I Otro ciclo más en nuestras vidas
En un dos por tres se nos fueron los últimos quince días de diciembre. Ya terminó el periodo vacacional al que lamentablemente no todos tienen derecho. Iniciamos un nuevo ciclo en nuestras vidas, aunque no falta quien exprese que hemos vuelto a lo cotidiano y otros dirán que retornamos cada quien a nuestra rutina. La realidad es que la mayoría hemos vuelto a nuestro trabajo y los docentes, niños y jóvenes a sus planteles escolares, en medio de un barullo tremendo como sucede cada vez que se reinician las actividades y del clásico congestionamiento vehicular en las llamadas “horas pico”. En suma, todos a calentar motores para adaptarnos, lo más pronto posible, a nuestro habitual ritmo de vida. Atrás quedaron las celebraciones religiosas. Festejamos la llegada del feliz año nuevo, el 2017, con un gran regocijo y ya degustamos con la familia, amistades o compañeros de trabajo la tradicional “rosca de reyes”.
Es de llamar la atención que los seres humanos estamos ávidos de días como los que acaban de concluir, eso explica, en cierta manera, el que desde principios de noviembre un número significativo de hogares ya luzcan orgullosos el tradicional arbolito navideño y, en su caso, el clásico nacimiento; pareciera que las familias nada más esperan que pase la celebración de los “días de muertos” para que de inmediato inicien el ritual navideño. Naturalmente mucho influye en el ánimo de las personas el que los comercios adelanten desde septiembre la promoción de toda clase de adornos alusivos a la Navidad, como sucede con las tiendas departamentales.
Atrás quedó la gran variedad de suculentos platillos que nos llevó a incrementar nuestro peso, quiérase o no, como el pavo relleno, el pavo al horno enchilado o en dulce, el bacalao “noruego”, los romeritos, las pechugas de pollo a la “cordon blue”, el pozole, el lomo o la pierna de cerdo, o por lo menos un pollo rostizado. Por supuesto que no faltaron un sinfín de postres: ensalada de Nochebuena que tiene como base al betabel y se le agregan diversas frutas en trozos; además, los infaltables buñuelos, el dulce de tejocotes, ensaladas como la de manzana con piña, pasas, nuez y crema y una gran variedad de pasteles.
Sin duda, ninguna de las celebraciones estuvo exenta de toda clase de alimentos chatarra, refrescos, agua mineral, sidra y bebidas con algún grado de alcohol. Desafortunadamente, para los bebedores consuetudinarios cualquier pretexto es bueno y eso ocurrió un día sí y otro también, en el denominado periodo “Lupe Reyes”. ¡Ah!, no debo olvidar a las clásicas piñatas, que son la diversión de chicos y grandes, haya habido o no la tradicional posada con los peregrinos, de acuerdo al rito religioso en el caso de la grey católica.
Amables lectores, los invito a hacer un recuento de todos los consumibles que llevamos a casa durante este corto periodo y luego de lo que se preparó con ellos y su consumo, <aunque no todas las amas de casa prepararon las cenas ni todas las familias cenaron en su hogar>; de ello resulta que ahora nos llegó un relax y nos sentimos en santa paz. Ganamos en calorías, pero también hicimos un gran derroche de energía ¿Será? Tal parece que los días se nos fueron como agua y que la segunda quincena del año pasó como exhalación, a partir del inicio de la vorágine de compras decembrinas, y ya que todo culminó nos queda una especie de vacío, a pesar de habernos sentido satisfechos días atrás.
Ahora, nos pesa quitar nuestros adornos navideños; ni quisiéramos hacerlo; pero es necesario, para guardarlos con todo cuidado para volverlos a sacar de su lugar hasta que casi concluya el 2017. Todo vuelve a la “normalidad”.
Nuestros festejos no pueden compararse con el lujo con el que celebran las familias millonarias de todo el mundo; al mismo tiempo, nosotros estamos muy lejos de quienes pasaron estos días en la pobreza extrema, en la mayor de las miserias, lo que es muy triste y toda una tragedia. Así son los grandes contrastes en nuestro planeta. Lo real es que cada quien ha reiniciado su vida en el 2017 y vivir ya es un gran privilegio. Vuelvo a desearles, amables lectores paz, salud, trabajo, dicha y bienestar para los próximos 359 días del año.
Es de llamar la atención que los seres humanos estamos ávidos de días como los que acaban de concluir, eso explica, en cierta manera, el que desde principios de noviembre un número significativo de hogares ya luzcan orgullosos el tradicional arbolito navideño y, en su caso, el clásico nacimiento; pareciera que las familias nada más esperan que pase la celebración de los “días de muertos” para que de inmediato inicien el ritual navideño. Naturalmente mucho influye en el ánimo de las personas el que los comercios adelanten desde septiembre la promoción de toda clase de adornos alusivos a la Navidad, como sucede con las tiendas departamentales.
Atrás quedó la gran variedad de suculentos platillos que nos llevó a incrementar nuestro peso, quiérase o no, como el pavo relleno, el pavo al horno enchilado o en dulce, el bacalao “noruego”, los romeritos, las pechugas de pollo a la “cordon blue”, el pozole, el lomo o la pierna de cerdo, o por lo menos un pollo rostizado. Por supuesto que no faltaron un sinfín de postres: ensalada de Nochebuena que tiene como base al betabel y se le agregan diversas frutas en trozos; además, los infaltables buñuelos, el dulce de tejocotes, ensaladas como la de manzana con piña, pasas, nuez y crema y una gran variedad de pasteles.
Sin duda, ninguna de las celebraciones estuvo exenta de toda clase de alimentos chatarra, refrescos, agua mineral, sidra y bebidas con algún grado de alcohol. Desafortunadamente, para los bebedores consuetudinarios cualquier pretexto es bueno y eso ocurrió un día sí y otro también, en el denominado periodo “Lupe Reyes”. ¡Ah!, no debo olvidar a las clásicas piñatas, que son la diversión de chicos y grandes, haya habido o no la tradicional posada con los peregrinos, de acuerdo al rito religioso en el caso de la grey católica.
Amables lectores, los invito a hacer un recuento de todos los consumibles que llevamos a casa durante este corto periodo y luego de lo que se preparó con ellos y su consumo, <aunque no todas las amas de casa prepararon las cenas ni todas las familias cenaron en su hogar>; de ello resulta que ahora nos llegó un relax y nos sentimos en santa paz. Ganamos en calorías, pero también hicimos un gran derroche de energía ¿Será? Tal parece que los días se nos fueron como agua y que la segunda quincena del año pasó como exhalación, a partir del inicio de la vorágine de compras decembrinas, y ya que todo culminó nos queda una especie de vacío, a pesar de habernos sentido satisfechos días atrás.
Ahora, nos pesa quitar nuestros adornos navideños; ni quisiéramos hacerlo; pero es necesario, para guardarlos con todo cuidado para volverlos a sacar de su lugar hasta que casi concluya el 2017. Todo vuelve a la “normalidad”.
Nuestros festejos no pueden compararse con el lujo con el que celebran las familias millonarias de todo el mundo; al mismo tiempo, nosotros estamos muy lejos de quienes pasaron estos días en la pobreza extrema, en la mayor de las miserias, lo que es muy triste y toda una tragedia. Así son los grandes contrastes en nuestro planeta. Lo real es que cada quien ha reiniciado su vida en el 2017 y vivir ya es un gran privilegio. Vuelvo a desearles, amables lectores paz, salud, trabajo, dicha y bienestar para los próximos 359 días del año.
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