Situaciones de tránsito que requieren atención expedita.
En una ciudad como la nuestra, cada vez más complicada por efectos de la sobrepoblación y el incremento concomitante de vehículos de motor, existen sitios bastante conocidos por los conductores de estos últimos, en los que cruzar de un carril a otro por parte de los transeúntes o peatones resulta un verdadero peligro, pérdida de tiempo, estrés, irritación, impotencia y una lógica molestia, sobre todo cuando las personas son de la tercera edad, son niños que van o retornan de la escuela, o mujeres que conducen una carriola con un infante, están embarazadas y a veces hasta van acompañadas de uno o más hijos de corta edad, o quienes tienen alguna discapacidad, sea que se trasladen en silla de ruedas o con el apoyo de muletas; y aunque no se cumplan ninguna de las situaciones anteriores, cualquiera que intenta pasar esas vías de intenso movimiento vehicular se expone demasiado a sufrir un accidente, en el intento diario de continuar su rutinario recorrido a donde quiera que se dirija.
Cualquiera que lea estas líneas y conduzca un vehículo sabe perfectamente a qué me refiero, y estoy seguro que identifican con precisión cuáles son esos sitios en los que cruzar resulta una seria amenaza para la vida. Por lo pronto por la “ruta” que generalmente yo sigo existen los siguientes sitios peligrosos para el peatón: 1. Frente a la Clínica de Medicina Familiar del ISSSTE que se localiza en el Boulevard Eduardo Vasconcelos; 2. En la glorieta donde se encuentra la estatua del Gral. Lázaro Cárdenas y una libélula gigante de metal de gran tamaño y de color rojo y 3. Frente a la tienda de “El Piticó en el Periférico. Esos son unos cuantos ejemplos, pero hay más en nuestra ciudad y municipios conurbados. En resumen, es imprescindible que las autoridades de tránsito local establezcan las medidas que permitan subsanar de manera permanente estos graves problemas viales. Debe asumirse que nuestro foco y centro de atención, nuestra prioridad, es el peatón. Por ningún motivo se justifica que las personas sean víctimas de ser atropelladas y menos que el efecto brutal sea la muerte de ellas. Apelo a la inteligencia de quien tiene en sus manos la decisión de adoptar medidas preventivas y en consecuencia intervenga en este asunto a la brevedad; es cierto, es su obligación como servidor público, pero las acciones que se implementen por indicaciones suyas son de las que merecen el reconocimiento de la sociedad hacia el gobierno municipal.
Otro asunto de la mayor relevancia es el que se refiere a la circulación de motocicletas. Hemos observado algunos operativos en donde se detiene finalmente a los infractores y presumimos que son recogidos sus vehículos mientras aquellos cumplen con la sanción administrativa, pero da la impresión de que son acciones aisladas, nada contundentes y por lo mismo la ciudadanía no observa el impacto esperado, porque todos los días circulan cientos de conductores sin el casco que les proteja la cabeza, infinidad de ellos van acompañados por otra persona, generalmente del sexo femenino, pero uno de los dos no cumple con el requisito obligatorio de protegerse con dicho aditamento. Más grave aún resulta cuando transita en tan frágil artefacto toda una familia o más de dos personas, y todos ellos sin protección alguna. Es lo que he llamado “conductores homicidas en potencia”, es decir, individuos que no tienen una cultura de respeto a la vida de sus seres queridos o de sus acompañantes, exponiéndolos de manera irresponsable a sufrir un accidente que no pocas veces resulta ser mortal. Como casi siempre traigo a la mano una cámara fotográfica de bolsillo, ya tengo una buena colección de imágenes que son una evidencia fiel de que semejante aberración del comportamiento humano es cierta.
En este caso también he observado que los agentes de tránsito no hacen absolutamente nada cuando enfrente de ellos se frenan los motociclistas en las circunstancias antes señaladas. En resumen, es un imperativo el que se asuma con responsabilidad la solución de este otro problema, para proteger la vida de nuestros conciudadanos y se fomente una permanente cultura vial.
Cualquiera que lea estas líneas y conduzca un vehículo sabe perfectamente a qué me refiero, y estoy seguro que identifican con precisión cuáles son esos sitios en los que cruzar resulta una seria amenaza para la vida. Por lo pronto por la “ruta” que generalmente yo sigo existen los siguientes sitios peligrosos para el peatón: 1. Frente a la Clínica de Medicina Familiar del ISSSTE que se localiza en el Boulevard Eduardo Vasconcelos; 2. En la glorieta donde se encuentra la estatua del Gral. Lázaro Cárdenas y una libélula gigante de metal de gran tamaño y de color rojo y 3. Frente a la tienda de “El Piticó en el Periférico. Esos son unos cuantos ejemplos, pero hay más en nuestra ciudad y municipios conurbados. En resumen, es imprescindible que las autoridades de tránsito local establezcan las medidas que permitan subsanar de manera permanente estos graves problemas viales. Debe asumirse que nuestro foco y centro de atención, nuestra prioridad, es el peatón. Por ningún motivo se justifica que las personas sean víctimas de ser atropelladas y menos que el efecto brutal sea la muerte de ellas. Apelo a la inteligencia de quien tiene en sus manos la decisión de adoptar medidas preventivas y en consecuencia intervenga en este asunto a la brevedad; es cierto, es su obligación como servidor público, pero las acciones que se implementen por indicaciones suyas son de las que merecen el reconocimiento de la sociedad hacia el gobierno municipal.
Otro asunto de la mayor relevancia es el que se refiere a la circulación de motocicletas. Hemos observado algunos operativos en donde se detiene finalmente a los infractores y presumimos que son recogidos sus vehículos mientras aquellos cumplen con la sanción administrativa, pero da la impresión de que son acciones aisladas, nada contundentes y por lo mismo la ciudadanía no observa el impacto esperado, porque todos los días circulan cientos de conductores sin el casco que les proteja la cabeza, infinidad de ellos van acompañados por otra persona, generalmente del sexo femenino, pero uno de los dos no cumple con el requisito obligatorio de protegerse con dicho aditamento. Más grave aún resulta cuando transita en tan frágil artefacto toda una familia o más de dos personas, y todos ellos sin protección alguna. Es lo que he llamado “conductores homicidas en potencia”, es decir, individuos que no tienen una cultura de respeto a la vida de sus seres queridos o de sus acompañantes, exponiéndolos de manera irresponsable a sufrir un accidente que no pocas veces resulta ser mortal. Como casi siempre traigo a la mano una cámara fotográfica de bolsillo, ya tengo una buena colección de imágenes que son una evidencia fiel de que semejante aberración del comportamiento humano es cierta.
En este caso también he observado que los agentes de tránsito no hacen absolutamente nada cuando enfrente de ellos se frenan los motociclistas en las circunstancias antes señaladas. En resumen, es un imperativo el que se asuma con responsabilidad la solución de este otro problema, para proteger la vida de nuestros conciudadanos y se fomente una permanente cultura vial.
No hay comentarios.: