La bestia.

Con este título no me refiero al automóvil superblindado con el que se brinda la máxima protección al presidente de los Estados Unidos de Norteamérica, más bien al tren de carga que en el sureste mexicano traslada sobre su “lomo” a cientos de personas sin documentos migratorios, los que viajan con la esperanza vital de llegar a cruzar la frontera de México con su poderoso vecino del norte, con la ingenua idea de huir de la mísera existencia que llevan en su país de origen y con la firme convicción de que su futuro próximo tendrá un cambio radical, en un mundo en donde el pago por su trabajo en dólares les permitirán el disfrute de todo aquello que han anhelado, además de que podrán desprenderse de algún dinero para enviárselo a sus familias, que ilusionadas, los animan a realizar semejante aventura.

Los canales de las televisoras de nuestro país con frecuencia nos transmiten imágenes de ese medio de transporte en su trayecto por las localidades de los Estados sureños; nos proyectan reportajes que a veces ocupan un buen tiempo de los noticieros durante varios días, como aquel en donde un grupo de mujeres solidarias con los viajeros, las llamadas “Patronas de Amatlán de los Reyes”, le ofrecen su desinteresada ayuda al paso de la poderosa máquina y sus vagones.

Hemos visto escenas en las que el reportero y su camarógrafo acompañan en el viaje a los indocumentados a lo largo de todo el recorrido que sigue la famosa Bestia y en otras ocasiones únicamente lo han hecho en un tramo muy corto entre dos localidades importantes de una determinada entidad, encaramándose en el techo de los vagones, desde donde realizan su nota informativa. El caso es que el tema de la Bestia y de los indocumentados que cruzan nuestra frontera con Guatemala, ha sido abordado una y otra vez por todos los medios masivos de comunicación; no ha habido periódico local, sobre todo del sureste de México, en el que alguno de sus colaboradores no haya realizado un reportaje de fondo sobre este asunto.

De las notas informativas ha trascendido la violencia con la que son tratados los indocumentados, aun tratándose de mujeres y niños, agresiones que no pocas veces son fatales por las bandas de asesinos; se ha dicho que es otra expresión del crimen organizado. También se ha exhibido hasta la saciedad la maldita corrupción de las autoridades migratorias, de las distintas fuerzas del orden, tanto federales como estatales y municipales, las que, cuando no exigen el pago en efectivo por la “concesión” de permitir el paso, se lo cobran mediante el abuso sexual con o sin violencia; así mismo, la trata de personas, principalmente de mujeres, es una queja constante y una verdad vergonzosa que es hartamente conocida en los Estados por donde atraviesa la Bestia. ¿Hasta qué grado se ha contaminado el ambiente en que viven lugareños y migrantes en cuanto a la ingestión de bebidas alcohólicas y seguramente de las llamadas drogas ilícitas?

Sin que existan investigaciones serias que demuestren lo contrario, en todo ese medio las infecciones de transmisión sexual se han incrementado de manera importante, entre ellas el VIH causante del Sida. Por otra parte, es muy lastimoso que conozcamos noticias de individuos mutilados o masacrados por haberse caído del tren en pleno movimiento y que luego los sobrevivientes terminan viviendo una verdadera pesadilla al quedar con alguna discapacidad física severa; así mismo es conocido el hecho del incremento de diversos delitos atribuidos a los mismos migrantes. Entonces ¿Qué es lo que conviene hacer ante este grave problema de salud pública? Los Estados Unidos han tomado decisiones cada vez más drásticas en su frontera con nuestro país. No nos agrada el maltrato de que son objeto nuestros paisanos y no pocos de ellos logran burlar la estrecha vigilancia, aunque decenas mueren en el intento cada año, pero por puro sentido común es obvio que los norteamericanos están en su pleno derecho de cuidar la soberanía de su país, cueste lo que cueste. Con algunas variantes ese es el camino que debemos de seguir. Hay que blindar nuestra frontera sur, pero a la par cero tolerancia en materia de corrupción. No hay otro camino.

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