¿Qué tanto se cumple en Oaxaca con el uso del cinturón de seguridad?
Múltiples investigaciones a nivel mundial han demostrado las bondades y beneficios del uso del cinturón de seguridad y de las sillas de protección para los niños en vehículos de motor. Eso es indiscutible. En los países desarrollados se aplican rigurosamente las leyes y reglamentos en esa materia, como sucede en los Estados Unidos de Norteamérica y en buena parte de los países del continente europeo, en donde, además, preocupa a sus autoridades que la policía mantenga un control estricto sobre los conductores. En México, no podemos decir lo mismo. Ha habido intentos para impulsar el uso de dispositivos de retención en los adultos, como el conocido cinturón de seguridad y las sillas infantiles para proteger a los bebés y niños pequeños, sin embargo, no se dispone de información precisa y confiable de la situación que prevalece en todo el país, pues tan sólo existen datos de un estudio que se realizó en cuatro zonas metropolitanas de la República Mexicana en el periodo 2008-2009: Guadalajara, León, Monterrey y el Distrito Federal.
Es conveniente destacar que los dispositivos de seguridad disminuyen la mortalidad en el rango del 40 al 70%, dependiendo del tipo de impacto y la posición que guarda el pasajero al momento de la colisión; así mismo, el hecho de que los pasajeros que ocupan la parte trasera del vehículo utilicen el cinturón, también reduce en un 25% el riesgo de que estos últimos choquen con los que van adelante. En cuanto a los infantes pequeños las sillas disminuyen hasta un 70% la mortalidad en niños menores de dos años y hasta 60% en niños de tres a cuatro años. Ahora bien, el uso de tales dispositivos no es aplicable exclusivamente en carretera o en vías de alta velocidad de las áreas urbanas, pues el riesgo de sufrir un accidente comienza desde que se aborda un vehículo de motor. Al respecto, recuerdo que hace unos años visité la Ciudad de Tampico y abordé un taxi el primer día de mi estancia; me di cuenta que el conductor no traía puesto el cinturón de seguridad, pero yo sí me abroché el que me correspondía en el asiento delantero; al ver mi acción el chofer de inmediato se colocó el suyo, justificándose de no traerlo puesto porque únicamente lo hacía cuando manejaba en alguna carretera.
Volviendo al estudio del bienio señalado, fue la Secretaría de Salud Federal, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud, la que puso en operación en el 2008, la Iniciativa Mexicana de Seguridad Vial y Prevención de Lesiones en el Tránsito, cuyas siglas fueron IMESEVI. La aplicación estuvo a cargo del Centro Nacional de Prevención de Accidentes, CENAPRA. De acuerdo con los autores de una excelente investigación, Arturo Cervantes Trejo e Iwin Leenen <Gac Med Mex. 2015; 151:54-65>, la mencionada iniciativa “ambicionó una reducción de lesionados y muertes causadas por el tránsito en México, a través del desarrollo de acciones estratégicas para la promoción de la seguridad vial, y sus componentes fueron: el desarrollo de un sistema integral de información, una campaña pública de concientización, capacitación en seguridad vial a conductores e iniciativas legislativas para la promoción o modificación del reglamento de tránsito vigente”. El proyecto pretendía impactar en el uso del cinturón de seguridad y de las sillas infantiles.
Los resultados de la experiencia en los siete municipios seleccionados de las cuatro zonas metropolitanas, permitieron conocer que la probabilidad global de uso de dichos dispositivos es de alrededor del 50%, pero existieron grandes diferencias entre los municipios. El mejor calificado fue el Distrito Federal. El problema principal es que el que más se protege es el conductor; los demás, sobre todo los que viajan atrás, no tienen ese hábito protector. La situación es peor en el caso de los niños, pues sólo alrededor del 20% es objeto de protección. El estudio demostró que sí hubo un incremento significativo de la protección con las acciones realizadas. Hay información a detalle para quienes se interesen en el estudio, pero aquí vale la pena preguntar: ¿Cómo estamos en nuestra capital y en el interior del Estado?
Es conveniente destacar que los dispositivos de seguridad disminuyen la mortalidad en el rango del 40 al 70%, dependiendo del tipo de impacto y la posición que guarda el pasajero al momento de la colisión; así mismo, el hecho de que los pasajeros que ocupan la parte trasera del vehículo utilicen el cinturón, también reduce en un 25% el riesgo de que estos últimos choquen con los que van adelante. En cuanto a los infantes pequeños las sillas disminuyen hasta un 70% la mortalidad en niños menores de dos años y hasta 60% en niños de tres a cuatro años. Ahora bien, el uso de tales dispositivos no es aplicable exclusivamente en carretera o en vías de alta velocidad de las áreas urbanas, pues el riesgo de sufrir un accidente comienza desde que se aborda un vehículo de motor. Al respecto, recuerdo que hace unos años visité la Ciudad de Tampico y abordé un taxi el primer día de mi estancia; me di cuenta que el conductor no traía puesto el cinturón de seguridad, pero yo sí me abroché el que me correspondía en el asiento delantero; al ver mi acción el chofer de inmediato se colocó el suyo, justificándose de no traerlo puesto porque únicamente lo hacía cuando manejaba en alguna carretera.
Volviendo al estudio del bienio señalado, fue la Secretaría de Salud Federal, con el apoyo de la Organización Panamericana de la Salud, la que puso en operación en el 2008, la Iniciativa Mexicana de Seguridad Vial y Prevención de Lesiones en el Tránsito, cuyas siglas fueron IMESEVI. La aplicación estuvo a cargo del Centro Nacional de Prevención de Accidentes, CENAPRA. De acuerdo con los autores de una excelente investigación, Arturo Cervantes Trejo e Iwin Leenen <Gac Med Mex. 2015; 151:54-65>, la mencionada iniciativa “ambicionó una reducción de lesionados y muertes causadas por el tránsito en México, a través del desarrollo de acciones estratégicas para la promoción de la seguridad vial, y sus componentes fueron: el desarrollo de un sistema integral de información, una campaña pública de concientización, capacitación en seguridad vial a conductores e iniciativas legislativas para la promoción o modificación del reglamento de tránsito vigente”. El proyecto pretendía impactar en el uso del cinturón de seguridad y de las sillas infantiles.
Los resultados de la experiencia en los siete municipios seleccionados de las cuatro zonas metropolitanas, permitieron conocer que la probabilidad global de uso de dichos dispositivos es de alrededor del 50%, pero existieron grandes diferencias entre los municipios. El mejor calificado fue el Distrito Federal. El problema principal es que el que más se protege es el conductor; los demás, sobre todo los que viajan atrás, no tienen ese hábito protector. La situación es peor en el caso de los niños, pues sólo alrededor del 20% es objeto de protección. El estudio demostró que sí hubo un incremento significativo de la protección con las acciones realizadas. Hay información a detalle para quienes se interesen en el estudio, pero aquí vale la pena preguntar: ¿Cómo estamos en nuestra capital y en el interior del Estado?
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