La basura en las esquinas.
La práctica social de desprenderse de los desechos domésticos conocidos popularmente como basura, colocándolos en una esquina de determinada calle, es muy común en nuestra ciudad. Generalmente se lleva a cabo la noche previa al paso del transporte recolector, que cubre su ruta desde que casi amanece. Donde vivo, el servicio generalmente es cada tercer día, aunque hace tiempo se incluyó también el domingo. Mientras no exista ningún impedimento para que dicho servicio se cumpla religiosamente como comento, por ejemplo cuando hay bloqueos en la ciudad de cualquier tipo y organización social, o en la entrada del tiradero municipal, o por porque la unidad de motor se encuentra en reparación, el sitio donde se acumula la basura por parte de los vecinos francamente queda “limpio” de toda clase de desechos, porque los trabajadores del transporte recolector se encargan con rapidez de despejar la respectiva esquina, luego de separar los desechos inorgánicos para su posterior reciclaje. Es verdad que al toque de la campana que anuncia el arribo del mencionado servicio también hay vecinos que salen de sus domicilios para llevar su “basura” de manera personal y de esa forma se complementa el cumplimiento social de mantener los hogares libres de desechos orgánicos e inorgánicos.
En ciertas esquinas incluidas en la ruta del transporte recolector, los vecinos que se sienten afectados por la acumulación temporal de la basura, han colocado una lona en la que aparece el mensaje por el que se exhorta a evitar que se ocupe ese sitio para depositarla ahí; en algunos casos se ha llegado a incluir en el texto del mensaje alguna frase como: “No sea…” acompañado de la imagen de un cerdo, o “demuestre su educación y su cultura”; además, se agrega la advertencia de que hay cámaras ocultas que captan la imagen del supuesto infractor, para poder delatarlo ante las autoridades municipales o que éstas lo sancionarán, de acuerdo a una determinada ley o reglamento. La realidad es que no siempre se cumple el justo reclamo del o de los vecinos que se dicen y se sienten afectados, porque el vecindario hace caso omiso de tales mensajes.
Esa situación sí constituye un problema de salud pública, asunto toral del saneamiento básico, porque aunque la basura, especialmente la orgánica, permanezca solo unas cuantas horas durante la noche hasta que es retirada por el servicio de limpia municipal, en ese lapso suceden varios hechos, entre los que destacan la arribazón de cucarachas que proceden de las casas y lotes cercanos; obviamente no “brotan” ahí por generación espontánea, pues algunas personas que no saben de la vida y obra de ilustre sabio francés Luís Pasteur, que desechó esa falsa idea antes de terminar el siglo XIX, así lo creen y lo divulgan, pero lo que sí es cierto es que al retornar a los domicilios esos insectos, continuarán su reproducción, y por consiguiente las molestias sanitarias y daños que afectan la salud de la población si no se las contrala o elimina. No es de extrañar que también hagan presencia algunos roedores, los que al igual que las cucarachas, regresan a sus respectivos nichos una vez que se alimentaron de las sobras; a la vez, con la luz solar aparecen las moscas, portadoras de gérmenes. Y son los perros, sin control alguno, los que se encargan de hacer pedazos las bolsas de basura y diseminarla, lo que facilita el alimento para los mencionados comensales, además de procurarse el de ellos mismos. Lo dicho, resulta que se ha vuelto una costumbre, en parte porque los propios trabajadores del servicio de limpia lo han permitido, pero si ellos se atreven a no llevarse la basura depositada en las esquinas y únicamente la que lleven los vecinos por su cuenta al camión, se generaría otro problema social de grandes dimensiones, por el descontento del vecindario acostumbrado a la práctica antes señalada. La corrección de esa situación le corresponde a la autoridad municipal, pero no con amenazas de cualquier tipo de sanción, sino con un programa integral que comprenda educación en salud a la ciudadanía, manejo y depósito adecuado de los desechos, capacitación de los trabajadores de limpia y, ahora sí, la implementación de medidas conducentes a sancionar a los infractores.
En ciertas esquinas incluidas en la ruta del transporte recolector, los vecinos que se sienten afectados por la acumulación temporal de la basura, han colocado una lona en la que aparece el mensaje por el que se exhorta a evitar que se ocupe ese sitio para depositarla ahí; en algunos casos se ha llegado a incluir en el texto del mensaje alguna frase como: “No sea…” acompañado de la imagen de un cerdo, o “demuestre su educación y su cultura”; además, se agrega la advertencia de que hay cámaras ocultas que captan la imagen del supuesto infractor, para poder delatarlo ante las autoridades municipales o que éstas lo sancionarán, de acuerdo a una determinada ley o reglamento. La realidad es que no siempre se cumple el justo reclamo del o de los vecinos que se dicen y se sienten afectados, porque el vecindario hace caso omiso de tales mensajes.
Esa situación sí constituye un problema de salud pública, asunto toral del saneamiento básico, porque aunque la basura, especialmente la orgánica, permanezca solo unas cuantas horas durante la noche hasta que es retirada por el servicio de limpia municipal, en ese lapso suceden varios hechos, entre los que destacan la arribazón de cucarachas que proceden de las casas y lotes cercanos; obviamente no “brotan” ahí por generación espontánea, pues algunas personas que no saben de la vida y obra de ilustre sabio francés Luís Pasteur, que desechó esa falsa idea antes de terminar el siglo XIX, así lo creen y lo divulgan, pero lo que sí es cierto es que al retornar a los domicilios esos insectos, continuarán su reproducción, y por consiguiente las molestias sanitarias y daños que afectan la salud de la población si no se las contrala o elimina. No es de extrañar que también hagan presencia algunos roedores, los que al igual que las cucarachas, regresan a sus respectivos nichos una vez que se alimentaron de las sobras; a la vez, con la luz solar aparecen las moscas, portadoras de gérmenes. Y son los perros, sin control alguno, los que se encargan de hacer pedazos las bolsas de basura y diseminarla, lo que facilita el alimento para los mencionados comensales, además de procurarse el de ellos mismos. Lo dicho, resulta que se ha vuelto una costumbre, en parte porque los propios trabajadores del servicio de limpia lo han permitido, pero si ellos se atreven a no llevarse la basura depositada en las esquinas y únicamente la que lleven los vecinos por su cuenta al camión, se generaría otro problema social de grandes dimensiones, por el descontento del vecindario acostumbrado a la práctica antes señalada. La corrección de esa situación le corresponde a la autoridad municipal, pero no con amenazas de cualquier tipo de sanción, sino con un programa integral que comprenda educación en salud a la ciudadanía, manejo y depósito adecuado de los desechos, capacitación de los trabajadores de limpia y, ahora sí, la implementación de medidas conducentes a sancionar a los infractores.
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