Fosas “clandestinas”.

Por más de un siglo, podría decirse que a partir de septiembre de 1810 hasta el término de la tercera década del siglo XX, el territorio nacional se vio envuelto en infinidad de hechos violentos en los que perdieron la vida millones de individuos, hombres y mujeres, niños, jóvenes y adultos de todos los estratos de la sociedad. Primero, por el movimiento armado cuyo principal líder fue el cura Don Miguel Hidalgo y Costilla, lucha que se prolongó por más de una década hasta que Agustín de Iturbide firmó el tratado de Córdova con el último virrey, Don Juan O´Donojú, con el que se acordaba la independencia del país ibérico. Luego del fusilamiento y defenestración de Iturbide, que antes se hizo coronar emperador, nacimos como República federal, pero la lucha por el poder de las múltiples facciones y luego el arribo del primer dictador de México, Antonio López de Santa Anna, condicionó infinidad de hechos de sangre, los que se acrecentaron cuando el ejército de los Estados Unidos de América nos invadió en el periodo de 1846-1848, y luego en la llamada guerra de Reforma, cuando quiérase o no, tuvimos dos presidentes de manera simultánea, Don Benito Juárez y Miguel Miramón, de los cuales el primero tuvo que realizar su primer periplo fuera de la sede de los poderes de la Nación, recorrido que concluyó en 1860 cuando Juárez retornó a Palacio Nacional y Miramón tuvo que autoexiliarse en Europa.

Pero poco duró el supuesto periodo de paz con el gobierno de Juárez, pues, como todos sabemos, el país volvió a ser invadido, esta vez por el ejército de Francia, quien apuntaló la segunda monarquía, pero esta vez con un emperador nacido en una de las casas reales de Europa, Maximiliano de Habsburgo, quien junto con su esposa Carlota Amalia, aceptaron la aventura que los llevó al cataclismo de sus vidas. Ese periodo, entre 1862 y 1867 obligó a Juárez a su segundo trayecto del centro al norte de nuestro país y viceversa, tiñendo nuevamente de sangre, buena parte del territorio nacional, pero ahora también con la de los invasores caídos en situación de guerra. Los ejércitos de los llamados liberales ganaron sendas batallas a los franceses, sobre todo los comandados por el General Porfirio Díaz, hasta que Napoleón III ordenó el retorno de aquellos y terminaron fusilados Maximiliano, Miramón y Mejía. Volvió Juárez al poder máximo en Palacio Nacional pero el país no tuvo paz. Las revueltas estuvieron a la orden del día, como las que lideró Porfirio Díaz para llegar al poder, hasta que lo logró y luego de ello permaneció en él 30 años. Controló las guerrillas y grupos de bandoleros, y después sofocó toda clase de levantamientos contra su régimen, a base de actos de represión que significaron miles de muertos, aunque con ello el país sobrevivió en un aparente y prolongado periodo de paz y desarrollo, hasta que se inició la Revolución en 1910.

Partió al exilio Don Porfirio Díaz y después del asesinato de Francisco I. Madero y José María Pino Suárez, vino la gran lucha fratricida que trajo como consecuencia más de un millón de vidas perdidas. A todas luces resulta obvio que los millones de muertos no fueron sepultados en los diversos cementerios del país. Les encontraron acomodo, a la mayoría, en el sitio donde fueron privados de la vida; no pocas veces en enormes fosas comunes, de poca profundidad. A esto hay que agregar el depósito de quienes fallecieron durante las epidemias de Cólera. La pregunta obligada es: ¿Cuántas fosas “clandestinas” tenemos en México, donde descansan los restos mortales de los hechos señalados? Imposible saberlo. Ahora bien, actualmente se habla de más de 200 mil desaparecidos y se han encontrado, abierto e investigado decenas de fosas comunes. ¿Los investigadores están seguros de que los restos encontrados en estos últimos corresponden a eventos recientes? ¿Les han aplicado la prueba de datación del isótopo radioactivo Carbono 14 para determinar el periodo en que vivieron las supuestas víctimas recientes?

Parece ingenuo, pero si no se practicado dicha prueba bien pudiera darse una que otra equivocación y resulte que los restos óseos correspondan a individuos que fueron sepultados hace más de un siglo. ¿Qué les parece esta inverosímil y maquiavélica idea?

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