Obras inconclusas de los Servicios de Salud de Oaxaca.

El pasado cuatro de junio, en la página 16 de la primera sección de Noticias <Voz e imagen de Oaxaca>, se publicó la magnífica entrega periodística de Nadia Altamirano Díaz con el siguiente encabezado: “Desahucian a 45 obras hospitalarias”, y añade: … “Edificadas sin ton ni son y algunas en lugares de alto riesgo; solo 30 podrían concluirse”, refiriéndose a nuestro Estado, pero también se menciona la situación que prevalece a nivel nacional y estatal con respecto a la posibilidad real de retomar la construcción de establecimientos de salud de primer y segundo nivel de atención, añadiéndose el subtítulo: “Reconstruirlos, inviable: SS Federal”. A mayor detalle, lacónicamente se informa que existen 326 obras inconclusas en el país, pero de ellas los trabajos no pueden continuar en 160 porque no disponen de lo mínimo indispensable (37 hospitales y 123 centros de salud), y que de las obras de Oaxaca que fueron registradas ante la Secretaría de Salud Federal solo podrían terminarse 4 hospitales y 26 centros de salud, aunque hasta la fecha no existe ninguna garantía de que ello proceda por parte del gobierno federal.

Lo que sucedió en Oaxaca, en el docenato comprendido entre los años 2005 al 2016, fue una especie de interés político incontrolable por ampliar la infraestructura de los Servicios de Salud de Oaxaca; actos de buena fe, posiblemente, pero con resultados que únicamente nos conducen a inferir que algo falló de manera contundente en alguna fase del proceso de gestión para poder construir, equipar y poner en operación tales obras: ¿La etapa de planeación con la elaboración del expediente técnico, que incluye un diagnóstico integral? ¿La selección apropiada del terreno y su donación formal por parte de la autoridad municipal? ¿La aprobación de la Dirección General de Planeación y Desarrollo en Salud de la Secretaría del Ramo? ¿La autorización oficial de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público, una vez que la Cámara de Diputados hubiera aprobado el presupuesto de egresos de la federación, con la correspondiente confirmación del Senado de la República? Al no haber ninguna certeza o garantía de autorización federal para proceder a construir cualquier obra, nunca se debió colocar la famosa “primera piedra”. El viejo refrán “Si te digo que la burra es parda es porque tengo los pelos en la mano”, en este caso debe interpretarse como: si no existen los recursos presupuestales de una sola vez o por etapas, para una determinada obra hasta su conclusión y operación, incluidos su equipamiento, gasto corriente y plantilla de recursos humanos (esta última por lo menos para el arranque de actividades), no se debe recurrir a actos de simulación ante la sociedad, sea esta del área urbana o del área rural, pues terminan, dichos eventos, por enardecer a la población al sentirse defraudada por el engaño, con el lógico descrédito y pérdida de la confianza hacia las autoridades involucradas de los tres órdenes de gobierno. En síntesis, no es ético actuar de esa manera.

Por otra parte, la selección del sitio para construir un establecimiento de salud no debe ser producto de la ocurrencia de alguien que no sabe, pues una decisión errónea que no es detenida por los profesionales y técnicos con probados conocimientos y experiencia en la materia, puede llevar a que las obras se suspendan y queden inconclusas, convirtiéndose el hecho en un verdadero fracaso de la administración en turno e injustamente en un derroche de los recursos ejercidos, como se desprende de la nota periodística que ha servido de base para expresar estos comentarios.

Hace casi 10 años, comenté en mi artículo “Los hospitales de atención materna infantil: ¿Una solución?” (Diario Despertar. Septiembre 02 del 2009), que, “salvo un crecimiento a futuro de este tipo de unidades, no es posible esperar de ellos una mayor capacidad de resolución, como sucede con un hospital que dispone de un mínimo de 30 camas y una plantilla tipo de arranque, por lo menos de 150 trabajadores, médicos, paramédicos y administrativos”, refiriéndome a las múltiples obras en proceso en ese entonces. En conclusión, es inadmisible seguir construyendo “elefantes blancos”.

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