Los futuros médicos.
En las últimas semanas asistí a dos solemnes ceremonias de fin del curso escolar del 5º año de la licenciatura de medicina; fue la feliz conclusión de cinco años de estudios teóricos y prácticos en las aulas de las Facultades de Medicina y Cirugía y en los campos clínicos de los hospitales del sector salud de la ciudad; 433 alumnos, 203 de la Universidad Regional del Sureste y 230 de la Universidad Autónoma Benito Juárez de Oaxaca. En cada uno de esos eventos sus organizadores hicieron gala de un excelente programa en el que destacaron los mensajes de los directores de los respectivos planteles, del alumno más destacado, hombre o mujer, a nombre de la generación, de un profesor distinguido y de la máxima autoridad universitaria, además de las bellísimas interpretaciones musicales que animaron gratamente el ambiente de cada mañana en los auditorios seleccionados. No faltó algún acto simbólico como el que los estudiantes se colocaran su bata, la entonación del himno de la Facultad o de la Universidad y la toma de protesta a los mismos, luego de la lectura del famoso Juramento Hipocrático. Como ocurre en estos casos, los jóvenes se vieron acompañados en un lugar especial por parte de sus orgullosos y satisfechos padres, familiares o de alguna amistad, con quienes se tomaron varias fotografías.
Me llamó la atención que no faltó quien al hacer uso de la palabra se dirigiera a los alumnos nombrándolos como médicos, cuando no lo son todavía, quizá lo hicieron con el noble objetivo de estimularlos y con ello reconocer su empeño y dedicación escolar, pero la realidad es que apenas cumplieron con una etapa de su formación y aunque su record escolar ampara la totalidad de las materias del plan de estudios de su Facultad y de que durante los últimos dos años asistieron a un Hospital para continuar su formación teórica de las materias llamadas clínicas, todavía no son médicos ni se les debe llamar así. Es verdad que además de la teoría en las aulas de los Hospitales sus profesores de alguna manera los introducen a la práctica de su especialidad, pero ningún alumno de 5º año podría ejercer la profesión médica, porque no dispone del suficiente soporte o andamiaje de la praxis que solo se obtiene al lado de los múltiples pacientes que son atendidos en los servicios de las especialidades básicas y complementarias y con la diaria enseñanza, supervisión y evaluación del personal médico, paramédico y de otros trabajadores de la salud. De ahí la trascendencia del internado médico de pregrado en la red de hospitales del sector público del país, etapa con duración de 12 meses y que constituye el sexto año de la licenciatura.
El internado de pregrado es el primer contacto con la realidad que tiene un alumno que recién terminó el 5º año, porque ya no asistirá per se a las clases teórico prácticas; así sucede en las 130 Facultades y Escuelas de Medicina, públicas y privadas de la República Mexicana, en donde la relación del alumno con el aula e instalaciones complementarias del proceso enseñanza aprendizaje de esa licenciatura solo dura en promedio tres años, pues en los dos siguientes los futuros médicos son rotados en nosocomios de segundo y tercer nivel, y en sus aulas reciben, como ya señalé, las materias del área clínica por especialistas adscritos a tales hospitales; en estos, de algún modo comienzan a vivir la experiencia de moverse y actuar en sus distintos servicios, de conocer su organización, funcionamiento, instalaciones y equipamiento, y a ver como algo común el continuo flujo de pacientes y de sus familiares, así como el trabajo en equipo de los trabajadores de la salud. En el Internado los alumnos fortalecen conocimientos y adquieren habilidades y destrezas; obtienen una gran experiencia clínica. Una vez concluido continúa el Servicio Social Profesional, el cual dura también un año. Es la última etapa en la formación del futuro médico, en la que ya solo, tiene que actuar como tal; casi siempre contará con el apoyo de una enfermera general de base. En el ínterin o al final podrá presentar su examen profesional, y con el título y su cédula profesional ahora sí es un nuevo profesional de la medicina. Esa es la realidad; mi sugerencia es que no hay que apartarse de ella.
Me llamó la atención que no faltó quien al hacer uso de la palabra se dirigiera a los alumnos nombrándolos como médicos, cuando no lo son todavía, quizá lo hicieron con el noble objetivo de estimularlos y con ello reconocer su empeño y dedicación escolar, pero la realidad es que apenas cumplieron con una etapa de su formación y aunque su record escolar ampara la totalidad de las materias del plan de estudios de su Facultad y de que durante los últimos dos años asistieron a un Hospital para continuar su formación teórica de las materias llamadas clínicas, todavía no son médicos ni se les debe llamar así. Es verdad que además de la teoría en las aulas de los Hospitales sus profesores de alguna manera los introducen a la práctica de su especialidad, pero ningún alumno de 5º año podría ejercer la profesión médica, porque no dispone del suficiente soporte o andamiaje de la praxis que solo se obtiene al lado de los múltiples pacientes que son atendidos en los servicios de las especialidades básicas y complementarias y con la diaria enseñanza, supervisión y evaluación del personal médico, paramédico y de otros trabajadores de la salud. De ahí la trascendencia del internado médico de pregrado en la red de hospitales del sector público del país, etapa con duración de 12 meses y que constituye el sexto año de la licenciatura.
El internado de pregrado es el primer contacto con la realidad que tiene un alumno que recién terminó el 5º año, porque ya no asistirá per se a las clases teórico prácticas; así sucede en las 130 Facultades y Escuelas de Medicina, públicas y privadas de la República Mexicana, en donde la relación del alumno con el aula e instalaciones complementarias del proceso enseñanza aprendizaje de esa licenciatura solo dura en promedio tres años, pues en los dos siguientes los futuros médicos son rotados en nosocomios de segundo y tercer nivel, y en sus aulas reciben, como ya señalé, las materias del área clínica por especialistas adscritos a tales hospitales; en estos, de algún modo comienzan a vivir la experiencia de moverse y actuar en sus distintos servicios, de conocer su organización, funcionamiento, instalaciones y equipamiento, y a ver como algo común el continuo flujo de pacientes y de sus familiares, así como el trabajo en equipo de los trabajadores de la salud. En el Internado los alumnos fortalecen conocimientos y adquieren habilidades y destrezas; obtienen una gran experiencia clínica. Una vez concluido continúa el Servicio Social Profesional, el cual dura también un año. Es la última etapa en la formación del futuro médico, en la que ya solo, tiene que actuar como tal; casi siempre contará con el apoyo de una enfermera general de base. En el ínterin o al final podrá presentar su examen profesional, y con el título y su cédula profesional ahora sí es un nuevo profesional de la medicina. Esa es la realidad; mi sugerencia es que no hay que apartarse de ella.
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