Salud del alma
El día 19 de este mes y año acudí por la tarde a la Biblioteca “Andrés Henestrosa”, en atención a la invitación que recibí del Lic. Adelfo Regino Montes, Secretario de Asuntos Indígenas del gobierno del Estado, para estar presente en la premier del documental de medicina tradicional “Salud del Alma”, en el marco de la conmemoración del Día Internacional de la Lengua Materna. Antes de la proyección del filme la concurrencia presenció un ritual protagonizado por varios médicos tradicionales; con respeto, los asistentes realizaron cada uno de los movimientos hacia los cuatro puntos cardinales, efectuados por quien se dirigía en su lengua materna a los cuatro elementos: tierra, aire, agua y fuego. El sonido de un caracol antecedió a cada movimiento, mientras que el humo y el olor a copal y a ciertas plantas silvestres tornaron al recinto en un espacio místico. Cuando observé las imágenes del documental vinieron a mi mente, como si se tratara de una película, las que se me quedaron grabadas las veces que visité Huautla de Jiménez, no menos de 20, pero particularmente la segunda, cuando conocí a María Sabina, la mundialmente famosa sacerdotisa de los hongos alucinógenos. Esa ocasión sucedió en el mes de marzo de 1974, cuando supervisé la 2ª. Fase de la Campaña Nacional de Vacunación en las regiones mazateca y de la cañada. Doña María Sabina tendría entonces alrededor de 80 años y yo 26.
A pesar de estar cerca del inicio de la primavera, todavía hacía mucho frío en Huautla de Jiménez, cubriéndose la localidad de una densa neblina. Una tarde que regresé a la misma luego de visitar las comunidades aledañas por más de 10 horas, en la orilla de la población observé una figura diminuta que subía caminando por un sendero de la montaña y se dirigía a Huautla. Venía a paso lento, pero erguida, sin bastón, vestida con su huipil y por curiosidad le pregunté a un vecino si así era María Sabina; su contestación me dejó pasmado, pues era ella; no podía creer que tuviera tanta suerte de toparme con alguien cuya fama ya traspasaba las fronteras de nuestro país. La esperé pacientemente y como no hablaba español le pedí a una persona que por ahí pasaba que me apoyara con la traducción. El caso es que logré que se tomara una fotografía conmigo, pero para ello María Sabina me solicitó que su hija le cambiara el huipil en su casa, porque estaba muy sucio. Pagué $100.00 pesos por la foto, la entrevista y la visita a la casita prefabricada que le había obsequiado la fábrica de papel FAPATUX y que de hecho le servía para realizar sus sesiones nocturnas de oración y curación. Ahí observé un pequeño altar con imágenes del culto católico como el Santo Niño de Atocha y de la Virgen de Guadalupe. Todas las fotografías que tomé aún las conservo.
De regreso al documental, debo decir que me agradó su montaje y su fotografía, la incorporación de escenas de los usos y costumbres de los pueblos mazatecas y de aquellos que tienen que ver con la recolección y uso de las plantas que consideran como curadoras de tal o cual enfermedad, así como las prácticas que en cierta forma son comunes en los curanderos, hueseros y sobadores en México. Por supuesto la llamada “limpia” y el uso del huevo no faltaron. Mantengo la firme idea de que en general es una medicina noble e inocua, es decir, que no le hace un mal a nadie y que tiene mucho de subjetiva, obrando de manera poderosa en las personas que acuden a ella con la fe y la esperanza de la sanación. La curación de las personas, niños y adultos, en gran medida se debe a los efectos psicológicos de la medicina tradicional. Más que al cuerpo está dirigida al alma, de ahí el nombre del documental. La transmisión del conocimiento es de una generación a otra, de tal manera que no es raro encontrar en los pueblos a niños que ya tienen algunos saberes en esta materia.
Entre este tipo de medicina y la que reciben los futuros médicos en las Escuelas y Facultades de las universidades del mundo no existe punto de comparación, menos aún con los avanzados conocimientos de la ciencia y la tecnología médica. Sin embargo, mientras que las personas se sientan bien e incluso digan que sanaron con la medicina tradicional, no tengo en particular nada que objetar.
A pesar de estar cerca del inicio de la primavera, todavía hacía mucho frío en Huautla de Jiménez, cubriéndose la localidad de una densa neblina. Una tarde que regresé a la misma luego de visitar las comunidades aledañas por más de 10 horas, en la orilla de la población observé una figura diminuta que subía caminando por un sendero de la montaña y se dirigía a Huautla. Venía a paso lento, pero erguida, sin bastón, vestida con su huipil y por curiosidad le pregunté a un vecino si así era María Sabina; su contestación me dejó pasmado, pues era ella; no podía creer que tuviera tanta suerte de toparme con alguien cuya fama ya traspasaba las fronteras de nuestro país. La esperé pacientemente y como no hablaba español le pedí a una persona que por ahí pasaba que me apoyara con la traducción. El caso es que logré que se tomara una fotografía conmigo, pero para ello María Sabina me solicitó que su hija le cambiara el huipil en su casa, porque estaba muy sucio. Pagué $100.00 pesos por la foto, la entrevista y la visita a la casita prefabricada que le había obsequiado la fábrica de papel FAPATUX y que de hecho le servía para realizar sus sesiones nocturnas de oración y curación. Ahí observé un pequeño altar con imágenes del culto católico como el Santo Niño de Atocha y de la Virgen de Guadalupe. Todas las fotografías que tomé aún las conservo.
De regreso al documental, debo decir que me agradó su montaje y su fotografía, la incorporación de escenas de los usos y costumbres de los pueblos mazatecas y de aquellos que tienen que ver con la recolección y uso de las plantas que consideran como curadoras de tal o cual enfermedad, así como las prácticas que en cierta forma son comunes en los curanderos, hueseros y sobadores en México. Por supuesto la llamada “limpia” y el uso del huevo no faltaron. Mantengo la firme idea de que en general es una medicina noble e inocua, es decir, que no le hace un mal a nadie y que tiene mucho de subjetiva, obrando de manera poderosa en las personas que acuden a ella con la fe y la esperanza de la sanación. La curación de las personas, niños y adultos, en gran medida se debe a los efectos psicológicos de la medicina tradicional. Más que al cuerpo está dirigida al alma, de ahí el nombre del documental. La transmisión del conocimiento es de una generación a otra, de tal manera que no es raro encontrar en los pueblos a niños que ya tienen algunos saberes en esta materia.
Entre este tipo de medicina y la que reciben los futuros médicos en las Escuelas y Facultades de las universidades del mundo no existe punto de comparación, menos aún con los avanzados conocimientos de la ciencia y la tecnología médica. Sin embargo, mientras que las personas se sientan bien e incluso digan que sanaron con la medicina tradicional, no tengo en particular nada que objetar.
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