Cambio de actitud

En países tan antiguos como la India, Egipto y Grecia, prevalecen condiciones sociales y económicas precarias, y en cambio naciones relativamente nuevas como Australia, Nueva Zelanda, Suiza y los Estados Unidos de América, en un tiempo relativamente corto han alcanzado un elevado nivel de vida y de bienestar. Los países industrializados, con mayor grado de desarrollo que se mantienen, de acuerdo a su Producto Interno Bruto, PIB, entre las primeras potencias del mundo, son: Estados Unidos, China, Japón, Alemania, Reino Unido, Francia, Italia, Brasil y Canadá; así mismo, en dicho top ten también aparece la India, lo cual es contrastante. México ocupa el lugar número 15 con un PIB casi 20 veces menor al de su inmediato vecino del norte.

Pero si bien es cierto que nuestra nación “se codea” con los países más avanzados, sin embargo, como sucede con la India y Brasil, tenemos algo en común con ellos, somos un mosaico de contrastes al interior de cada país, observándose marcadas diferencias sociales y económicas, de tal manera que el PIB nacional resulta ser un espejismo, una medida fuera de la realidad. En México, no hay punto de comparación entre las tres regiones más conocidas, el norte, el centro y el sur, siendo este último el que revela las condiciones de vida y desarrollo más adversos, el de los mayores rezagos. Saltan a primera vista las preguntas acerca de porqué subsiste tal situación, como: ¿Son los habitantes de dicha región los culpables del subdesarrollo de sus localidades? ¿Tienen algo en común que les impide avanzar hacia mejores estadios de vida?, ¿Son menos inteligentes que los del norte y los del centro?, ¿Qué es lo que les impide ser mejores cada día y avanzar a mayor velocidad para tratar de alcanzar a los de las otras regiones del país? Pero también habría que preguntarse si los mexicanos, en lo general, son menos inteligentes que los habitantes de los países más desarrollados; me adelanto a contestar con un contundente no esta última pregunta porque existen evidencias de ello.

La realidad es que en las tres macro regiones de México existen áreas de riqueza y de pobreza, pero en el centro y más aún en el sur hay mayor cantidad de individuos y familias pobres, tan pobres que rayan en la pobreza extrema. Para entender mejor este complejo proceso social habría que remontarse al pasado de los conglomerados humanos que han habitado los territorios que se dicen vulnerables y los más desprotegidos social y económicamente de México, desde la era prehispánica, luego al inicio y durante el coloniaje español, posteriormente en la primera centuria de vida independiente y finalmente en el tiempo que ha pasado después del cruento periodo de la Revolución, hasta nuestros días.

En síntesis, tales grupos humanos han vivido desde tiempo inmemorial atomizados en miles de pequeñas localidades; en algunos casos alcanzaron cierto desarrollo, pero no ocurrió así en la mayoría de ellos, la situación de pobreza obligó a la población a emigrar a las áreas suburbana y urbana de las capitales de los Estados o al interior de ciudades de menor población, y en grado ascendente también a otras naciones, sobre todo a los Estados Unidos de América. Perviven las lenguas indígenas, que no es malo, pero sí el mayor grado de analfabetismo del país, el más bajo nivel escolar y de salud, cuyo trasfondo es la desnutrición y sus consecuencias, existe un marcado empleo informal, una vivienda que no es digna, carencia de servicios básicos, etc. Ha faltado un mayor apoyo económico de la federación, pero hay que aceptar que por sí mismos los Estados del Sureste no han hecho lo posible por alcanzar su propio desarrollo, como lo han logrado las entidades de las otras regiones del país.

Aquí es donde es necesario reflexionar si dicho cambio no ha ocurrido porque en lo general los habitantes de la mencionada región, no siguen las reglas de oro y las 10 cosas que no requieren talento, que nos fueron dadas a conocer con lujo de conocimiento y experiencia en la materia, por el L.C.P Mario Pérez Ramos, en su brillante y amena conferencia en esta Ciudad, el pasado 13 de mayo, cuyo tema es hoy el título de este artículo y motivo de la siguiente entrega.

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