Usted, ¿Por qué fuma?
De una u otra forma esta pregunta ha sido el eje del cual han partido infinidad de investigaciones en todo el mundo, para escudriñar en los intríngulis del tabaquismo los muy variados factores que lo desencadenan o lo favorecen. Hoy se conmemora en todos los Estados miembros de la OMS el Día Mundial de no Fumar. Es, por lo menos, una oportunidad para recordar el enorme daño que causa esa adicción y la posibilidad de sensibilizar y crear conciencia, sobre todo en los jóvenes, de que inhalar el humo de los cigarrillos no es más que un suicidio lento, que terminará por arruinar su vida de la peor manera posible en no más de 20 años a partir del inicio del hábito.
Esta vez no es mi deseo de cubrir el artículo con toda la parafernalia de datos estadísticos acerca del tema, que los hay y muy actuales, producto de múltiples encuestas e investigaciones realizadas en nuestro país y en casi todas las naciones de los cinco continentes; porque el problema del tabaquismo es mundial y es, como ahora se cataloga a la Diabetes, una pandemia que afecta de manera significativa a la humanidad. Advierto que como salubrista toda mi vida profesional he sido un redomado optimista que ha creído solemnemente en que las acciones emprendidas con la sociedad organizada, terminarán por controlar y luego eliminar, las graves amenazas para la salud pública de países como el nuestro. Y una de ellas es el tabaquismo. Sin embargo, admito que por primera vez comienzo a ver con pesimismo que gobierno y sociedad estamos siendo rebasados en la supuesta lucha contra determinadas enfermedades, como sucede con el sobrepeso, la obesidad, la Diabetes y todas sus complicaciones. Tal es el caso también del tabaquismo, alcoholismo y la adicción a las drogas ilegales. En teoría o en el papel existen programas nacionales para la prevención, atención, control y rehabilitación de cada problema de salud como los mencionados, pero finalmente los resultados son desalentadores, el impacto no se palpa y lo peor, que si lo hubiera, la mayoría de la población no lo conoce o simplemente no le interesa.
Apenas al inicio de esta semana los noticieros dieron a conocer una amarga realidad, los niños están iniciándose en el consumo de cigarrillos antes de los 10 años de edad y fuman más las mujeres que los varones; es decir, ha bajado el promedio de edad para el inicio del tabaquismo. De nada han servido las advertencias que expresan que fumar es dañino para salud, que es causa de cáncer pulmonar y en otros órganos, de infarto cardiaco, de abortos o partos prematuros y de otros padecimientos. Lo inverosímil es que tales llamadas de alerta están plasmadas en las mismas cajetillas de cigarrillos, las que se acompañan de patéticas imágenes que muestran el daño que causa el inhalar el venenoso humo. ¿No es una contradicción que se ofrezca al consumidor un producto que claramente señala que es malo para la salud? Las empresas tabacaleras pueden argumentar que cumplen con la normatividad que genera el sector correspondiente, coordinado por la Secretaría del Ramo, pero finalmente resulta ser una perversidad, una burla y una cínica manera de ofertar un producto del cual se ha demostrado científicamente que es causa de daño a la salud y que su consumo prolongado puede llevar a la muerte. Desde que se establecieron barreras a la industria del tabaco es cierto que se han logrado avances importantes, nadie lo duda, una muestra de ello son los sitios públicos o cerrados a los que se les llega a certificar como libres de humos de tabaco: restaurantes, teatros, cines, centros de salud, hospitales, oficinas de gobierno, autobuses de pasajeros, aviones, etc.; el problema radica fuera de tales sitios, en las calles, en los parques, en áreas para fumadores y en los mismos hogares. Se atribuye a la contundente mercadotecnia de la industria tabacalera que lucha por mantenerse en el mercado y dirige su objetivo de venta a consumidores cada vez más jóvenes, sin escrúpulo alguno. El negocio es negocio. El Dr. Efraín Fernando Herrera Colmenares expresa que es necesario crear el posgrado en mercadotecnia en salud. Esa puede ser una herramienta del futuro para lograr el impacto deseable.
Esta vez no es mi deseo de cubrir el artículo con toda la parafernalia de datos estadísticos acerca del tema, que los hay y muy actuales, producto de múltiples encuestas e investigaciones realizadas en nuestro país y en casi todas las naciones de los cinco continentes; porque el problema del tabaquismo es mundial y es, como ahora se cataloga a la Diabetes, una pandemia que afecta de manera significativa a la humanidad. Advierto que como salubrista toda mi vida profesional he sido un redomado optimista que ha creído solemnemente en que las acciones emprendidas con la sociedad organizada, terminarán por controlar y luego eliminar, las graves amenazas para la salud pública de países como el nuestro. Y una de ellas es el tabaquismo. Sin embargo, admito que por primera vez comienzo a ver con pesimismo que gobierno y sociedad estamos siendo rebasados en la supuesta lucha contra determinadas enfermedades, como sucede con el sobrepeso, la obesidad, la Diabetes y todas sus complicaciones. Tal es el caso también del tabaquismo, alcoholismo y la adicción a las drogas ilegales. En teoría o en el papel existen programas nacionales para la prevención, atención, control y rehabilitación de cada problema de salud como los mencionados, pero finalmente los resultados son desalentadores, el impacto no se palpa y lo peor, que si lo hubiera, la mayoría de la población no lo conoce o simplemente no le interesa.
Apenas al inicio de esta semana los noticieros dieron a conocer una amarga realidad, los niños están iniciándose en el consumo de cigarrillos antes de los 10 años de edad y fuman más las mujeres que los varones; es decir, ha bajado el promedio de edad para el inicio del tabaquismo. De nada han servido las advertencias que expresan que fumar es dañino para salud, que es causa de cáncer pulmonar y en otros órganos, de infarto cardiaco, de abortos o partos prematuros y de otros padecimientos. Lo inverosímil es que tales llamadas de alerta están plasmadas en las mismas cajetillas de cigarrillos, las que se acompañan de patéticas imágenes que muestran el daño que causa el inhalar el venenoso humo. ¿No es una contradicción que se ofrezca al consumidor un producto que claramente señala que es malo para la salud? Las empresas tabacaleras pueden argumentar que cumplen con la normatividad que genera el sector correspondiente, coordinado por la Secretaría del Ramo, pero finalmente resulta ser una perversidad, una burla y una cínica manera de ofertar un producto del cual se ha demostrado científicamente que es causa de daño a la salud y que su consumo prolongado puede llevar a la muerte. Desde que se establecieron barreras a la industria del tabaco es cierto que se han logrado avances importantes, nadie lo duda, una muestra de ello son los sitios públicos o cerrados a los que se les llega a certificar como libres de humos de tabaco: restaurantes, teatros, cines, centros de salud, hospitales, oficinas de gobierno, autobuses de pasajeros, aviones, etc.; el problema radica fuera de tales sitios, en las calles, en los parques, en áreas para fumadores y en los mismos hogares. Se atribuye a la contundente mercadotecnia de la industria tabacalera que lucha por mantenerse en el mercado y dirige su objetivo de venta a consumidores cada vez más jóvenes, sin escrúpulo alguno. El negocio es negocio. El Dr. Efraín Fernando Herrera Colmenares expresa que es necesario crear el posgrado en mercadotecnia en salud. Esa puede ser una herramienta del futuro para lograr el impacto deseable.
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