Crimen abominable

Trágico resultó el pasado fin de semana para dos familias oaxaqueñas; una perdió físicamente a un talentoso profesionista, que a la vez se dedicaba al sano entrenamiento de un grupo de niños en el deporte “ráfaga”, me refiero al basquetbol; la otra familia seguramente se desintegrará luego de que el jefe de la misma asesinara a mansalva al joven deportista de cinco balazos, delante de la propia hija y de la esposa de aquel. Nada justifica tan abominable crimen, el que ha conmovido a nuestra sociedad. Algunos expresarán que no tiene nombre lo hecho o que no existen palabras para calificar semejante brutalidad. Sea como sea ocurrió y ello nos demuestra una vez más el franco deterioro en que estamos inmersos, pues no hay respeto por la vida humana, como resultado del derrumbe hacia el precipicio, de valores y principios en las últimas generaciones de mexicanos. Como diría Héctor Suárez, en su papel de magnifico comediante ¿Qué nos pasa?

Volviendo al lamentable hecho de sangre, el día del execrable crimen, el presunto asesino, hoy prófugo de la justicia, llevaba consigo el arma asesina con la intención de utilizarla, de hacer daño; no la llevaba de adorno. ¿Era porque su hija tenía varios partidos que se quedaba en la banca por decisión de su victimado entrenador?, y ¿Esa situación había acrecentado el deseo de ajustarle cuentas al hoy occiso, aún a costa de sacrificarlo impunemente?; ¿O de por sí el criminal se paseaba muy orondo con el arma al cinto para, en caso necesario, solventar con ella sus conflictos?; si fue esto último, ¿Empleó su revolver con anterioridad y asesinó sin misericordia a algún otro individuo?

Por otra parte, ¿Qué impulsó al matón para adquirir y portar rutinariamente semejante instrumento del mal? ¿Qué antecedentes de en su vida tiene para haberlo convertido en un perverso psicópata?

Actualmente se ha hecho costumbre que los conflictos entre varones ya no se diriman a base de puñetazos, como solía observarse antaño. Hoy se emplean toda clase de armas blancas, punzocortantes y de fuego para eliminar al enemigo en turno; se ataca de frente, por la espalda y por los costados, pero sin dar oportunidad al oponente para que se defienda; no pocas veces sabemos que se mata con las agravantes de premeditación, alevosía y ventaja, y que los crímenes suceden cuando la víctima está dormida en su cama, en un sillón o en una hamaca. La muerte llega sin que el finado pueda darse cuenta quién o quiénes fueron sus asesinos.

Antes, como dirían nuestros abuelos, los pleitos tenían dos momentos; en el primero los contendientes se hacían de palabras, las que una vez que subían de tono daban paso a que se tundieran a base de golpes; podría haber un vencedor o terminar el pleito en un “empate técnico”, pero rara vez moría el vencido a manos de su contrario. Hoy la situación ha cambiado, pues debe morirse el que perdió el duelo.

Como es lógico, con la aprehensión del asesino la víctima no va a recobrar la vida, pero las autoridades judiciales deben actuar con celeridad para detenerlo, porque es su obligación y porque se requiere que se aplique la ley en un acto de justicia, pero también para que la sociedad se libre de otro individuo enfermo y perverso que en cualquier momento puede volver a delinquir y matar a otro inocente por “quítame estas pajas”.

Lo siento por la esposa y la hijita del presunto asesino, primero por haber sido testigos presenciales del ilícito, luego por el obvio temor de mantenerse atadas al victimario, el que muy probablemente ha sembrado el terror en su familia, pues no tengo la menor duda de que ésta ha sufrido de violencia física y psicológica.

Para los deudos del joven entrenador y profesionista mis más sentidas condolencias, con la esperanza de que su sacrificio no sea en vano. Esto lo expreso por el compromiso social de las autoridades encargadas de impartir justicia en la entidad, para resolver este infausto crimen, y también para que se adopten medidas eficientes tendientes a prevenir y detener la criminalidad en nuestras ciudades. Hoy más que nunca es impostergable la intervención de todos los grupos organizados de la sociedad para difundir los valores y principios que están en franco declive.

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