Niños obesos, el problema de México.

La obesidad es uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI en el mundo, y México ocupa el 1er. lugar en casos de niños y adolescentes. La diabetes y la obesidad mantendrán los mismos pasos en las dos primeras décadas de la actual centuria y su combinación, a la que se le ha denominado Diabesidad, se ha constituido en la epidemia más grande a la que los humanos nos hayamos enfrentado; un símil de lo que fue el Sida en el último cuarto del siglo pasado. Las estadísticas no siempre causan el impacto esperado en la población, cuando ésta se entera acerca del estatus de una situación que pone en jaque a todas las naciones del orbe. En el caso que nos ocupa, bien vale la pena el intento de sensibilizar a los amables lectores para que podamos encarar, como sociedad afectada, tan terrible epidemia. En este artículo daré a conocer algunos datos que son la evidencia de la trágica realidad que nos acosa cada día.

En el mundo, uno de cada 10 niños en edad escolar se estima con sobrepeso y uno de cada tres de ellos tiene la probabilidad de desarrollar diabetes durante su vida. Pero asómbrese, en México dos de cada 10 tiene sobrepeso u obesidad. Según datos reportados de la Encuesta Nacional de Salud y Nutrición del 2012, 4.5 millones de niños vivían en condición de sobrepeso u obesidad en ese año y se registraron 155 mil adolescentes diabéticos en nuestro país; de los primeros, 27% podrían ser obesos en la edad adulta, 12.6% podrían tener diabetes y 9% podrían ser hipertensos. Prestigiados investigadores en esta materia han expresado de manera categórica que 50% de los niños obesos continuarán siéndolo en la edad adulta, situación que se eleva al 70% en el caso de los adolescentes. Además, existe información que nos indica que uno de cada 4 niños con sobrepeso ya tiene afectado su Hígado, a tal grado que puede terminar en Cirrosis; así mismo, ya se presentan cuadros de diabetes tipo II en niños menores de 10 años, también los hay que desde los 6 años viven con un nivel de colesterol elevado y se han registrado cuadros de hipertensión arterial desde los 8 años de edad.

Es cierto que existe un factor de tipo genético para la diabetes y la obesidad, pero está demostrado que existen dos causas de gran relevancia: los inadecuados hábitos alimenticios y la vida sedentaria. Respecto de los primeros resulta que en las últimas décadas se ha incrementado el peso de las porciones de determinado tipo de alimentos. En los Estados Unidos ponen como ejemplos los siguientes: consumir una dona de chocolate hace 20 años significaba 140 calorías, actualmente representan 350; una hamburguesa con queso eran 333 calorías y hoy son 590, y una porción de papas fritas anteriormente equivalía a 210 calorías, mientras que ahora se han elevado a 610. En México, el consumo de refrescos o bebidas azucaradas es nuestro “talón de Aquiles”; dígalo si no el hecho de que somos el primer consumidor de refrescos en el mundo, con un promedio anual de 163 litros por persona, de tal manera que una familia mexicana destina en promedio el 10% de sus ingresos totales a la compra de refrescos. Existe el dato de que 7 de cada 10 niños, en las comunidades rurales se desayunan con un refresco y una cuarta parte de la ingesta calórica de los connacionales proviene de las bebidas azucaradas.

Respecto de la vida sedentaria de hoy, esta se caracteriza porque los niños y adolescentes pasan gran parte de su tiempo en el internet, con un celular, iPod, Tablet, o la televisión; a diferencia de ello, anteriormente los infantes disfrutaban durante varias horas la práctica de alguna actividad deportiva, se mecían en los columpios o subían y bajaban una y otra vez las resbaladillas, correteaban en los parques o en la calles de su colonia, los varones jugaban canicas y “bailaban” el trompo, y las niñas a las “escondidas”, “las cebollitas” o al “avión”, y brincaban la cuerda y hacían otro tipo de actividades al aire libre con sus compañeritas. Ejercicio, más una dieta saludable, sin alimentos “chatarra”, es la clave para la pérdida de peso de nuestra niñez, pero hay que limitarle el uso de los adelantos tecnológicos y eliminar el refresco de su alimentación.

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