Una pareja excepcional/ PRIMERA DE DOS PARTES.

El Dr. Guillermo Soberón Acevedo, quien había sido Rector de la UNAM de 1973 a 1981, pasó a ocupar un nuevo cargo en la administración pública federal como Coordinador de los Servicios de Salud de la Presidencia, mismo que desempeñó con pasión y eficiencia hasta el 30 de noviembre de 1982, cuando fue nombrado Secretario de Salubridad y Asistencia <luego cambiaría de nombre a Secretaría de Salud durante su gestión>, por el presidente Miguel de la Madrid Hurtado, quien tomó posesión el 1º. de diciembre de ese año. Ese periodo, el de 1981-1982, le permitió al Dr. Soberón organizar un extraordinario equipo de trabajo, pues incluyó a los médicos que en ese momento gozaban de reconocimiento y prestigio en nuestro país y a nivel internacional, en las áreas asistencial, salud pública, enseñanza e investigación; la mayoría de ellos tenían un amplísimo curriculum y una basta experiencia de acuerdo a su perfil, además de haber ocupado elevados cargos en las instituciones del sector público de la salud. Eran, como lo expresó en aquel tiempo el Dr. Raúl Carrillo Silva, los “santones de la medicina de nuestro país”.

Pues con tales “santones” se reunía el Dr. Soberón en las oficinas de la Coordinación a su cargo, ubicadas al sur del Distrito Federal. A una de esas reuniones fue invitado el propio Dr. Carrillo para presentar un proyecto de unificación de los servicios de salud a población abierta, que brindaban por separado la Secretaría del ramo y el IMSS/COPLAMAR. Siendo Jefe de los Servicios Coordinados de Salud Pública en nuestro Estado, el Dr. Carrillo, oriundo de La Paz, Baja California Sur, meses atrás me había solicitado que coordinara la elaboración del mencionado proyecto, para lo cual logró que el Director del ITAO nos autorizara un espacio en sus instalaciones de la Ex Hda. de Nazareno, lo que permitió que tuviéramos privacidad el equipo que fue conformado por los Dres. José Francisco Desentis Linares, Alfredo Ortega Navarro, José Manuel Ortiz Salvador, ya fallecidos, los Dres. Miguel Ángel Nakamura López y José Cruz Martínez, todavía en funciones, además de un pull de varias secretarias. Por esa razón acompañé al Dr. Carrillo Silva como un estímulo a mi persona y para apoyarlo en su presentación, la cual fue todo un éxito, lo que le valió para que el Dr. Soberón, ya siendo secretario federal lo nombrara Director General de Servicios Coordinados de Salud Pública en Estados y Territorios.

Pues bien, el día de la presentación, que fue a las 17:00 horas, acudimos a una comida que muy gentilmente nos ofreció en la comodidad de su casa una pareja excepcional, el Dr. José Laguna García y su distinguida esposa la Dra. Julieta Calderón Gené de Laguna. Fue una agradable sorpresa el menú que degustamos, pues la Dra. Calderón le solicitó a su cocinera, que era de Oaxaca, que preparara platillos del Estado para esa ocasión especial. Luego del postré y café nos levantamos para acudir a nuestra cita con el destino, acompañándonos el Dr. Laguna quien era asesor del Dr. Soberón. En ese entonces no dimensioné el tamaño de nuestros magníficos anfitriones, los que por esas fechas apenas habían rebasado los 60 años de edad. Ahora que he revisado la biografía, que en su memoria se presentó en sendos actos de homenaje <la Dra. Calderón falleció el 03 de febrero del 2001 y el Dr. Laguna el 27 de julio del 2011>, he comprendido que tuve el privilegio de conocer y compartir el pan y la sal con dos gigantes de la medicina de México, los que a su vez fueron personas de una gran calidad humana.

De ellos aportaré mayor información en el siguiente artículo; por ahora sólo me limitaré a adelantarles que el Dr. Laguna García llegó a constituirse en un experto en Bioquímica y que su libro es todavía un texto de lectura obligada en infinidad de escuelas y facultades de medicina de México y de otros países de Latinoamérica. En el caso de su apreciable esposa, la Dra. Calderón Gené, nada menos fue quien introdujo y difundió en nuestro país la famosa técnica de citología exfoliativa por el método de Papanicolaou, para la prevención del cáncer de cérvix uterino, con cuyo creador llegó a trabajar en un prestigiado hospital de Nueva York.

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