Alcohol y embarazo.
De acuerdo a la Encuesta Nacional de Adicciones del 2011, el 43.3% de las mujeres encuestadas declaró haber ingerido bebidas alcohólicas por primera vez antes de los 17 años de edad, cifra que ascendió al 46.1% en el grupo de edad de 18 a 25 años. Es bien sabido que el alcohol tiene efectos duraderos importantes sobre el rendimiento académico, la atención, la conducta, la cognición, la memoria, las habilidades lingüísticas y el desarrollo visual y motor. En ese sentido la ingesta de alcohol durante el embarazo puede provocar en el futuro bebé problemas del pensamiento y de la conducta que duran toda la vida. Por ello, es preocupante el elevado porcentaje de mujeres en edad fértil que refieren haber consumido bebidas embriagantes el mes anterior a la aplicación de una encuesta sobre adicciones.
En los Estados Unidos casi el 8% de las mujeres siguieron consumiendo alcohol durante el embarazo. En ese mismo país 1 de cada 8 mujeres embarazadas informó haber consumido alcohol y aproximadamente 1 de cada 50 gestantes reportó haber tomado más de la cuenta, considerándose cinco o más copas o vasos de licor. La buena noticia, que parece una verdad de Perogrullo, es que los trastornos del espectro alcohólico fetal <FASD>, son 100% prevenibles, siempre y cuando la mujer no consuma nada de alcohol durante el embarazo. Esta es una recomendación de la OMS desde el 2005, agregándose que la mujer embarazada que lo haya hecho debe dejarlo de hacer inmediatamente.
El alcohol se metaboliza más lentamente en el cuerpo del feto que en un adulto, lo cual significa que el nivel de alcohol es mayor. La sintomatología puede incluir anomalías de conducta y atención, lento crecimiento antes y después del nacimiento, disminución del tono muscular y problemas con el equilibrio por una deficiente coordinación psicomotriz; así mismo, anomalías cardiacas, como la comunicación interventricular o auricular y la clásica Tetralogía de Fallot, problemas en el rostro, lo que se conoce como dismorfia facial, caracterizándose por ojos pequeños y rasgados con pliegues epicánticos grandes, cabeza pequeña, maxilar superior diminuto, surco naso-labial liso y labio superior liso y delgado. A medida que el bebé crece se puede observar cociente intelectual disminuido, retraso en el desarrollo y problemas en tres o más áreas mayores: pensamiento, lenguaje, movimiento o habilidades sociales.
Entre las complicaciones podemos citar a la parálisis cerebral y la posibilidad de un parto prematuro; además, se incrementa al doble la frecuencia del aborto espontáneo o de un mortinato. Por supuesto que la ingesta de alcohol por parte de la madre es más dañino para el feto durante los tres primeros meses de la gestación, considerándose que es el principal agente teratógeno y primera causa de deficiencias mentales congénitas. Si alguien pregunta acerca de la cantidad de alcohol que puede causar daño, es importante que sepa que ninguna cantidad es segura durante el embarazo y que la única garantía de ausencia de daño es no tener ninguna exposición prenatal al alcohol.
Las medidas de prevención prácticamente se han ilustrado líneas atrás, pero debo insistir que las mujeres embarazadas o que están tratando de quedar en embarazo no deben ingerir ninguna cantidad de alcohol, y las que son alcohólicas se tienen que vincular a un programa de rehabilitación y someterse a un control estricto por parte de un médico durante la gestación. Es importante saber que el desenlace clínico para los bebés con síndrome de alcoholismo fetal varía y casi ninguno de ellos tiene un desarrollo cerebral normal. También es de recomendarse a las mujeres sexualmente activas que beben mucho, el uso de métodos anticonceptivos, además de controlar sus comportamientos con la bebida.
Actualmente, las mujeres consumen bebidas alcohólicas casi a la par de los varones. Si pretende embarazarse más vale que tome nota. No olvidar que los efectos en el futuro ser humano pueden durar para siempre; de ahí la importancia de que se difunda este tipo de información a toda la población, con el fin de que las nuevas generaciones de futuras madres reciban a tiempo una suficiente orientación sobre este tema.
En los Estados Unidos casi el 8% de las mujeres siguieron consumiendo alcohol durante el embarazo. En ese mismo país 1 de cada 8 mujeres embarazadas informó haber consumido alcohol y aproximadamente 1 de cada 50 gestantes reportó haber tomado más de la cuenta, considerándose cinco o más copas o vasos de licor. La buena noticia, que parece una verdad de Perogrullo, es que los trastornos del espectro alcohólico fetal <FASD>, son 100% prevenibles, siempre y cuando la mujer no consuma nada de alcohol durante el embarazo. Esta es una recomendación de la OMS desde el 2005, agregándose que la mujer embarazada que lo haya hecho debe dejarlo de hacer inmediatamente.
El alcohol se metaboliza más lentamente en el cuerpo del feto que en un adulto, lo cual significa que el nivel de alcohol es mayor. La sintomatología puede incluir anomalías de conducta y atención, lento crecimiento antes y después del nacimiento, disminución del tono muscular y problemas con el equilibrio por una deficiente coordinación psicomotriz; así mismo, anomalías cardiacas, como la comunicación interventricular o auricular y la clásica Tetralogía de Fallot, problemas en el rostro, lo que se conoce como dismorfia facial, caracterizándose por ojos pequeños y rasgados con pliegues epicánticos grandes, cabeza pequeña, maxilar superior diminuto, surco naso-labial liso y labio superior liso y delgado. A medida que el bebé crece se puede observar cociente intelectual disminuido, retraso en el desarrollo y problemas en tres o más áreas mayores: pensamiento, lenguaje, movimiento o habilidades sociales.
Entre las complicaciones podemos citar a la parálisis cerebral y la posibilidad de un parto prematuro; además, se incrementa al doble la frecuencia del aborto espontáneo o de un mortinato. Por supuesto que la ingesta de alcohol por parte de la madre es más dañino para el feto durante los tres primeros meses de la gestación, considerándose que es el principal agente teratógeno y primera causa de deficiencias mentales congénitas. Si alguien pregunta acerca de la cantidad de alcohol que puede causar daño, es importante que sepa que ninguna cantidad es segura durante el embarazo y que la única garantía de ausencia de daño es no tener ninguna exposición prenatal al alcohol.
Las medidas de prevención prácticamente se han ilustrado líneas atrás, pero debo insistir que las mujeres embarazadas o que están tratando de quedar en embarazo no deben ingerir ninguna cantidad de alcohol, y las que son alcohólicas se tienen que vincular a un programa de rehabilitación y someterse a un control estricto por parte de un médico durante la gestación. Es importante saber que el desenlace clínico para los bebés con síndrome de alcoholismo fetal varía y casi ninguno de ellos tiene un desarrollo cerebral normal. También es de recomendarse a las mujeres sexualmente activas que beben mucho, el uso de métodos anticonceptivos, además de controlar sus comportamientos con la bebida.
Actualmente, las mujeres consumen bebidas alcohólicas casi a la par de los varones. Si pretende embarazarse más vale que tome nota. No olvidar que los efectos en el futuro ser humano pueden durar para siempre; de ahí la importancia de que se difunda este tipo de información a toda la población, con el fin de que las nuevas generaciones de futuras madres reciban a tiempo una suficiente orientación sobre este tema.
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