La minoría de edad.
En nuestra sociedad expresamos que alguien ha alcanzado la mayoría de edad cuando ha dejado atrás la adolescencia y arriba con el ímpetu de la juventud a los 21 años para iniciar la etapa de la madurez. Yo digo, que al contrario, cuando se rebasan los 65 años, y se ha atravesado un largo periodo de la vida en la que el vigor físico ha sido sustituido por la aplicación del conocimiento y de la experiencia, entonces se inicia el camino hacia la minoría de edad. ¿Por qué la minoría de edad?, simplemente porque cada vez serán menos los años que restan para morir, así de fácil. En el mejor de los casos, se podría aspirar a llegar a la edad promedio de la esperanza de vida al nacer de nuestro país, la que es menor a los 80 años para ambos sexos. Eso quiere decir que a un individuo de 65 años únicamente le faltan 15, si la va bien.
Hay quien no esté de acuerdo con tal expectativa de vida, pero esa es la realidad. Es cierto que nunca como ahora la humanidad había mostrado un elevado porcentaje de individuos longevos con respecto del resto de la población y que en este momento viven en el mundo miles de millones de hombres y mujeres que han rebasado los 90 años y que los centenarios, aunque en menor magnitud, ya no es tan infrecuente encontrarlos en las áreas urbana y rural; sin embargo, la bioestadística nos demuestra que el promedio de vida es muy variable entre los países desarrollados y los que no alcanzan ese nivel de clasificación social y económica, pero no hay una sola nación que pueda presumir de tener una esperanza de vida de 90 años, pues la mayoría de los humanos fallecen antes de esta edad.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, a partir del año 2000 la esperanza de vida ha registrado avances espectaculares, aunque subsisten desigualdades importantes en un mismo país y de un país a otro, según se desprende de las Estadísticas Sanitarias Mundiales de este año (World Health Statistics: Monitoring Health for the SDGs. Comunicado de prensa del 19 de mayo del 2016). La esperanza de vida se elevó en cinco años en el periodo comprendido entre el 2000 y el 2015; ha sido el incremento más rápido en los últimos 60 años. Tales avances invierten los descensos observados en la década de los 90´s, cuando la esperanza de vida se redujo en África por la epidemia de Sida, y de manera casi simultánea en Europa del Este, como consecuencia de la desintegración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas.
Según la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS «El mundo ha avanzado a grandes pasos en la reducción del sufrimiento innecesario y las muertes prematuras a causa de enfermedades que pueden prevenirse y tratarse», «Pero los progresos han sido irregulares. Lo mejor que podemos hacer para que nadie quede relegado es apoyar a los países a lograr la cobertura sanitaria universal sobre los cimientos de una atención primaria sólida».
Con mayor precisión, a escala mundial, la esperanza de vida de los niños nacidos en 2015 era de 71,4 años (73,8 años para las niñas y 69,1 para los niños), aunque las perspectivas de cada niño en particular dependen del lugar de nacimiento. En el informe de la OMS se indica que los recién nacidos de 29 países de elevados ingresos tienen una esperanza media de vida igual o superior a 80 años, mientras que los recién nacidos de otros 22 países muy pobres, todos ellos del África Subsahariana, tienen una esperanza de vida inferior a 60 años, como es el caso de Sierra Leona, que registra la esperanza de vida más baja del mundo. En cambio, las mujeres japonesas son las más longevas del planeta, con una vida promedio de 86.8 años, mientras que los hombres de Suiza tienen una vida media de 81.3 años, la más alta del mundo para el sexo masculino.
La longevidad, es evidente, es el resultado de múltiples factores; el ambiente es innegable que influye de manera ostensible, pero cuentan mucho la herencia, los estilos de vida y la situación económica de cada individuo. Los que hemos rebasado felizmente los 65 además de dar gracias al Creador, debemos gozar nuestra minoría de edad en la medida de nuestras posibilidades, siempre acompañados de nuestros seres queridos.
Hay quien no esté de acuerdo con tal expectativa de vida, pero esa es la realidad. Es cierto que nunca como ahora la humanidad había mostrado un elevado porcentaje de individuos longevos con respecto del resto de la población y que en este momento viven en el mundo miles de millones de hombres y mujeres que han rebasado los 90 años y que los centenarios, aunque en menor magnitud, ya no es tan infrecuente encontrarlos en las áreas urbana y rural; sin embargo, la bioestadística nos demuestra que el promedio de vida es muy variable entre los países desarrollados y los que no alcanzan ese nivel de clasificación social y económica, pero no hay una sola nación que pueda presumir de tener una esperanza de vida de 90 años, pues la mayoría de los humanos fallecen antes de esta edad.
De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud, a partir del año 2000 la esperanza de vida ha registrado avances espectaculares, aunque subsisten desigualdades importantes en un mismo país y de un país a otro, según se desprende de las Estadísticas Sanitarias Mundiales de este año (World Health Statistics: Monitoring Health for the SDGs. Comunicado de prensa del 19 de mayo del 2016). La esperanza de vida se elevó en cinco años en el periodo comprendido entre el 2000 y el 2015; ha sido el incremento más rápido en los últimos 60 años. Tales avances invierten los descensos observados en la década de los 90´s, cuando la esperanza de vida se redujo en África por la epidemia de Sida, y de manera casi simultánea en Europa del Este, como consecuencia de la desintegración de la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas.
Según la Dra. Margaret Chan, Directora General de la OMS «El mundo ha avanzado a grandes pasos en la reducción del sufrimiento innecesario y las muertes prematuras a causa de enfermedades que pueden prevenirse y tratarse», «Pero los progresos han sido irregulares. Lo mejor que podemos hacer para que nadie quede relegado es apoyar a los países a lograr la cobertura sanitaria universal sobre los cimientos de una atención primaria sólida».
Con mayor precisión, a escala mundial, la esperanza de vida de los niños nacidos en 2015 era de 71,4 años (73,8 años para las niñas y 69,1 para los niños), aunque las perspectivas de cada niño en particular dependen del lugar de nacimiento. En el informe de la OMS se indica que los recién nacidos de 29 países de elevados ingresos tienen una esperanza media de vida igual o superior a 80 años, mientras que los recién nacidos de otros 22 países muy pobres, todos ellos del África Subsahariana, tienen una esperanza de vida inferior a 60 años, como es el caso de Sierra Leona, que registra la esperanza de vida más baja del mundo. En cambio, las mujeres japonesas son las más longevas del planeta, con una vida promedio de 86.8 años, mientras que los hombres de Suiza tienen una vida media de 81.3 años, la más alta del mundo para el sexo masculino.
La longevidad, es evidente, es el resultado de múltiples factores; el ambiente es innegable que influye de manera ostensible, pero cuentan mucho la herencia, los estilos de vida y la situación económica de cada individuo. Los que hemos rebasado felizmente los 65 además de dar gracias al Creador, debemos gozar nuestra minoría de edad en la medida de nuestras posibilidades, siempre acompañados de nuestros seres queridos.
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