Se incrementa la cremación en nuestro país

De acuerdo con la iniciativa con proyecto de decreto por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley General de Salud en materia de incineración de restos humanos y animales, propuesta en el Senado de la República el dos de octubre del 2018, la cremación o incineración de cuerpos y restos humanos o animales muertos, es entendida como el proceso de reducción en cenizas, llevada a cabo en un lugar denominado crematorio. En México, la incineración de un individuo formaba parte del ritual prehispánico, pero a partir de la conquista por los españoles dicha práctica fue prohibida. Así estaba establecido en Europa, fundamentalmente por motivos religiosos. En Francia se trató de revivir la incineración y en la reunión del Consejo de los Quinientos el 21 de noviembre de 1797, se discutió el proyecto de que todo hombre fuera libre de quemar los cadáveres de sus deudos. Esa petición fue aprobada por el Departamento del Sena en 1799, pero fue abolida en 1807; sin embargo, la necesidad de incinerar los cadáveres de los fallecidos en batalla obligó a que durante el Congreso Médico de Florencia en 1869 se aprobara esta iniciativa. Tiempo después, el Congreso italiano aprobó la legislación de la cremación con la sola condición de que se obtuviera el permiso del Consejo Superior de Salubridad. El 23 de enero de 1874 muere en Italia el Barón Keller dejando en su testamento la voluntad de ser incinerado y con ese motivo destinó diez mil francos para la construcción de un horno crematorio. A partir de entonces se difundió en el mundo esta práctica.

De regreso a nuestro país, en el año de 1877 el Consejo Superior de Salubridad autorizó la incineración de animales muertos, para evitar que fueran consumidos por indigentes o que se transformaran en focos de “emanaciones pútridas”. Años después, la cremación de cadáveres humanos fue bien recibida en México por tres razones: la corriente higienista que insistía en la necesidad de evitar focos de “emanaciones pútridas o miasmáticas” y, más tardíamente, por la influencia de la teoría bacteriana, que buscó la eliminación de las fuentes productoras de microorganismos; una segunda razón fue la localización de los cementerios en la ciudad de México y la característica de su suelo, la mayor parte constituido por tepetate, y un tercer elemento era que los panteones ocupaban una extensión cada vez mayor de terreno y con ello se acercaban los peligros a su existencia. En los albores del siglo XIX la inhumación tomó un nuevo camino, al considerar que no era posible ni deseable continuar enterrando a los muertos debajo del piso de los templos, en donde, por el subsuelo lodoso, el olor de los cuerpos en descomposición alcanzaba proporciones alarmantes. En ese sentido, el Consejo Superior de Salubridad estableció las normas higiénicas y la reglamentación en el manejo de los cadáveres.

El primer horno crematorio en nuestro país fue inaugurado por el Dr. Eduardo Liceaga en febrero de 1909, en el Panteón de Dolores en la ciudad de México. Desde la fecha de su edificación hasta el año de 1919 se habían efectuado 18,160 cremaciones. En 1917 se incluye en el Código Sanitario la legislación que autorizaba la práctica de la cremación. Actualmente, existen 2,900 funerarias en el país, y según sus estimaciones, el 60% son informales y solo entre el 20 y el 30 % cumplen con estándares de calidad. La incineración de cada cadáver dura aproximadamente dos horas y el peso de las cenizas asciende a alrededor de 3 kg. La temperatura que se genera en el interior del horno es de 1,200 a 1,500 grados centígrados.

A partir de 1983, fecha en que se adecuó el Código de Derecho Canónico, la Iglesia Católica aprobó la cremación de cadáveres, pero otras religiones no la aceptan. Según Alberto Patiño Ramírez, Coordinador del Programa de Terapia Breve de la licenciatura de Psicología de la FES Zaragoza, “Hoy día, las personas buscan reducir el dolor y la molestia. Este alejamiento rápido, ilusoriamente, les permite sentir que no hay un duelo tan profundo, aunque en ocasiones es contraproducente”.

En la actualidad hasta 8 de cada 10 personas optan por la cremación. Yo ya la elegí para cuando llegue el día ¿y Usted?

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