Sobrepoblación y desempleo: “ninis” y ambulantaje
Pedro Borda, Director General de la Asociación Mexicana en Dirección de Recursos Humanos, Amedith, ha estimado que los llamados ¨ninis¨ suman aproximadamente ocho millones de jóvenes, la mayoría de ellos con edades que fluctúan entre los 14 y los 29 años. Ya todos sabemos que a los ¨ninis¨ se les llama así porque ni estudian ni trabajan; es decir, no son productivos y como consecuencia no intervienen en la economía de México.
La contradicción más palpable y reciente, es con la información que difunde el Presidente Enrique Peña Nieto, cuando nos dice que se han generado casi 480 mil empleos entre enero y julio del presente año, y que dicha cifra es 8.7% superior a la registrada en el mismo periodo del año 2014. ¿Pero ese crecimiento del empleo en el sector formal de la economía realmente es satisfactorio? La respuesta es un no rotundo, contundente. ¿Pero cuál es el fundamento para tal aseveración? A continuación voy a tratar de explicarlo.
Primeramente, en este país nacen cada año un promedio de dos millones de mexicanos y fallecen alrededor de medio millón de ciudadanos de todos los grupos de edad; es decir, la proporción entre nacimientos y defunciones es de 3:1. Como la esperanza de vida al nacer es de 75 años <promedio general entre hombres y mujeres>, la mayoría de los que nacen van a disfrutar hoy en día de una prolongada existencia. Esto quiere decir que cuando arriben a los 18 años, cada generación lo hará con más de un millón de jóvenes <por los que hayan fallecido entre el nacimiento y esa edad>. Aun cuando el 100% de ellos estudiaran una licenciatura, lo que es prácticamente imposible, lo cierto es que todos requerirán incorporarse a la economía nacional; lo ideal es que fuera con un empleo en el sector formal.
Se presume que en el 2015 probablemente lleguen a crearse entre 750 y 900 mil nuevos empleos; con esa cifra ya no se atendió al más de un millón de jóvenes de tan solo una generación. Lo catastrófico es que el país viene acumulando un grave rezago con todos los jóvenes que no han podido colocarse en un trabajo formal; éstos se suman a cada nueva generación, lo que es un “cuento de nunca acabar”. De ahí que las estimaciones de Pedro Borda nos hablen de tantos millones de “ninis” ¿Y qué ha pasado con los demás? Simple y sencillamente se han ido incorporando al sector informal desde hace décadas. Por eso, éste se ha elevado paulatinamente hasta representar el 57.8% de la población ocupada total del país, lo que numéricamente significan 29 millones de conciudadanos.
Como el mismo Borda expresó, y estoy de acuerdo con él: “El problema que mucha gente comenta es que esto de la informalidad son oportunidades que aprovecha la delincuencia para allegarse mano de obra barata y usarla como carne de cañón”. Lo trágico es que, dado el problema económico que vive el país, las empresas no desean arriesgarse tan fácilmente, creando empleos a diestra y siniestra. Actúan con cautela, pues un paso en falso y se van a la bancarrota. Por otra parte, desde que me acuerdo se ha observado una desvinculación entre los ofertantes de empleo, públicos y privados, con las instituciones docentes, de tal manera que estas últimas han incrementado su matrícula, con la consiguiente demanda de empleo para sus egresados, pero los primeros no han tenido un ritmo de crecimiento semejante, respecto de los segundos. Por ello, miles de jóvenes profesionistas ven frustrados sus anhelos de desarrollo y progreso, al no conseguir un empleo pronto, de acuerdo a su preparación, bien remunerados y con todas las prestaciones de ley. Las consecuencias ya las conocemos usted y yo.
¿Y de dónde salen los “ninis”? Pues una de las principales causas es precisamente la dificultad de poder continuar sus estudios de nivel medio superior y superior, porque las universidades y centros de estudio equivalentes tienen candados de toda índole, que limitan su capacidad de aceptación de un mayor número de alumnos. Ejemplo de ello sucede con la UNAM, cuya población escolar para el presente ciclo es superior a los 343 mil 500 estudiantes, en palabras de su Rector, el Dr. José Narro Robles, < incrementándose en 43 mil los admitidos en los ocho años de su gestión>. Pues bien, los planteles de la UNAM únicamente admitieron a 18 mil jóvenes, de 188 mil que se inscribieron para el examen de admisión, el que se realizó en dos etapas. Tan solo para estudiar la licenciatura en Medicina se inscribieron 12 mil aspirantes y sólo ingresaron 300. Algo similar ocurre en las universidades de toda la República Mexicana, como sucede en nuestro Estado. Como ejemplo tenemos a las dos Facultades de Medicina y Cirugía, una pública y la otra privada, en donde el número de aspirantes supera con mucho a la matrícula programada. En tales planteles escolares, formadores de los futuros médicos, el límite de alumnos de nuevo ingreso está supeditado a la disponibilidad de los llamados campos clínicos, en donde los alumnos de 4º. y 5o. año deben desarrollar la teoría y práctica de las materias troncales y de especialidades complementarias. En la capital del Estado únicamente se dispone de tres hospitales del sector público que reúnen los requisitos para recibir alumnos de ambas Universidades; actualmente están saturados. Ese es el límite, Esas son las grandes contradicciones de México. ¿No cree Usted que deberíamos de empezar a la brevedad por alcanzar un ritmo de crecimiento poblacional por lo menos del 1% anual? Luego de controlar dicho crecimiento, la meta debiera ser que nos fijáramos un crecimiento económico entre tres y cuatro veces el del 2015. De ese tamaño es el reto para yugular semejante problema social, en el mediano y largo plazo. Tal vez nos lleve el resto del siglo XXI. Ojalá que a nuestros hijos y nietos les alcance la vida para actuar y observar los tan deseados cambios demográficos y socioeconómicos que necesita nuestro país, pues a nosotros, los que venimos desde mediados del siglo pasado ya no los veremos.
La contradicción más palpable y reciente, es con la información que difunde el Presidente Enrique Peña Nieto, cuando nos dice que se han generado casi 480 mil empleos entre enero y julio del presente año, y que dicha cifra es 8.7% superior a la registrada en el mismo periodo del año 2014. ¿Pero ese crecimiento del empleo en el sector formal de la economía realmente es satisfactorio? La respuesta es un no rotundo, contundente. ¿Pero cuál es el fundamento para tal aseveración? A continuación voy a tratar de explicarlo.
Primeramente, en este país nacen cada año un promedio de dos millones de mexicanos y fallecen alrededor de medio millón de ciudadanos de todos los grupos de edad; es decir, la proporción entre nacimientos y defunciones es de 3:1. Como la esperanza de vida al nacer es de 75 años <promedio general entre hombres y mujeres>, la mayoría de los que nacen van a disfrutar hoy en día de una prolongada existencia. Esto quiere decir que cuando arriben a los 18 años, cada generación lo hará con más de un millón de jóvenes <por los que hayan fallecido entre el nacimiento y esa edad>. Aun cuando el 100% de ellos estudiaran una licenciatura, lo que es prácticamente imposible, lo cierto es que todos requerirán incorporarse a la economía nacional; lo ideal es que fuera con un empleo en el sector formal.
Se presume que en el 2015 probablemente lleguen a crearse entre 750 y 900 mil nuevos empleos; con esa cifra ya no se atendió al más de un millón de jóvenes de tan solo una generación. Lo catastrófico es que el país viene acumulando un grave rezago con todos los jóvenes que no han podido colocarse en un trabajo formal; éstos se suman a cada nueva generación, lo que es un “cuento de nunca acabar”. De ahí que las estimaciones de Pedro Borda nos hablen de tantos millones de “ninis” ¿Y qué ha pasado con los demás? Simple y sencillamente se han ido incorporando al sector informal desde hace décadas. Por eso, éste se ha elevado paulatinamente hasta representar el 57.8% de la población ocupada total del país, lo que numéricamente significan 29 millones de conciudadanos.
Como el mismo Borda expresó, y estoy de acuerdo con él: “El problema que mucha gente comenta es que esto de la informalidad son oportunidades que aprovecha la delincuencia para allegarse mano de obra barata y usarla como carne de cañón”. Lo trágico es que, dado el problema económico que vive el país, las empresas no desean arriesgarse tan fácilmente, creando empleos a diestra y siniestra. Actúan con cautela, pues un paso en falso y se van a la bancarrota. Por otra parte, desde que me acuerdo se ha observado una desvinculación entre los ofertantes de empleo, públicos y privados, con las instituciones docentes, de tal manera que estas últimas han incrementado su matrícula, con la consiguiente demanda de empleo para sus egresados, pero los primeros no han tenido un ritmo de crecimiento semejante, respecto de los segundos. Por ello, miles de jóvenes profesionistas ven frustrados sus anhelos de desarrollo y progreso, al no conseguir un empleo pronto, de acuerdo a su preparación, bien remunerados y con todas las prestaciones de ley. Las consecuencias ya las conocemos usted y yo.
¿Y de dónde salen los “ninis”? Pues una de las principales causas es precisamente la dificultad de poder continuar sus estudios de nivel medio superior y superior, porque las universidades y centros de estudio equivalentes tienen candados de toda índole, que limitan su capacidad de aceptación de un mayor número de alumnos. Ejemplo de ello sucede con la UNAM, cuya población escolar para el presente ciclo es superior a los 343 mil 500 estudiantes, en palabras de su Rector, el Dr. José Narro Robles, < incrementándose en 43 mil los admitidos en los ocho años de su gestión>. Pues bien, los planteles de la UNAM únicamente admitieron a 18 mil jóvenes, de 188 mil que se inscribieron para el examen de admisión, el que se realizó en dos etapas. Tan solo para estudiar la licenciatura en Medicina se inscribieron 12 mil aspirantes y sólo ingresaron 300. Algo similar ocurre en las universidades de toda la República Mexicana, como sucede en nuestro Estado. Como ejemplo tenemos a las dos Facultades de Medicina y Cirugía, una pública y la otra privada, en donde el número de aspirantes supera con mucho a la matrícula programada. En tales planteles escolares, formadores de los futuros médicos, el límite de alumnos de nuevo ingreso está supeditado a la disponibilidad de los llamados campos clínicos, en donde los alumnos de 4º. y 5o. año deben desarrollar la teoría y práctica de las materias troncales y de especialidades complementarias. En la capital del Estado únicamente se dispone de tres hospitales del sector público que reúnen los requisitos para recibir alumnos de ambas Universidades; actualmente están saturados. Ese es el límite, Esas son las grandes contradicciones de México. ¿No cree Usted que deberíamos de empezar a la brevedad por alcanzar un ritmo de crecimiento poblacional por lo menos del 1% anual? Luego de controlar dicho crecimiento, la meta debiera ser que nos fijáramos un crecimiento económico entre tres y cuatro veces el del 2015. De ese tamaño es el reto para yugular semejante problema social, en el mediano y largo plazo. Tal vez nos lleve el resto del siglo XXI. Ojalá que a nuestros hijos y nietos les alcance la vida para actuar y observar los tan deseados cambios demográficos y socioeconómicos que necesita nuestro país, pues a nosotros, los que venimos desde mediados del siglo pasado ya no los veremos.
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