Los indigentes en la Ciudad de Oaxaca.

El término indigente generalmente se refiere a toda aquella persona con escasez de recursos para vivir o que de plano no los posee, hallándose en la pobreza extrema, en la miseria, en el fondo de la sociedad; también se le considera como desheredado de todo bien físico, menesteroso que ronda en esta vida como un paria sin destino, una escoria o lacra humana sin futuro, que vaga dando lástima, excluido del resto de sus congéneres, considerándose que por su situación ha perdido la dignidad. Hay algo más, en su inmensa mayoría vive en el abandono y en la más terrible soledad.

La subsistencia de los indigentes depende del tipo de que se trate. Los pedigüeños por medio de lo que colectan en el día a día, es decir, a base de la caridad de quienes se conduelen de su paupérrima situación; otros, son alcohólicos o adictos a drogas ilícitas, o consumidores consuetudinarios de ambos; estos suelen integrarse en lo que se conoce como “escuadrón de la muerte”, pero no es raro que deambulen y pernocten solos y también sobrevivan a base de la limosna que solicitan o del producto de actividades tales como las que realizan en los cruceros del tráfico vehicular, y otro grupo lo integran los indigentes que sufren de algún trastorno mental, los que francamente se dedican a la “pepena” de bebidas y alimentos, muchas veces en estado de descomposición, los que buscan en tiraderos de basura, aunque no faltan quienes de plano exigen su diario sustento a los propietarios de establecimientos de alimentos fijos, semifijos o móviles.

Se desconoce con precisión la magnitud de la indigencia en la capital del Estado; Ivonne Mateo (NVI Noticias 04 de febrero del 2018) manejó que “se esconden” en nuestra ciudad 300 desamparados sociales con la connotación de indigente. La realidad es que podemos verlos en el Centro Histórico, en la Central de Abasto, en los parques públicos como el Jardín Antonia Labastida o en El Llano, recostados durante la noche o muy de mañana en un espacio a la entrada del estacionamiento de las terminales de autobuses o en el quicio de algún comercio de la Calzada Porfirio Díaz a una cuadra del Hospital General “Dr. Aurelio Valdivieso”, y en cualquier colonia de la periferia de la ciudad. Malolientes, descalzos, con vestimenta sucia y hecha jirones, algunos de ellos mostrando su cuerpo semidesnudo, los varones y las mujeres con el cabello crecido y apelmazado, y los primeros con la barba desaliñada, vagando aparentemente sin rumbo fijo, algunos balbuceando o expresando incoherencias, otros más portándose agresivos con quienes se cruzan en su camino. Su deplorable presencia causa temor o miedo entre los transeúntes, sobre todo a las mujeres y niños, quienes evitan en lo posible toparse con ellos.

En nuestro medio es muy variado el comportamiento hacia dichas personas; de entrada son estigmatizadas, discriminadas y se les ve y trata con indiferencia y hasta con asco. Los que les brindan algún alimento lo hacen por un sentido humanitario, pero son los menos. Es muy frecuente que se les considere como un “elemento nocivo” que daña la imagen de una ciudad eminentemente turística. Y es que efectivamente, los indigentes que recorren el andador turístico, o se aposentan en la Alameda de León o en la Plaza de Armas, dejan mucho que desear ante los visitantes locales, nacionales o del extranjero, pero hay que reflexionar que la posible molestia del turismo se enfoca, sin lugar a dudas, a la carencia de acciones de las dependencias gubernamentales relacionadas con el bienestar social, las que no quieren “echarse ese trompo a la uña”.

En realidad se necesita un programa de atención integral que brinde a los indigentes alojamiento, alimentación, higiene corporal, ropa y calzado, entretenimiento, atención médica, psicológica y dental, inclusión en actividades manuales o artesanales y, en cuanto sea posible, su reinserción a su núcleo familiar. Sugiero que el gobierno del Estado establezca con la iniciativa privada la manera de allegarse fondos, de formalizar un club de patrocinadores o en su defecto la instalación y funcionamiento de un patronato benefactor. ¿Alguien tiene otra solución a este problema de salud pública?

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