Desnutrición y obesidad, una realidad en Oaxaca.

En varios sitios del llamado centro histórico de la capital del Estado pueden observarse cotidianamente escenas que nos muestran hasta dónde puede llegar la degradación de los seres humanos en lo que se refiere a su estatus socio económico; y en ello está implícito su nivel de salud. Porque, dígame Usted si no tengo razón cuando se encuentran sentados en la banqueta de una calle de García Vigil, casi esquina con Independencia, una pareja, hombre y mujer, jóvenes los dos, y tres o cuatro infantes menores de edad que bien pueden ser sus hijos, en una situación de pobreza extrema, sucios, malolientes, mal vestidos y que al paso de los transeúntes levantan la mano o muestran una jícara para solicitar una caridad. Y esta imagen inequívoca de inequidad y desigualdad social se repite en calles aledañas con otras parejas o mujeres solas, rodeadas de criaturas y a veces amamantando a otra en condiciones de terrible miseria.

He escuchado comentarios al respecto, en el sentido de que detrás de estas familias existe una verdadera mafia que vive a costas de la explotación de aquellas. Yo no sé qué tanto hay de cierto en semejante aseveración, ni me concierne investigarlo, lo que sí puedo afirmar es que no se necesita ser un profesional de la salud para deducir que tales personas, adultos y niños, se encuentran en situación de hambre crónica y por consiguiente de desnutrición. No es un asunto particular de la Ciudad de Oaxaca ni del Estado, lo es de casi todo el país; en algunas entidades en mayor grado como las del sureste y algunas del centro, pero creo que ninguna se salva, pues en todas hay un determinado nivel de pobreza.

Pero este ingente problema de salud pública no solamente es palpable en personas y familias que viven de la caridad, también lo padecen aquellas que subsisten con los pocos recursos que llegan a obtener en intensas jornadas de trabajo informal; ahí están quienes van y vienen con un sinfín de artículos en los cruceros de la ciudad, dando la impresión de que terminan sumamente agotados de tanto caminar y por los efectos de los rayos solares y la deshidratación; o como lo reseñé en otro artículo de fecha reciente, los que se dedican a limpiar parabrisas, los que realizan acciones de entretenimiento como es el caso de los payasitos del crucero de lo que fue la Volkswagen. ¿Cuánto pueden obtener del poco capital que manejan? Es posible que algunas de las personas que sobreviven a base de este tipo de actividades se vean aparentemente sanas, pero la mayoría, seguro estoy, por lo menos sufre de anemia y desnutrición. ¿Dónde viven y cómo viven? La respuesta es de simple sentido común.

Ahora bien, Usted y yo hemos observado a nuestros coterráneos de las distintas regiones del Estado y salvo las naturales excepciones, un porcentaje significativo de individuos, niños, jóvenes y viejos, nos ofrecen un panorama de franco subdesarrollo, bien que lo veamos en sus propias localidades o cuando visitan la capital por diferentes motivos; uno de ellos muy frecuente son las constantes marchas a las que acuden en condición de “acarreados” y en donde es patético observar el tipo de alimentación que les ofrecen o que ellos mismos se preparan. ¡Qué lejos estamos de que nuestros paisanos lleven una dieta basada en el denominado Plato del Bien Comer!, según la Norma Oficial Mexicana NOM-043-SSA2-2005, el cual se caracteriza por ser completa, equilibrada, inocua, suficiente y variada y cuyo bello esquema incorpora a las verduras y frutas, los cereales y tubérculos y a las leguminosas y alimentos de origen animal, y, por supuesto que el conjunto integrado de los nutrimentos contenga las cantidades apropiadas de grasas o lípidos, carbohidratos, proteínas, vitaminas y minerales. ¿No cree Usted que esto es una pura ilusión? Por otra parte, tenemos lo contrastante, la epidemia de sobrepeso y la obesidad, problema insoslayable de salud pública también, con todas sus consecuencias. He ahí el gran dilema. ¿Son irresolubles las dos situaciones planteadas? La respuesta es un no categórico. ¿Qué se debe hacer? Trabajar y trabajar, gobierno y sociedad organizada, siempre y cuando vivamos en paz.

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