Leer contribuye a la salud mental.
Se dice que el hábito de la buena lectura se adquiere en el hogar, pero no siempre. A través del tiempo han existido personajes que se convirtieron en vidas ejemplares y una de las razones, se dice, fue su acendrado y a veces compulsivo hábito por la lectura, sin que para ello se haya sabido de ninguna influencia en el seno de la familia, es más, algunas de esas figuras a nivel mundial quedaron huérfanos de padre y madre a muy temprana edad y otros tuvieron familias inestables o desintegradas. La sed o el hambre de saber, de conocer, de escudriñar más allá de nuestro modesto entorno ha sido la clave para desentrañar lo que pareciera ser un misterio, pues resulta que ese deseo vehemente por la lectura se limita entre la población en general, situación que se observa principalmente en los países con menor grado de desarrollo, como sucede en nuestro país. Según El Economista, en México se leen en promedio 3.8 libros por persona al año, pero sólo dos de cada 10 lectores comprende totalmente el contenido de lo que leyó. (Ana Karen García/ 26 de octubre del 2018). Esto quiere decir que cada mexicano lee un libro cada tres meses, aunque los materiales de lectura que se consultan con mayor asiduidad son los libros de texto o escolares, periódicos y páginas, foros o blogs digitales (Módulo de Lectura del INEGI (Molec) 2018). Una cosa es cierta, aún los estudiantes de licenciatura o de estudios superiores difícilmente leen a cabalidad cada libro de texto obligatorio de cada materia. Sobre el particular, no he tenido conocimiento de alguna investigación educativa que confirme lo anterior.
En el caso que nos ocupa, tenemos los dos extremos, las personas que nada leen o casi nada y los que son adictos a la lectura, estos últimos llegan a tal extremo que podría aventurarme a expresar que sufren de neurosis, dado el comportamiento compulsivo que demuestran por ese hábito. Hay quienes han desarrollado una excelente habilidad y técnica para poder leer y comprender a mayor velocidad que la generalidad de la población; hemos conocido lectores asiduos, de una vasta cultura universal, que adquirieron el hábito de leer con esa característica, de ellos recuerdo dos: el Licenciado Jacobo Zabludodowski y el Lic. Sergio Sarmiento, ambos periodistas y conductores de noticiarios en radio y televisión. También existen los compradores compulsivos de libros, los que están atentos a la publicación de un nuevo título, sea o no de los llamados best seller. Los que pasan buena parte de su tiempo visitando las librerías y casi siempre salen de ellas con uno o más ejemplares sumamente gozosos, aunque no sabemos si realmente van a disfrutar de su lectura o simplemente pasarán a incorporarse y permanecer intactos en algún librero. No es cualquier cosa esa inversión porque actualmente la adquisición de un libro representa un buen “pellizco” a la economía personal o familiar.
Otro tipo de compulsión es la de escribir precisamente obras de esa naturaleza, hasta el grado de la enajenación. Si revisamos la historia universal y más precisamente aquella que tiene que ver con la literatura, encontraremos que el extraordinario Lope Félix de Vega Carpio (1562-1635), más conocido como Lope de Vega, poeta y dramaturgo español, es uno de los autores más conocidos de la literatura universal. Su aportación fue de tal volumen y calidad que el mismo Miguel de Cervantes Saavedra lo llamó “Monstruo de naturaleza”; también es conocido como el “Fénix de los Ingenios” y fue tan extensa su obra que se conocen de él 3,000 sonetos, tres novelas, nueve epopeyas y cientos de comedias ¿Cómo pudo crear tanto en tan poco tiempo? Si ese vertiginoso ritmo de vida dedicado a la escritura lo transpolamos a nuestros días, nos sentimos verdaderamente avasallados con aquellos autores de libros de cualquier disciplina o rama del saber humano, cuyo curriculum destaca de manera impresionante una generosa cantidad de libros publicados y de intervenciones en otros libros y revistas indexadas en calidad de coautores.
Leer es sumamente grato. Contribuye a la salud mental. Es un hábito o un hobby que facilita mantener una amena conversación. Pero como todo en la vida, hay que hacerlo con moderación.
En el caso que nos ocupa, tenemos los dos extremos, las personas que nada leen o casi nada y los que son adictos a la lectura, estos últimos llegan a tal extremo que podría aventurarme a expresar que sufren de neurosis, dado el comportamiento compulsivo que demuestran por ese hábito. Hay quienes han desarrollado una excelente habilidad y técnica para poder leer y comprender a mayor velocidad que la generalidad de la población; hemos conocido lectores asiduos, de una vasta cultura universal, que adquirieron el hábito de leer con esa característica, de ellos recuerdo dos: el Licenciado Jacobo Zabludodowski y el Lic. Sergio Sarmiento, ambos periodistas y conductores de noticiarios en radio y televisión. También existen los compradores compulsivos de libros, los que están atentos a la publicación de un nuevo título, sea o no de los llamados best seller. Los que pasan buena parte de su tiempo visitando las librerías y casi siempre salen de ellas con uno o más ejemplares sumamente gozosos, aunque no sabemos si realmente van a disfrutar de su lectura o simplemente pasarán a incorporarse y permanecer intactos en algún librero. No es cualquier cosa esa inversión porque actualmente la adquisición de un libro representa un buen “pellizco” a la economía personal o familiar.
Otro tipo de compulsión es la de escribir precisamente obras de esa naturaleza, hasta el grado de la enajenación. Si revisamos la historia universal y más precisamente aquella que tiene que ver con la literatura, encontraremos que el extraordinario Lope Félix de Vega Carpio (1562-1635), más conocido como Lope de Vega, poeta y dramaturgo español, es uno de los autores más conocidos de la literatura universal. Su aportación fue de tal volumen y calidad que el mismo Miguel de Cervantes Saavedra lo llamó “Monstruo de naturaleza”; también es conocido como el “Fénix de los Ingenios” y fue tan extensa su obra que se conocen de él 3,000 sonetos, tres novelas, nueve epopeyas y cientos de comedias ¿Cómo pudo crear tanto en tan poco tiempo? Si ese vertiginoso ritmo de vida dedicado a la escritura lo transpolamos a nuestros días, nos sentimos verdaderamente avasallados con aquellos autores de libros de cualquier disciplina o rama del saber humano, cuyo curriculum destaca de manera impresionante una generosa cantidad de libros publicados y de intervenciones en otros libros y revistas indexadas en calidad de coautores.
Leer es sumamente grato. Contribuye a la salud mental. Es un hábito o un hobby que facilita mantener una amena conversación. Pero como todo en la vida, hay que hacerlo con moderación.
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