Ébola, amenaza de este siglo
Para los microorganismos no existen fronteras, menos ahora que las distancias se han acortado de manera extraordinaria y los seres humanos viajamos de un lado a otro en tiempo récord, llevando consigo un sinfín de objetos, alimentos perecederos, animales domésticos, etc. Por eso, no es de extrañar que pequeños brotes epidémicos de una determinada enfermedad, de repente se extiendan de manera vertiginosa en un país, luego en todo un continente y ya convertidas en pandemias afecten a casi todo el planeta. Ejemplo de ello han sido el Cólera, el Sida y más recientemente la Influenza; eso quiere decir que no debemos desdeñar la posibilidad de que virosis como la del Ébola, actualmente marginada a la República Democrática del Congo, antes Zaire, Guinea, Uganda, Liberia y Sierra Leona, pudieran llegar a nuestro país, en el que por cierto se incrementa día con día el número de personas nativas de países del continente africano.
Recientemente, el Dr. Keiji Fukuda, Vicedirector General de la Organización Mundial de la Salud, declaró que la actual epidemia del Ébola en África occidental, es “una de las que mayores desafíos nos ha planteado”, y la propia OMS ha emitido una llamada de alerta ante la rápida expansión del brote, el que ya ha traspasado las fronteras de Guinea y causa verdadero pánico ante el avance del virus más letal de los últimos 40 años. Hasta el momento de escribir este artículo el número de enfermos a partir de febrero, supera los 160 y de ellos han fallecido más de 100.
El caso y fallecimiento de Mabalo Lokela, profesor de escuela residente en Yambuku, de la República Democrática del Congo, el cual se registró con fecha 26 de agosto de 1976, fue el primero de 280 muertos y 318 infectados. Posteriormente hubo brotes epidémicos en 1979, 1994 a 1996, 2000-2001, 2001-2003, en el mencionado país y en Uganda y Gabón. En todos ellos la tasa de letalidad osciló entre el 50 y el 90%; ello habla de la gravedad de este padecimiento.
El Ébola es una enfermedad causada por un virus, de la familia Filoviridae y tiene tres subtipos diferentes; se desconoce el reservorio a pesar de múltiples estudios que se han realizado en casi cuatro décadas. Los casos se han relacionado con el contacto de los seres humanos con diversos monos, como gorilas, chimpancés, simios, antílopes y puerco espines. Se ha detectado el virus en animales que se han hallado muertos en la selva y su modo de transmisión es por manipulación de monos infectados y de persona a persona mediante el contacto directo con la sangre, órganos, secreciones o semen de individuos afectados. El riesgo de adquirir la infección ocurre fundamentalmente en las etapas tardías de la enfermedad, que es cuando el paciente cursa con diarrea, vomita o sangra; también existe riesgo cuando las personas amortajan los cadáveres de las víctimas. No se han conocido casos de transmisión por el aire de persona a persona. Es importante señalar que se han reportado infecciones en hospitales de manera frecuente, al utilizarse jeringas y agujas contaminadas por el virus. También debo destacar que se ha registrado transmisión por el semen hasta siete semanas después de que el paciente se ha recuperado clínicamente.
La enfermedad se manifiesta en un inicio con la aparición súbita de fiebre, malestar general, dolores musculares y de cabeza, seguido de diarrea, vómito, faringitis y una erupción en la piel. Cuando se agrava el paciente, a la hemorragia se suma la insuficiencia renal, hay lesión del hígado, se afecta el sistema nervioso central y se instala un estado de choque terminal, con disfunción de múltiples órganos, todo lo cual conduce a la muerte.
El virus del Ébola tiene un periodo de incubación muy amplio, de dos a 21 días. Todas las personas, de cualquier edad son susceptibles. No se dispone de vacuna ni existe un tratamiento específico, pero es posible salvar la vida de quien acude a la brevedad para recibir atención médica. Una medida de prevención es evitar las relaciones sexuales hasta que haya la evidencia de que no existe el virus en el líquido seminal. Por el momento no debe ser motivo de preocupación en México, pero no hay que confiarnos.
Recientemente, el Dr. Keiji Fukuda, Vicedirector General de la Organización Mundial de la Salud, declaró que la actual epidemia del Ébola en África occidental, es “una de las que mayores desafíos nos ha planteado”, y la propia OMS ha emitido una llamada de alerta ante la rápida expansión del brote, el que ya ha traspasado las fronteras de Guinea y causa verdadero pánico ante el avance del virus más letal de los últimos 40 años. Hasta el momento de escribir este artículo el número de enfermos a partir de febrero, supera los 160 y de ellos han fallecido más de 100.
El caso y fallecimiento de Mabalo Lokela, profesor de escuela residente en Yambuku, de la República Democrática del Congo, el cual se registró con fecha 26 de agosto de 1976, fue el primero de 280 muertos y 318 infectados. Posteriormente hubo brotes epidémicos en 1979, 1994 a 1996, 2000-2001, 2001-2003, en el mencionado país y en Uganda y Gabón. En todos ellos la tasa de letalidad osciló entre el 50 y el 90%; ello habla de la gravedad de este padecimiento.
El Ébola es una enfermedad causada por un virus, de la familia Filoviridae y tiene tres subtipos diferentes; se desconoce el reservorio a pesar de múltiples estudios que se han realizado en casi cuatro décadas. Los casos se han relacionado con el contacto de los seres humanos con diversos monos, como gorilas, chimpancés, simios, antílopes y puerco espines. Se ha detectado el virus en animales que se han hallado muertos en la selva y su modo de transmisión es por manipulación de monos infectados y de persona a persona mediante el contacto directo con la sangre, órganos, secreciones o semen de individuos afectados. El riesgo de adquirir la infección ocurre fundamentalmente en las etapas tardías de la enfermedad, que es cuando el paciente cursa con diarrea, vomita o sangra; también existe riesgo cuando las personas amortajan los cadáveres de las víctimas. No se han conocido casos de transmisión por el aire de persona a persona. Es importante señalar que se han reportado infecciones en hospitales de manera frecuente, al utilizarse jeringas y agujas contaminadas por el virus. También debo destacar que se ha registrado transmisión por el semen hasta siete semanas después de que el paciente se ha recuperado clínicamente.
La enfermedad se manifiesta en un inicio con la aparición súbita de fiebre, malestar general, dolores musculares y de cabeza, seguido de diarrea, vómito, faringitis y una erupción en la piel. Cuando se agrava el paciente, a la hemorragia se suma la insuficiencia renal, hay lesión del hígado, se afecta el sistema nervioso central y se instala un estado de choque terminal, con disfunción de múltiples órganos, todo lo cual conduce a la muerte.
El virus del Ébola tiene un periodo de incubación muy amplio, de dos a 21 días. Todas las personas, de cualquier edad son susceptibles. No se dispone de vacuna ni existe un tratamiento específico, pero es posible salvar la vida de quien acude a la brevedad para recibir atención médica. Una medida de prevención es evitar las relaciones sexuales hasta que haya la evidencia de que no existe el virus en el líquido seminal. Por el momento no debe ser motivo de preocupación en México, pero no hay que confiarnos.
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