Internado de Pregrado.

Existen aproximadamente 130 planteles escolares en todo el país donde se forman los futuros médicos; 88 están reconocidos por la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina (AMFEM) y no todos están acreditados por el Consejo Mexicano para la Acreditación de la Educación Médica (COMAEM). A manera de paréntesis las dos de Oaxaca sí lo están. Las 88 tuvieron que ser objeto de una visita de verificación y haber cubierto determinados criterios o estándares para poder ser aprobadas en sesión especial, con los mínimos exigibles, y bajo condición en el caso de haberse observado algún grado de incumplimiento. Las acreditadas por el COMAEM han recibido tal distinción una vez que han cumplido estrictamente con los múltiples requisitos que exige este último; no siempre se acredita a la primera vez y cuando se logra únicamente es por un periodo de cinco años, con lo que se obliga y estimula al plantel acreditado a mantener y en su caso fortalecer todos los campos o áreas sujetas de verificación, para que al término del periodo acreditado se logre ahora la re acreditación, que ampara otros cinco años y así sucesivamente.

A pregunta expresa al Dr. Víctor Manuel García Acosta, presidente de la AMFEM, a la fecha no se conoce con precisión la cifra exacta de escuelas de medicina que funcionan en México, pues los registros de las dependencias oficiales son variables o no están actualizados. Por lo menos el número de planteles reconocidos por la AMFEM y los acreditados por el COMAEM sí es exacto. Y si no se conoce bien el total y ubicación del resto, menos se sabe acerca del número de alumnos que están cursando la licenciatura, en un momento dado. De cualquier manera, aunque el número de Escuelas y Facultades de Medicina sea cinco veces superior al que había en 1973, año en el que se tenía el registro de 27 planteles en toda la República, de cualquier modo es de esperarse que en la mayoría de los actuales haya una tendencia a la disminución de su matrícula, pues el objetivo está dirigido a la calidad y excelencia de los educandos y no a la cantidad de los mismos. Se trata de formar médicos competentes en conocimientos y con sólidos valores, para brindar a la sociedad una digna atención. En ese sentido la Facultad de Medicina de la UNAM es un ejemplo, pues de los miles de aspirantes a primer ingreso únicamente seleccionan a 300.

Como sea, cada año concluye sus estudios una nueva generación de jóvenes, los que pasaron generalmente los tres primeros años de la carrera en las aulas de su plantel escolar y luego el cuarto y quinto llevaron la teoría y práctica en aulas de hospitales del sector público, los llamados campos clínicos; luego el siguiente año en cierta forma casi se “cortarán el cordón umbilical” que los liga con su escuela o facultad, pues pasaran a depender de las autoridades de algún hospital del sector salud y seguridad social, en donde les darán a conocer sus funciones y vigilarán su estricto cumplimiento, conocerán de obligaciones y compromisos pero también acerca de sus derechos y sanciones, normas técnicas y reglamentos; así mismo, atenderán toda clase de incidencias y les brindarán la atención médica que requieran, pero fundamentalmente continuará el proceso enseñanza-aprendizaje, donde se fortalecerán los conocimientos teóricos y se afinarán las habilidades y destrezas. Será este, el año de internado de pregrado, una etapa en la que los alumnos desarrollarán un esfuerzo al que no estaban acostumbrados durante los cinco años previos, porque tendrán que efectuar guardias nocturnas y al término de las mismas no retirarse a descansar, sino a dedicarse a continuar las arduas tareas de la jornada matutina hasta que concluya esta.

En síntesis, el internado de pregrado es un periodo de formación elemental para el futuro médico, pero lo trascendente es que no está solo, pues goza de la asesoría y tutoría de los médicos del hospital y de otros trabajadores.

La llamada “graduación”, que no lo es, al terminar el 5º. Año, es una especie de oasis antes de emprender el camino hacia el Internado, el que resulta una gratísima experiencia. Después vendrá el servicio social de un año y el examen profesional.

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