El profesor de Medicina, garante de calidad.

Desde que se tiene memoria, cada generación de nuevos médicos en nuestro país, se ha formado a la manera tradicional, en donde el centro del proceso enseñanza-aprendizaje ha sido predominantemente el profesor, al que se le ha otorgado la categoría de catedrático, distinción que por otra parte es precisamente una de las características de la etapa en la educación médica que contribuyó a un tipo de formación que hoy resulta obsoleta. El catedrático ha sido un personaje cuyo modo de enseñar es el del clásico expositor, al que difícilmente el alumno puede cuestionarle sus conocimientos, porque aquel es poseedor de la verdad, y el que por otra parte puede o no complementar sus intervenciones en clase con la proyección de imágenes mediante el uso de la actual tecnología; anteriormente, los catedráticos hicieron uso del gis y el pizarrón, figuras y esquemas en rotafolios, después emplearon acetatos y luego diseñaron diapositivas con proyectores de carrusel, pero para el caso resulta lo mismo, pues el catedrático casi siempre se ha ajustado al modelo que ahora está cayendo en desuso.

Recuerdo a mis maestros de la Facultad de Medicina de la UNAM y casi todos siguieron ese modelo, la diferencia entre ellos básicamente se reducía a su presentación, pues unos asistían con corbata, bata inmaculadamente blanca, mientras otros acudían impecablemente con su traje de casimir y los menos simplemente vestían con ropa sport; por supuesto, el tono de voz tuvo que ver mucho, así como el tipo de desplazamiento en el aula y la manera como se dirigían a los alumnos para interrogarlos o para pedirles que dieran el tema programado. Fue, por otra parte, una época de respeto a los profesores, puntualidad en ambas partes y de una férrea disciplina. Hago énfasis en que todos los alumnos tomábamos notas en hojas desprendibles, las que luego colocábamos en los arillos de un pequeño portafolio; los libros los dejábamos en casa y sólo llevábamos a la Facultad el que tuviera que ver con algún examen; ni imaginarse que algún día llegarían a utilizarse los aditamentos que se conectan con el internet y que los estudiantes de ahora cargarían una estorbosa mochila y en ella una laptop o su Tablet; mucho menos que estén todo el tiempo con un celular, iPod y audífonos hasta en plena clase. Estudiábamos en casa, en la biblioteca de la Universidad o donde se pudiera.

La memorización fue la catapulta para aprobar infinidad de exámenes, pero lo que nos salvó de navegar en el vacío del aprendizaje fueron las horas de práctica en el anfiteatro y también los excelentes laboratorios de la Facultad. El haber sido asignados a diversos hospitales públicos y privados del Distrito Federal, fue una extraordinaria experiencia que fortaleció nuestros conocimientos, pero nunca llegó a ser una verdadera práctica con la planificación que se requiere. En general, casi no hubo lugar para el razonamiento, el juicio crítico y reflexivo, el análisis y síntesis de casos clínicos y el modelo educativo no era para nada colaborativo, sino individual. Los alumnos del quinto año de la carrera tuvimos que buscar acomodo en algún hospital público o privado de motu propio, para el desarrollo de habilidades y destrezas.

Grandes figuras de la medicina de México y de otros países, y excelentes médicos de toda la República se formaron a la manera tradicional; hubo otras razones para que después brillaran, pero hoy la tendencia es el cambio de paradigma, en donde el alumno es el centro del proceso enseñanza-aprendizaje. Se requiere el cambio de modelo del catedrático al profesor, pues éste se interesa por el aprendizaje de sus alumnos, utiliza técnicas didácticas novedosas y se ajusta al moderno concepto de la evaluación; para ello son los cursos de formación docente. Quien desee ser profesor debe asumir el compromiso de aprender a serlo, de otra manera no es útil para el nuevo modelo educativo de la medicina que ya se genera en todo el país. De ahí la trascendencia del IV Congreso Internacional de Educación Médica celebrado esta semana en Puerto Vallarta, Jalisco y que fue organizado por la Asociación Mexicana de Facultades y Escuelas de Medicina.

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