Los altibajos de México.

La población civil de México ha sido víctima en los últimos 30 años de terribles tragedias, en las que han perdido la vida miles de connacionales, otro tanto de ellos ha resultado heridos de gravedad, han quedado mutilados, con algún grado de discapacidad física, mental o ambas, o terminaron por engrosar las infaltables listas de desaparecidos. En su momento, cada evento cimbró y conmovió la vida nacional, fue noticia de ocho columnas y de interminables reportajes en radio y televisión incluso por varios días, hasta que el público comenzó a perder interés para continuar con su habitual forma de vivir. Entran en este tema los graves desastres naturales y los desastres provocados por la acción de los seres humanos, pero también deben contemplarse aquellos hechos que son producto de la maldad y la perversión de estos últimos, aquellos que nos muestran el grado de deterioro de una sociedad, que a base de corrupción, de impunidad, de pérdida de los más caros valores, se ha degradado y ha caído hasta el fango, donde se generan y reproducen las más grandes vilezas, las que se nutren a base de la sangre de los inocentes y así poder demostrar su poderío e incrementar el imperio de mal.

Respecto de los desastres sobresalen la explosión de la planta de almacenamiento y distribución de Petróleos Mexicanos en San Juan Ixhuatepec en el Estado de México en 1984. El más devastador terremoto que haya sacudido al país y muy especialmente a la Ciudad de México, ocurrido el 19 de septiembre de 1985. Las explosiones de petróleo en el sistema de alcantarillado de la Ciudad de Guadalajara, el 22 de abril de 1992. La explosión de la mina de Pasta de Conchos, en el Estado de Coahuila, que cobró 65 víctimas el 19 de febrero del 2006. La muerte de jóvenes de la discoteca bar New´s Divine, ubicada en la Delegación Madero en el Distrito Federal y la espantosa tragedia de la Guardería ABC de la Ciudad de Hermosillo, Estado de Sonora, el 05 de junio del 2009, en donde fallecieron 49 niños menores de cinco años.

De los hechos, producto de la maldad de los seres humanos, en donde el denominador común ha sido la intervención de las fuerzas del orden, policías o el mismo ejército, recordamos la masacre de Aguas Blancas en el municipio de Coyuca de Benítez, Estado de Guerrero, aquel 28 de junio de 1995, donde fueron acribillados 17 campesinos y otros 21 resultaron con diversas lesiones. El hecho se acreditó a un ex Gobernador. Dos años después, el 22 de diciembre de 1997, 45 indígenas Tzotziles de la organización “Las Abejas”, fueron ultimados a tiros en una noche de terror en la localidad de Acteal, municipio de Chenalhó, Chiapas. Se dijo entonces que fue un grupo paramilitar el que mató a los inocentes.

Más recientemente, entre el 22 y el 23 de agosto del 2010 fueron ejecutados 72 migrantes de Centro y Sudamérica, en el ejido El Huizachal, municipio de San Fernando, Estado de Tamaulipas. El monstruoso crimen se atribuyó al cartel de los Zetas. En el 2014, se ha registrado el asesinato de 22 jóvenes en la comunidad de San Pedro Limón, Municipio de Tatlaya, Estado de México. El ejército mexicano ha sido involucrado en estos hechos.

Finalmente, tenemos el horrendo caso de Ayotzinapa, con varios jóvenes asesinados y 43 más desaparecidos hasta la fecha. Es este acontecimiento, por su génesis, el que ha causado la mayor conmoción nacional en las últimas décadas. Hemos llegado, como país, a pisar casi el fondo del fango. ¡Ya basta! El pueblo está harto y cansado de tanto vituperio, de tanta simulación, de tanta improvisación, de tanta corrupción e impunidad; de ahí las enormes marchas que hemos observado en los medios masivos de comunicación en todo el país; de ahí los justos reclamos de la gente dolida. No son justificables de ninguna manera los actos de irresponsables, de mal nacidos y engendros del mal, que, embozados y cobardes, atacan comercios, destruyen toda clase de bienes, hurtan y pintarrajean todo a su paso, aprovechándose de la ocasión. No son válidos los actos de franco vandalismo, ni de rapiña por personas carentes de valores. Pero sí debe ser la hora de las grandes decisiones políticas y sociales para poner orden y paz en México.

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