Situación real del empleo en el país
En un acto celebrado el pasado mes de junio, en el Salón Adolfo López Mateos de la residencia oficial de los Pinos, con motivo de la XXVII entrega del Premio Nacional de Calidad, el presidente Enrique Peña Nieto expresó que durante su administración se habían generado más de 2 millones 800 mil empleos formales, cifra, dijo, muy superior a cualquiera lograda en los seis años completos de las administraciones anteriores. En un video exprofeso difundido en los medios, confirmó lo dicho y declaró que sin lugar a dudas, el suyo es el sexenio del empleo, pues el aumento de más de medio millón de empleos en el primer semestre del 2017 es el mayor desde que se tiene registro hace 30 años. Agregó que los creados “son empleos de calidad, que dan acceso a la seguridad social, a servicios de salud, guardería y pensión, y a la posibilidad de obtener crédito para una vivienda”.
Sin restarle credibilidad a la información proporcionada por el presidente de la República, avalada por los registros del IMSS, sin embargo vale la pena hacer algunas reflexiones acerca de lo que significa ese “excelente” logro sexenal. De acuerdo al Consejo Nacional de Población, en este año somos 123.5 millones de habitantes, como quiera que sea, hemos mantenido un ritmo de crecimiento poblacional que no ha mermado desde 1950, cuando solo se contabilizaron 25.8 millones de mexicanos, es decir, el país ha crecido poco más de cuatro veces en casi 70 años, y aunque la tasa de natalidad ha decrecido en comparación con lo que sucedía hasta la década de los 70´s, sin embargo, el número de nacimientos es impresionante. Tan solo en lo que va del siglo XXI el promedio de nuevos mexicanos es de más 2.5 millones cada año, y si consideramos el total de defunciones anuales, obtendremos el dato del crecimiento natural de nuestro país. Tomo como ejemplo el año 2015, cuando se registraron 2´353,596 nacimientos, mientras que ocurrieron 655,688 defunciones (INEGI. Estadísticas de natalidad, mortalidad y nupcialidad); el resultado de restar ambas cifras nos señala que casi 1.8 millones de individuos aportará su carga demográfica anual para que continúe incrementándose la población mexicana y por ende, la necesidad de generar la cantidad de empleos suficientes para cada nueva generación.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del primer trimestre del 2013 al segundo trimestre del 2016, se observó un incremento de 3.3 millones de personas a la Población Económicamente Activa, con lo que puede colegirse que si en ese lapso se crearon alrededor de 2 millones de empleos formales, es obvio que aún existe un déficit de un millón 300 mil empleos. También hay que considerar que si cada generación <de manera ficticia> culminara su educación superior entre los 23 y 25 años de edad, tendrían que destinarse un promedio de 1.5 millones de empleos cada año, lo que quiere decir que en un sexenio deberíamos de esperar 9 millones de nuevos puestos de trabajo, con salarios apropiados a un nivel profesional. Si el presidente nos dice que en 4.5 años de su gestión todavía no se logran ni 3 millones, luego entonces no debe sorprendernos que los llamados “changarros informales” generen el 30% de empleos en México. La realidad es que millones de jóvenes instruidos o no, se encuentran laborando en la informalidad y otros tantos forman parte de los llamados “ninis”, sin oficio ni beneficio. Un buen ejemplo de empleo informal lo constituyen los miles de jóvenes dedicados al transporte de pasajeros en los llamados mototaxis, golfitaxis y ciclotaxis.
Por otra parte, el mayor porcentaje de los nuevos empleos formales apenas alcanzan de uno a dos salarios mínimos, mientras que los empleos con mejores salarios han ido a la baja; así, las personas que ganaban de 3 a 5 salarios mínimos sumaron 6.9 millones al cierre del 2016, lo que significó una baja desde los 7.4 millones del 2015.
El disponer de un empleo formal constituye un determinante de la salud. No tenerlo sería lo peor para un individuo, pero si se tiene, el salario y las prestaciones sociales deben garantizar una vida digna en lo individual y más aún si del trabajador depende una familia.
Sin restarle credibilidad a la información proporcionada por el presidente de la República, avalada por los registros del IMSS, sin embargo vale la pena hacer algunas reflexiones acerca de lo que significa ese “excelente” logro sexenal. De acuerdo al Consejo Nacional de Población, en este año somos 123.5 millones de habitantes, como quiera que sea, hemos mantenido un ritmo de crecimiento poblacional que no ha mermado desde 1950, cuando solo se contabilizaron 25.8 millones de mexicanos, es decir, el país ha crecido poco más de cuatro veces en casi 70 años, y aunque la tasa de natalidad ha decrecido en comparación con lo que sucedía hasta la década de los 70´s, sin embargo, el número de nacimientos es impresionante. Tan solo en lo que va del siglo XXI el promedio de nuevos mexicanos es de más 2.5 millones cada año, y si consideramos el total de defunciones anuales, obtendremos el dato del crecimiento natural de nuestro país. Tomo como ejemplo el año 2015, cuando se registraron 2´353,596 nacimientos, mientras que ocurrieron 655,688 defunciones (INEGI. Estadísticas de natalidad, mortalidad y nupcialidad); el resultado de restar ambas cifras nos señala que casi 1.8 millones de individuos aportará su carga demográfica anual para que continúe incrementándose la población mexicana y por ende, la necesidad de generar la cantidad de empleos suficientes para cada nueva generación.
Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE), del primer trimestre del 2013 al segundo trimestre del 2016, se observó un incremento de 3.3 millones de personas a la Población Económicamente Activa, con lo que puede colegirse que si en ese lapso se crearon alrededor de 2 millones de empleos formales, es obvio que aún existe un déficit de un millón 300 mil empleos. También hay que considerar que si cada generación <de manera ficticia> culminara su educación superior entre los 23 y 25 años de edad, tendrían que destinarse un promedio de 1.5 millones de empleos cada año, lo que quiere decir que en un sexenio deberíamos de esperar 9 millones de nuevos puestos de trabajo, con salarios apropiados a un nivel profesional. Si el presidente nos dice que en 4.5 años de su gestión todavía no se logran ni 3 millones, luego entonces no debe sorprendernos que los llamados “changarros informales” generen el 30% de empleos en México. La realidad es que millones de jóvenes instruidos o no, se encuentran laborando en la informalidad y otros tantos forman parte de los llamados “ninis”, sin oficio ni beneficio. Un buen ejemplo de empleo informal lo constituyen los miles de jóvenes dedicados al transporte de pasajeros en los llamados mototaxis, golfitaxis y ciclotaxis.
Por otra parte, el mayor porcentaje de los nuevos empleos formales apenas alcanzan de uno a dos salarios mínimos, mientras que los empleos con mejores salarios han ido a la baja; así, las personas que ganaban de 3 a 5 salarios mínimos sumaron 6.9 millones al cierre del 2016, lo que significó una baja desde los 7.4 millones del 2015.
El disponer de un empleo formal constituye un determinante de la salud. No tenerlo sería lo peor para un individuo, pero si se tiene, el salario y las prestaciones sociales deben garantizar una vida digna en lo individual y más aún si del trabajador depende una familia.
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