El Síndrome de Nidea.
La mañana del miércoles de esta semana que termina, me preguntó la Dra. Salustia González Rosales si yo conocía el síndrome de Nidea, a lo que contesté de inmediato que no; me explicó enseguida que tal síndrome lo llegamos a padecer todos los médicos durante nuestro ejercicio profesional y consiste en que en algún momento dado llegamos a tener un paciente y luego de hacerle mil preguntas y de explorarlo, resulta que no tenemos “ni idea” de lo que tiene. Me cayó “el veinte” y me reí a carcajadas; ello me llevó a la reflexión y a escribir este artículo. El caso es que a pesar de la larga y extensa formación del médico, aun los que realizan una especialidad y posteriormente una o varias subespecialidades, llegan a tener dudas en relación al diagnóstico, pronóstico y tratamiento emitido hacia un determinado paciente, principalmente al inicio del ejercicio de la profesión. Pongo el ejemplo de los cirujanos: en sus primeras intervenciones posiblemente comentan algún yerro, que puede ser de fatales consecuencias para la vida del paciente.
Hace ya, por lo menos dos décadas, que asistí a un congreso médico que realizaron los especialistas del Hospital Inglés de la Ciudad de México, en un auditorio de conocido hotel del norte de nuestra capital. El tema central estuvo dirigido a la iatrogenia, por lo que durante la mañana los conferencistas presentaron diversas experiencias que ellos mismos vivieron o que ocurrieron en los servicios de urgencias y hospitalización del prestigiado nosocomio. Fue impresionante haber conocido dichos casos, pero también que un asunto tan delicado haya podido ser tratado de manera abierta y honesta por los protagonistas de la profesión médica.
Hablar de iatrogenia nos conduce a pensar de inmediato que estamos ante un error del médico; dícese que es toda alteración del paciente producida por este último; también se acepta que son los efectos nocivos del paciente en su contacto con la medicina. De cualquier manera, como error médico se traduce como la conducta inadecuada del profesional de la medicina que supone una inobservancia técnica, capaz de producir daño a la vida o agravio a la salud mediante impericia, negligencia o imprudencia. También la iatrogenia se refiere a la lesión generada a un paciente a consecuencia de una atención legítima a la solicitud, a título de riesgo calculado en términos de la lex artis médica, siendo un mal necesario para proteger la salud; y la iatropatogenia es la lesión generada a un paciente como consecuencia de impericia, temeridad, negligencia o dolo del personal de salud.
Las siguientes, son causas de iatropatogenia: a) Por acción: Las acciones imprudentes, precipitadas e irracionales pueden conducir a daño grave del enfermo; b) Por omisión: Cuando el médico no explora sistemáticamente o si no realiza el diagnóstico y el tratamiento necesario; c) Quirúrgica: Es el resultado negativo secundario a un procedimiento quirúrgico, generado por descuido, desconocimiento o falta de destreza; d) Farmacológica: Existe el planteamiento de que no existe ningún medicamento absolutamente seguro y cada día hay más medicamentos, lo que favorece la confusión de quien prescribe y más aún si hay la necesidad de combinar varios de ellos en un mismo paciente; e) Diagnóstica: Es la consecuencia de una pobre semiología (anamnesis o interrogatorio de síntomas y observación de signos en el paciente) y de una exploración física superficial que puede establecer un diagnóstico erróneo y por consiguiente un tratamiento equivocado que generará consecuencias al paciente. Para evitar las iatrogenias se recomiendan las siguientes acciones: Trabajo profesional en equipo; evitar los complejos que tiene el médico (arrogancia, autosuficiencia, egocentrismo); solicitar ayuda en caso necesario; resolver el daño y humildad. Son importantes, desde luego, el ejercicio actualizado de la actividad profesional y la certificación por el Consejo de la Especialidad. Los médicos deben recordar que “a todos les puedo mentir, menos a mí mismo” y que “la verdad siempre aflora, tarde que temprano”. Con ello se entiende mejor la función social de la Comisión Estatal de Arbitraje Médico”.
Hace ya, por lo menos dos décadas, que asistí a un congreso médico que realizaron los especialistas del Hospital Inglés de la Ciudad de México, en un auditorio de conocido hotel del norte de nuestra capital. El tema central estuvo dirigido a la iatrogenia, por lo que durante la mañana los conferencistas presentaron diversas experiencias que ellos mismos vivieron o que ocurrieron en los servicios de urgencias y hospitalización del prestigiado nosocomio. Fue impresionante haber conocido dichos casos, pero también que un asunto tan delicado haya podido ser tratado de manera abierta y honesta por los protagonistas de la profesión médica.
Hablar de iatrogenia nos conduce a pensar de inmediato que estamos ante un error del médico; dícese que es toda alteración del paciente producida por este último; también se acepta que son los efectos nocivos del paciente en su contacto con la medicina. De cualquier manera, como error médico se traduce como la conducta inadecuada del profesional de la medicina que supone una inobservancia técnica, capaz de producir daño a la vida o agravio a la salud mediante impericia, negligencia o imprudencia. También la iatrogenia se refiere a la lesión generada a un paciente a consecuencia de una atención legítima a la solicitud, a título de riesgo calculado en términos de la lex artis médica, siendo un mal necesario para proteger la salud; y la iatropatogenia es la lesión generada a un paciente como consecuencia de impericia, temeridad, negligencia o dolo del personal de salud.
Las siguientes, son causas de iatropatogenia: a) Por acción: Las acciones imprudentes, precipitadas e irracionales pueden conducir a daño grave del enfermo; b) Por omisión: Cuando el médico no explora sistemáticamente o si no realiza el diagnóstico y el tratamiento necesario; c) Quirúrgica: Es el resultado negativo secundario a un procedimiento quirúrgico, generado por descuido, desconocimiento o falta de destreza; d) Farmacológica: Existe el planteamiento de que no existe ningún medicamento absolutamente seguro y cada día hay más medicamentos, lo que favorece la confusión de quien prescribe y más aún si hay la necesidad de combinar varios de ellos en un mismo paciente; e) Diagnóstica: Es la consecuencia de una pobre semiología (anamnesis o interrogatorio de síntomas y observación de signos en el paciente) y de una exploración física superficial que puede establecer un diagnóstico erróneo y por consiguiente un tratamiento equivocado que generará consecuencias al paciente. Para evitar las iatrogenias se recomiendan las siguientes acciones: Trabajo profesional en equipo; evitar los complejos que tiene el médico (arrogancia, autosuficiencia, egocentrismo); solicitar ayuda en caso necesario; resolver el daño y humildad. Son importantes, desde luego, el ejercicio actualizado de la actividad profesional y la certificación por el Consejo de la Especialidad. Los médicos deben recordar que “a todos les puedo mentir, menos a mí mismo” y que “la verdad siempre aflora, tarde que temprano”. Con ello se entiende mejor la función social de la Comisión Estatal de Arbitraje Médico”.
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