Feminicidio: México en crisis social.
El sábado 02 de octubre del 2015, se publicó en esta columna “Homicidios en México, ¿Signo de decadencia de nuestra sociedad?”, en el que comenté el gravísimo problema que estábamos enfrentando todos los días en la mayor parte del país. Vuelvo a recordar algo de lo que expresé hace casi cuatro años. … “La sensación que priva en la mayor parte de la República Mexicana es de una alarmante inseguridad, producto de la impresionante cantidad de delitos de diversa índole que ocurren a todas horas del día y de la noche, con y sin lujo de violencia, ¡en todas partes!, pero lo que más nos causa temor es la posibilidad de ser víctimas de un atentado a nuestra existencia, o a que nos asesinen por “quítame estas pajas”. Al respecto, todos los días los medios masivos de comunicación, particularmente la prensa escrita, nos informan en su página policiaca o de nota roja, los crímenes que ocurrieron en las últimas 24 a 72 horas en nuestra ciudad, en alguna región del Estado, en el país y en el mundo. Tales homicidios se perpetran a sangre fría, delante de la propia familia e incluso con tortura, exceso de crueldad y actos perversos; en muchos casos no falta el tiro de gracia para garantizar que la víctima fallezca. Pareciera que ya nada nos asusta ni impresiona, y que lo que ocurre es normal en las sociedades actuales; algunos expresan que es producto de la sobrepoblación; otros aducen que es por carencia de valores de quienes obran de manera violenta; otros más agregan que por falta de empleo y que éste, es un efecto de la misma sobrepoblación; por supuesto que un elevado porcentaje de ciudadanos considera, con razones bien fundadas, que mucho tienen que ver los cárteles de la mafia; los hay que de manera simplona creen que los criminales ejecutan a sus víctimas porque tienen una escuela en cierto tipo de películas y en la televisión; asimismo, existe la idea de que es producto de nuestra idiosincrasia…
Y continúa: … “Existen comentarios en relación a que las actuales generaciones provienen de hogares desintegrados, al incremento significativo de divorcios, al aumento de parejas que viven en unión libre y luego se separan, a la deficiente formación de los hijos en el hogar, al hecho de que ambos cónyuges trabajan y sus retoños se crían desde recién nacidos en guarderías, a la carencia cada vez mayor de falta de comunicación entre los integrantes de la familia, a la deficiencia de la educación escolar en todos los niveles, a la desaparición de la materia de Civismo que sirvió de mucho en la formación de generaciones como la mía; al incremento de los llamados “ninis”, etc. Fin de la cita.
Seguramente, amables lectores, estarán de acuerdo conmigo en que nada ha cambiado, antes al contrario, ha empeorado, porque la magnitud e impacto en todos los sentidos en relación a este escabroso asunto, se ha salido de control, por lo que algunos especialistas han denominado a nuestro país como “estado fallido” en materia de seguridad, pues es verdaderamente alarmante la tendencia ascendente de la mortalidad por homicidio. Y no hice ninguna referencia en cuanto a los miles de ciudadanos en calidad de desaparecidos, muchos de los cuales han sido hallados por las autoridades judiciales en infinidad de tumbas cavadas en múltiples sitios de la República. No comenté tampoco el porcentaje que han significado los homicidios causados a víctimas del sexo femenino, pero para ese año del 2015, ya no era nada nuevo lo que estaba ocurriendo; nada más hay que recordar a las llamadas “muertas de Juárez” y de los feminicidios que se relatan en un libro que se volvió best seller, refiriéndose en el mismo sólo a las víctimas en el estado de México. ¿Qué nos está pasando como sociedad?, pues el feminicidio no es privativo de un determinado estrato social. No puede afirmarse que es producto exclusivo de una sociedad machista. Lo que sí prevalece es que estamos inmersos en una sociedad en la que la vida no vale nada, una sociedad en la que muy probablemente abundan las armas de fuego en un porcentaje significativo en viviendas, autos y las que portan los individuos. Una sociedad carente de valores. Una sociedad en la que el temor a Dios ha quedado en el olvido. ¿Cómo abatir ese absurdo problema social de nuestro país?
Y continúa: … “Existen comentarios en relación a que las actuales generaciones provienen de hogares desintegrados, al incremento significativo de divorcios, al aumento de parejas que viven en unión libre y luego se separan, a la deficiente formación de los hijos en el hogar, al hecho de que ambos cónyuges trabajan y sus retoños se crían desde recién nacidos en guarderías, a la carencia cada vez mayor de falta de comunicación entre los integrantes de la familia, a la deficiencia de la educación escolar en todos los niveles, a la desaparición de la materia de Civismo que sirvió de mucho en la formación de generaciones como la mía; al incremento de los llamados “ninis”, etc. Fin de la cita.
Seguramente, amables lectores, estarán de acuerdo conmigo en que nada ha cambiado, antes al contrario, ha empeorado, porque la magnitud e impacto en todos los sentidos en relación a este escabroso asunto, se ha salido de control, por lo que algunos especialistas han denominado a nuestro país como “estado fallido” en materia de seguridad, pues es verdaderamente alarmante la tendencia ascendente de la mortalidad por homicidio. Y no hice ninguna referencia en cuanto a los miles de ciudadanos en calidad de desaparecidos, muchos de los cuales han sido hallados por las autoridades judiciales en infinidad de tumbas cavadas en múltiples sitios de la República. No comenté tampoco el porcentaje que han significado los homicidios causados a víctimas del sexo femenino, pero para ese año del 2015, ya no era nada nuevo lo que estaba ocurriendo; nada más hay que recordar a las llamadas “muertas de Juárez” y de los feminicidios que se relatan en un libro que se volvió best seller, refiriéndose en el mismo sólo a las víctimas en el estado de México. ¿Qué nos está pasando como sociedad?, pues el feminicidio no es privativo de un determinado estrato social. No puede afirmarse que es producto exclusivo de una sociedad machista. Lo que sí prevalece es que estamos inmersos en una sociedad en la que la vida no vale nada, una sociedad en la que muy probablemente abundan las armas de fuego en un porcentaje significativo en viviendas, autos y las que portan los individuos. Una sociedad carente de valores. Una sociedad en la que el temor a Dios ha quedado en el olvido. ¿Cómo abatir ese absurdo problema social de nuestro país?
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