50o Aniversario del Hospital General “Dr. Aurelio Valdivieso”

El antiguo Hospital General, al que en 1941 se le dio oficialmente el nombre del ilustre médico oaxaqueño, el Dr. Aurelio Valdivieso Silva, se fundó el 19 de agosto de 1858, siendo Gobernador del Estado el Lic. Don Benito Pablo Juárez García. A pesar de las múltiples remodelaciones y ampliaciones de que había sido objeto a lo largo de una centuria, jamás se logró el objetivo para el que fue creado, antes, al contrario, la fisonomía y el diseño arquitectónico del viejo inmueble se perdió en su totalidad, al grado de llegar a cuestionarse si ese adefesio podría llamarse hospital. El surgimiento de las instituciones de seguridad social en nuestra capital al inicio de los años 60´s, con un enfoque modernizador de la atención médica en beneficio de sus derechohabientes, contrastaba con el tipo de servicio que recibía la población no asegurada, la más endeble social y económicamente, proveniente de las localidades rurales y de los conglomerados humanos más empobrecidos de las áreas suburbanas y urbanas, principalmente de los Valles Centrales.

En ese tiempo, el Hospital General antes aludido, disponía de tan sólo seis pesos cada día por paciente para proporcionarle los tres alimentos, medicamentos, material de curación, ropa, tratamiento quirúrgico y los servicios complementarios de apoyo al diagnóstico y tratamiento <laboratorio de análisis clínicos y rayos X>. Esa injusta e inequitativa situación motivó al Dr. José Morales Paz, en funciones de director del nosocomio y al Dr. Alberto Castellanos Sánchez, titular de los Servicios de Salud en el Estado a solicitarle al licenciado Adolfo López Mateos, presidente de la República, y al Dr. José Álvarez Amézquita, Secretario de Salubridad y Asistencia del país, la construcción de un Hospital digno, moderno y eficiente, con capacidad para 200 pacientes encamados. Ello ocurrió el 18 de julio de 1961. No fue sino hasta el 27 de febrero de 1963 y por gestiones del licenciado Rodolfo Brena Torres, Gobernador del Estado, que se dio a conocer a la opinión pública la construcción del anhelado hospital, con un presupuesto de 17 millones de pesos.

La obra se edificó en colindancia con los terrenos de la ex Hacienda de Aguilera. Dos años después, el presidente Adolfo López Mateos inauguró el nuevo Hospital General con cuatro niveles, capacidad de 104 camas censables y con el mobiliario, equipamiento y tecnología más avanzada en ese tiempo. Pasaron más de 10 años para que se integrara al Hospital General el llamado Hospital Pediátrico, de 70 camas, construido en terrenos de aquel y que había sido puesto en operación el 16 de junio de 1975. Hubo un tiempo que operó con un total de 196 camas censables y luego se adecuó a 180.

El pasado cinco de mayo se cumplió el 50 aniversario del que también se conoce popularmente como Hospital Civil. Muchas historias de vida se han escrito a lo largo de ese tiempo. En sus instalaciones han ocurrido miles de nacimientos de niñas y niños oaxaqueños e individuos de todas las edades han recuperado la salud y la tasa de mortalidad se ha mantenido baja de acuerdo a los indicadores nacionales. Es importante resaltar que no pocas defunciones ocurren en pacientes que apenas ingresan al servicio de urgencias, dada su gravedad. Por otra parte, entre sus paredes se ha observado el eterno drama entre la vida y la muerte, la risa y el llanto, la tranquilidad y la angustiosa espera. También se han formado decenas de generaciones de nuevos médicos generales y especialistas, de enfermeras y de otros profesionales de la salud y desde siempre ha sido un excelente campo para las distintas líneas de investigación, publicándose los trabajos de sus autores en revistas de reconocido prestigio. Finalmente, ha contado con el recurso más valioso: su personal. No es posible considerar exclusivamente a sus afamados médicos, pues todo el personal paramédico y administrativo merece un justo reconocimiento por su ardua labor, por la pasión y entrega a su trabajo y por su lealtad institucional. A todos los que estuvieron y a los que continúan vigentes la más cálida y sentida felicitación; merecen el mayor de los homenajes.

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