¿Por qué enferman y mueren los médicos?
Sobre este tema hay múltiples estudios serios, publicados en revistas indexadas, nacionales y del extranjero, sobre todo de los países con mayor grado de desarrollo social y económico. Al respecto, la variada patología que sufren los médicos comienza desde que cursan el primer año de la carrera, pero es importante señalar que existe una obvia interacción psicosomática, es decir, entre la mente y el cuerpo. En ese sentido, todas aquellas vivencias que al estudiante le condicionan ansiedad, angustia, insomnio, depresión, etc., se originan a nivel cerebral, pero sus efectos a distancia repercuten en los llamados “órganos blanco” principalmente los que integran el aparato digestivo, y de éste el estómago y los intestinos delgado y grueso, traduciéndose en una sintomatología caracterizada por irritación gástrica, distensión intestinal que produce dolor, flatulencia, así como cuadros alternos de diarrea y estreñimiento.
Pero también se afecta el propio sistema nervioso, lo que da lugar a síntomas tales como dolor de cabeza, dolor en los ojos, crisis de pánico por ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, etc. La piel es otro órgano que se ve afectado, observándose sudoración excesiva, sobre todo en época de exámenes; es posible que disminuya su temperatura, de tal manera que al dar la mano para saludar se sienta fría y sudorosa. El aparato urinario trabaja más, manifestándose por un continuo ir y venir al sanitario. El estrés está presente casi a diario, porque se debe cumplir con un determinado número de materias y con un variado tipo de profesores. En síntesis, no es nada fácil la licenciatura de medicina y las situaciones que generan estrés con todas sus repercusiones se incrementan en cada año escolar, aumentando ostensiblemente durante el internado de pregrado en un hospital del sector salud, luego en el servicio social profesional y posteriormente, si se tiene el privilegio de realizar una especialidad, maestría o doctorado. Pero, como suele decirse, nuestro organismo es tan extraordinario que soporta eso y más, primordialmente durante la juventud.
De acuerdo con Juan Carlos Antonio Toro (http://www.las2orillas.con/autor/carlostoro/). Septiembre 14 del 2013, las causas que llevan a enfermar a los médicos obedecen a conductas a veces poco ortodoxas hacia ellos mismos y a pesar del tiempo seguimos oyendo: “No hay peor paciente que un médico”. Para este autor existen tres factores que son primordiales: el agotamiento emocional, la despersonalización o deshumanización y la falta de realización personal. Influyen para ello la presión puesta en “salvar vidas”, “curar el dolor”, “eliminar el cáncer”, cuando sabemos que muchas veces sólo es posible aliviar, sin curar y ni siquiera evitar la muerte. Al respecto, es muy conocido el refrán: “Si se salva fue Dios, y si se muere fue el médico”.
El médico no está exento de amenazas a la integridad personal y de su familia y qué decir de la famosa consulta de los 15 minutos. Todo ello conduce a una sensación de falta en la realización personal al ejercer la medicina; la autoestima, junto con las defensas inmunológicas, caen al suelo y se engendra la enfermedad. El estrés se vuelve positivo porque surge de la preocupación por el enfermo, de estar al día en conocimientos, del éxito profesional puro. Por otra parte J,C. Mingote Adán expresa: “A los médicos nos cuesta dejar de serlo cuando vamos como pacientes. También nos cuesta ponernos en el rol de médico cuando tratamos a un paciente que es médico”. No es nada raro que ocurra depresión entre los médicos; del 12% en los varones y 18% en las mujeres, y hasta un 30% en los estudiantes de medicina. La depresión conduce a alta frecuencia de enfermedades cardiovasculares y cáncer. Yoen Dublín y Spiegelman destacan que el 80% de las muertes de médicos son de origen cardiovascular. Estrés y depresión y sus consecuencias se presentan, lo mismo en un médico cirujano que en un médico en etapa de formación en un posgrado, o en el que desarrolla actividades de gran responsabilidad en instituciones de salud o de otro tipo. Lo dicho no se puede generalizar a todos los médicos.
Pero también se afecta el propio sistema nervioso, lo que da lugar a síntomas tales como dolor de cabeza, dolor en los ojos, crisis de pánico por ansiedad, dificultad para conciliar el sueño, etc. La piel es otro órgano que se ve afectado, observándose sudoración excesiva, sobre todo en época de exámenes; es posible que disminuya su temperatura, de tal manera que al dar la mano para saludar se sienta fría y sudorosa. El aparato urinario trabaja más, manifestándose por un continuo ir y venir al sanitario. El estrés está presente casi a diario, porque se debe cumplir con un determinado número de materias y con un variado tipo de profesores. En síntesis, no es nada fácil la licenciatura de medicina y las situaciones que generan estrés con todas sus repercusiones se incrementan en cada año escolar, aumentando ostensiblemente durante el internado de pregrado en un hospital del sector salud, luego en el servicio social profesional y posteriormente, si se tiene el privilegio de realizar una especialidad, maestría o doctorado. Pero, como suele decirse, nuestro organismo es tan extraordinario que soporta eso y más, primordialmente durante la juventud.
De acuerdo con Juan Carlos Antonio Toro (http://www.las2orillas.con/autor/carlostoro/). Septiembre 14 del 2013, las causas que llevan a enfermar a los médicos obedecen a conductas a veces poco ortodoxas hacia ellos mismos y a pesar del tiempo seguimos oyendo: “No hay peor paciente que un médico”. Para este autor existen tres factores que son primordiales: el agotamiento emocional, la despersonalización o deshumanización y la falta de realización personal. Influyen para ello la presión puesta en “salvar vidas”, “curar el dolor”, “eliminar el cáncer”, cuando sabemos que muchas veces sólo es posible aliviar, sin curar y ni siquiera evitar la muerte. Al respecto, es muy conocido el refrán: “Si se salva fue Dios, y si se muere fue el médico”.
El médico no está exento de amenazas a la integridad personal y de su familia y qué decir de la famosa consulta de los 15 minutos. Todo ello conduce a una sensación de falta en la realización personal al ejercer la medicina; la autoestima, junto con las defensas inmunológicas, caen al suelo y se engendra la enfermedad. El estrés se vuelve positivo porque surge de la preocupación por el enfermo, de estar al día en conocimientos, del éxito profesional puro. Por otra parte J,C. Mingote Adán expresa: “A los médicos nos cuesta dejar de serlo cuando vamos como pacientes. También nos cuesta ponernos en el rol de médico cuando tratamos a un paciente que es médico”. No es nada raro que ocurra depresión entre los médicos; del 12% en los varones y 18% en las mujeres, y hasta un 30% en los estudiantes de medicina. La depresión conduce a alta frecuencia de enfermedades cardiovasculares y cáncer. Yoen Dublín y Spiegelman destacan que el 80% de las muertes de médicos son de origen cardiovascular. Estrés y depresión y sus consecuencias se presentan, lo mismo en un médico cirujano que en un médico en etapa de formación en un posgrado, o en el que desarrolla actividades de gran responsabilidad en instituciones de salud o de otro tipo. Lo dicho no se puede generalizar a todos los médicos.
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