A propósito de las adicciones.

La intervención del Presidente de la República en la sede de la Organización de las Naciones Unidas esta semana, en donde propuso trabajar en torno a un decálogo para enfrentar de manera más contundente e impactante el crecimiento de la siembra, distribución, comercialización y consumo de las drogas ilícitas en el mundo, demostró cuan complicado es el abordaje de dicho asunto. En el debate general de la sesión especial sobre política de drogas (UNGASS), propuesta en el 2012 por nuestro país, Guatemala y Colombia, el Presidente Enrique Peña Nieto señaló que los intereses y objetivos de nuestro país en la política de las drogas son la prevención, la salud pública y los derechos humanos.

Reconoció que México "ha pagado un alto precio, un precio excesivo en términos de tranquilidad, sufrimiento y vidas humanas en la lucha contra los grupos del narcotráfico" y enfatizó que con firmeza se continúe haciendo lo que ha funcionado y con flexibilidad cambiar lo que no ha dado resultados.

En el decálogo destacó su propuesta de trabajar a favor de actualizar el marco normativo para autorizar el uso de la mariguana con fines médicos y científicos y elevar la cantidad de esa droga que puede ser considerada para uso personal, a fin de no criminalizar a los consumidores. Hoy sabemos que la cantidad no deberá rebasar los 28 gramos, equivalente a una cajetilla de cigarrillos. La mariguana <Cannabis indica> ocupa el primer lugar entre las sustancias ilícitas que se consumen en nuestro país, registrándose una prevalencia del 1.2% de la población entre los 12 y los 65 años y es mayor en el sexo masculino con una prevalencia del 2.2%; le siguen en orden de frecuencia la cocaína, las sustancias inhalables, las anfetaminas y los opiáceos. De todas las sustancias nombradas la primera es la que ha tenido un incremento significativo en los últimos cinco años. Existen evidencias acerca de las implicaciones sociales relacionadas con su consumo; en materia de salud el indicador de años de vida saludable <AVISA> y el elevado costo por atención tardía; en lo económico la afectación en la productividad, competitividad y compromiso del desempeño y en el plano social la afectación individual, en la familia y en el propio entorno de la sociedad involucrada.



Desde el punto de vista médico, el consumo de sustancias ilícitas como la mariguana, repercute de manera inobjetable en la reducción de los años de vida saludables. Dicho consumo tiene una relación directa con la génesis de los trastornos mentales. El problema es que nuestro país registra serias deficiencias en cuanto al número y tipo de recursos humanos profesionales y técnicos dedicados a las acciones de prevención, diagnóstico, tratamiento oportuno y rehabilitación de los enfermos con trastornos mentales, especialmente de aquellos que resultan del consumo de sustancias ilícitas. Menores aún, resultan ser los recursos materiales y de infraestructura para ese tipo de atención.

Para enfrentar en este momento las necesidades de prevención, diagnóstico, tratamiento oportuno y de rehabilitación de las adicciones en México se dispone de 720 establecimientos ambulatorios (340 Centros de Atención Primaria en Adicciones <CAPAS>, 104 Centros de Integración Juvenil, 45 centros de tipo privado y 231 clínicas de tabaquismo). Debo agregar que se tiene un registro a la fecha de 1947 establecimientos residenciales; de ellos, 1714 (88%) son atendidos por profesionales, 185 (10%) son de tipo mixto y 48 (2%) son de ayuda mutua. Las metas del sector salud en la actual administración federal están contempladas en el Programa de Acción Sectorial del sector salud en la materia y están dirigidas a la atención integral del problema de las adicciones.

Sin embargo, hay que esperar cómo van a reaccionar todos los actores que intervienen en el escenario de las nuevas políticas públicas en el asunto del consumo de la mariguana. Hay que esperar el comportamiento de este último en una próxima Encuesta Nacional de las Adicciones, pero sobre todo observar sus implicaciones económicas, sociales y en materia de salud, en el mediano y largo plazo. Para saber si los mexicanos no dimos un paso en falso.

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