco efectivo para el tratamiento de la Oncocercosis; como a los enfermos que la ingerían les provocaba una serie de manifestaciones clínicas a los pocos minutos, a dicho efecto se le llamó “Reacción de Mazzotti”, que pasó a servir como un recurso para confirmar el diagnóstico. Casi de inmediato inició la aplicación del medicamento en Oaxaca el Dr. Francisco Ruiz Reyes, implementándose su uso rutinario a partir de 1949, complementándose con la extirpación de los nódulos de la piel, actividad que ya de por sí ya se venía haciendo desde el inicio de la campaña.

Para 1965 la campaña contra la Oncocercosis se integró a los Servicios Coordinados de Salud Pública en el Estado, estableciéndose un programa de lucha contra los moscos simúlidos en las cuencas de los ríos Bobo y Tarabundí en el distrito de Ixtlán, dedetizándose los arroyos con larvicidas y se aplicaron nebulizaciones con gerasol. Como el uso de la Dietilcarbamacina causaba efectos indeseables la población no siempre acudía ante las brigadas para recibirla y tomarla, lo que trajo como consecuencia que la enfermedad permaneciera endémica.

Por ello, en 1989 se introdujo un nuevo medicamento, la Ivermectina, conocido comercialmente como Mectizán, el que ha sido donado desde entonces por los laboratorios Merck Sharp & Dohme. Estos han beneficiado durante 20 años a la población parasitada de los 37 países afectados. Se calcula que para este año llegará a 100 millones de tratamientos gratuitos, constituyéndose en el programa de donaciones médicas más longevo de la historia.

Los estudios epidemiológicos más recientes indican que se ha logrado interrumpir la enfermedad. El último caso conocido data de 1998. Debido a las elevadas coberturas de tratamiento, cercanas al 95% de la población elegible, el Programa para la Eliminación de la Oncocercosis en las Américas (OEPA) ha informado que en México, en especial el foco de Oaxaca, está en condiciones de iniciar el ejercicio de precertificación para la eliminación del que llegó a ser un gran problema de salud pública.

Los responsables de este extraordinario logro en la próxima y última parte.

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