Reglas de oro
Los mexicanos nos caracterizamos porque cumplimos con las siguientes reglas de oro: 1º. Lo ético como principio básico; 2º. El orden y la limpieza; 3º. La disciplina; 4º. La puntualidad; 5º. La responsabilidad; 6º. El deseo de superación; 7º.El respeto a las leyes y reglamentos; 8º. El respeto por el derecho de los demás; 9º. Amor al trabajo y 10º. Esfuerzo por la economía y el acometimiento. Si es así, ¿Cuál es la razón por la que no somos un país desarrollado, una verdadera potencia a nivel mundial? No hay ninguna razón posible para explicarlo, porque simple y sencillamente lo asentado es una entelequia. La realidad es que, a diferencia de lo que se observa en países como Japón, Alemania, Suiza, Holanda, Suecia, Dinamarca, etc., en donde de manera general los individuos y sus sociedades cumplen con tales reglas de oro, en México no podemos generalizar que sus ciudadanos se conduzcan desde su niñez hasta la vejez con una línea de conducta que nos permita enorgullecernos como familia, como sociedad, como país, y que ello determine un grado de desarrollo superior en el concierto de las naciones.
Contrario a lo anterior, nuestro país evoluciona hacia una sociedad en decadencia, en donde impera una desatada corrupción, en el que la violación a las leyes y reglamentos es lo más común y es visto como normal desde la infancia; de ahí el caos en el que nos encontramos, sumidos en una suerte de laberinto sin salida, en donde la impunidad en actos delictivos, la creciente inseguridad, la ola de violencia con miles de muertos y desaparecidos, el desempleo de millones de jóvenes, el incremento de la población en pobreza extrema, la falta de respeto a las instituciones y a la autoridad, es el “pan nuestro de cada día”. Somos una sociedad asimétrica, en un estado al que desde el exterior ya lo catalogan como fallido, denominación en la que mucho ha tenido que ver la clase política, pero hay que admitirlo, no son solo ellos los culpables de la situación que prevalece en México, somos casi todos, o por decirlo más suavemente la inmensa mayoría.
¿Podemos revertir este gravísimo problema social? ¿Podemos creer con optimismo que el estado de cosas que nos afectan cambiará algún día? Yo digo que sí, aunque francamente no sé cuándo, pero para que ello ocurra tiene que observarse un movimiento nacional de gran envergadura, en el que intervengan líderes natos en todos los ámbitos del quehacer humano, en la política, en la administración pública y privada, en las organizaciones de toda índole, religiosas, deportivas y sociales, como los clubes de servicio. ¿Eso será posible? ¿No es una mera utopía? ¿Para su consecución se requiere talento, como manifestación de la inteligencia emocional? Lo que necesitamos los mexicanos y particularmente los que vivimos en entidades federativas con un terrible rezago, es un cambio de actitud, ¿palabras mágicas?, no, porque su logro es factible. Por ello, como bien expresa el C.P. Mario Pérez Ramos, a quien me referí en mi artículo de hace una semana, que si los ciudadanos que vivimos en este país nos aplicamos para cumplir con las 10 cosas que no requieren talento (yo agregaría que sí se necesita por lo menos un nivel escolar básico y un coeficiente intelectual entre 90 y 110), podríamos aspirar a la grandeza de nuestro país en algunas décadas.
Esas 10 cosas son: 1. Ser puntual; 2. Ética laboral; 3. Esforzarse en lo que se hace; 4. Lenguaje corporal; 5. Energía interior; 6. Buena actitud; 7. Pasión por lo que se hace; 8. Aceptar enseñanza; 9. Hacer un poco más de lo que se nos pide y 10. Estar preparados para el éxito. Por supuesto que cada una de ellas implica una explicación con mayor detalle; eso lo domina de manera extraordinaria el conferencista, quien logra el convencimiento de quien lo escucha porque, como él mismo lo dice, hay que predicar con el ejemplo, y eso es lo que demuestra en sus intervenciones. De ahí la sugerencia de quienes lo escuchamos para que los gobiernos estatal y municipal se preocupen por invitarlo a sus respectivas dependencias. Créanme, es un extraordinario motivador, un líder carismático con bastante conocimiento y experiencia en la materia.
En ese gran movimiento ¿Quién se apunta?
Contrario a lo anterior, nuestro país evoluciona hacia una sociedad en decadencia, en donde impera una desatada corrupción, en el que la violación a las leyes y reglamentos es lo más común y es visto como normal desde la infancia; de ahí el caos en el que nos encontramos, sumidos en una suerte de laberinto sin salida, en donde la impunidad en actos delictivos, la creciente inseguridad, la ola de violencia con miles de muertos y desaparecidos, el desempleo de millones de jóvenes, el incremento de la población en pobreza extrema, la falta de respeto a las instituciones y a la autoridad, es el “pan nuestro de cada día”. Somos una sociedad asimétrica, en un estado al que desde el exterior ya lo catalogan como fallido, denominación en la que mucho ha tenido que ver la clase política, pero hay que admitirlo, no son solo ellos los culpables de la situación que prevalece en México, somos casi todos, o por decirlo más suavemente la inmensa mayoría.
¿Podemos revertir este gravísimo problema social? ¿Podemos creer con optimismo que el estado de cosas que nos afectan cambiará algún día? Yo digo que sí, aunque francamente no sé cuándo, pero para que ello ocurra tiene que observarse un movimiento nacional de gran envergadura, en el que intervengan líderes natos en todos los ámbitos del quehacer humano, en la política, en la administración pública y privada, en las organizaciones de toda índole, religiosas, deportivas y sociales, como los clubes de servicio. ¿Eso será posible? ¿No es una mera utopía? ¿Para su consecución se requiere talento, como manifestación de la inteligencia emocional? Lo que necesitamos los mexicanos y particularmente los que vivimos en entidades federativas con un terrible rezago, es un cambio de actitud, ¿palabras mágicas?, no, porque su logro es factible. Por ello, como bien expresa el C.P. Mario Pérez Ramos, a quien me referí en mi artículo de hace una semana, que si los ciudadanos que vivimos en este país nos aplicamos para cumplir con las 10 cosas que no requieren talento (yo agregaría que sí se necesita por lo menos un nivel escolar básico y un coeficiente intelectual entre 90 y 110), podríamos aspirar a la grandeza de nuestro país en algunas décadas.
Esas 10 cosas son: 1. Ser puntual; 2. Ética laboral; 3. Esforzarse en lo que se hace; 4. Lenguaje corporal; 5. Energía interior; 6. Buena actitud; 7. Pasión por lo que se hace; 8. Aceptar enseñanza; 9. Hacer un poco más de lo que se nos pide y 10. Estar preparados para el éxito. Por supuesto que cada una de ellas implica una explicación con mayor detalle; eso lo domina de manera extraordinaria el conferencista, quien logra el convencimiento de quien lo escucha porque, como él mismo lo dice, hay que predicar con el ejemplo, y eso es lo que demuestra en sus intervenciones. De ahí la sugerencia de quienes lo escuchamos para que los gobiernos estatal y municipal se preocupen por invitarlo a sus respectivas dependencias. Créanme, es un extraordinario motivador, un líder carismático con bastante conocimiento y experiencia en la materia.
En ese gran movimiento ¿Quién se apunta?
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