Guelaguetza 2020. Tres sugerencias.
Primero, es indispensable que la estatua de Don Benito Juárez y la base donde está colocada en el cerro de El Fortín, sean objeto de un trabajo de conservación y mantenimiento a la brevedad. En segundo término, reubicar a las fondas ambulantes que ocupan un espacio en el perímetro de la mencionada estatua y tercero, ofrecer un trato digno a las personas que acuden a la celebración de la magna fiesta de los oaxaqueños y que en las dos representaciones de cada “Lunes del Cerro” tienen que formarse por horas, para alcanzar un lugar de manera gratuita.
No es la primera vez que aprovecho la oportunidad de emitir algunas recomendaciones en esta mi columna semanal, dirigidas a la mejora de la imagen que debemos brindar durante la celebración de nuestra máxima fiesta, la Guelaguetza, que año con año, desde hace más de 8 décadas, se organiza en el cerro de El Fortín, y más específicamente en la llamada Rotonda de la Azucena, cuya construcción se debe a la gestión del Ingeniero Víctor Bravo Ahuja, entonces gobernador del estado.
La última vez que se publicó en Noticias, Voz e imagen de Oaxaca, uno de mis artículos sobre el particular, fue en la tercera semana del año 2014. En esa ocasión abordé el tema relacionado con la higiene de los alimentos que se consumen alrededor de la monumental Rotonda, asunto que corresponde verificar a la Dirección de Regulación y Fomento Sanitario de los Servicios de Salud de Oaxaca, de manera coordinada con su contraparte en el municipio de Oaxaca de Juárez. Pero ahora mi pretensión es otra, como puede colegirse por las tres sugerencias que ya me permití adelantarles.
Como en otros años, una vez más subí las tradicionales escaleras, hermoso pasaje que ahora lleva el nombre del ilustre Licenciado Rubén Vasconcelos Beltrán, extraordinario cronista de nuestra ciudad. Lo hice alrededor de las 8 horas del segundo Lunes del Cerro. Cada vez que lo hago, disfruto con la observación de todo lo que los vendedores ambulantes ofrecen a nuestros visitantes que acceden a la magna festividad; con el ambiente que se vive en ese sitio rodeado de sombrosos árboles desde la intersección del pasaje con la calle de Crespo y con la algarabía de las personas, que presurosas o no, van dejando atrás cada uno de los más de 100 escalones. Pero al llegar al paso subterráneo donde a derecha e izquierda puede uno seguir subiendo otras escaleras, para arribar a la explanada de la Rotonda, lamentablemente me encontré con el desagradable espectáculo de la basura acumulada, con lo que primeramente pensé que alguien no había hecho su trabajo para mantener ese espacio limpio, pulcro, inmaculado, y que ese alguien tampoco fue objeto de supervisión.
Dirigí mis pasos hacia el monumento a Don Benito Juárez, desde donde se admira una impresionante panorámica de la ciudad. Observé la estatua y su base piramidal y me dio vergüenza por el grado de abandono en que se encuentran; pero más pena volví a sentir cuando una vez más, sin el menor respeto, se permite la colocación de las fondas que, si bien ofrecen una muestra de nuestra exquisita gastronomía y no les va tan mal, porque se aprecia una buena cantidad de clientes, sin embargo, dichos puestos ambulantes deben colocarse en otro sitio para dejar libre ese espacio para que los visitantes reconozcan que los oaxaqueños le damos el valor que merece el más universal de los mexicanos.
Por último, descendí hacia el Hotel Fortín Plaza por toda la acotación de la carretera internacional y volví a conmoverme por todas esas personas formadas por horas, desafiando los rayos solares, en una extensa y serpenteante fila. Me dije, no puede ser que sigamos así, tan primitivos, esta gente requiere del mejor trato posible. Por ello, sugiero que un ente inteligente desarrolle, de manera práctica, un plan con estrategias que garanticen un elevado nivel de eficiencia, para evitar el año próximo que observemos escenas tan bochornosas como las descritas, situación de la que nadie se ha preocupado hasta el momento. Demos una demostración de eficiencia para el 2020 y demostremos que podemos superar nuestros atrasos y que nuestros visitantes, nosotros mismos, valoremos de manera integral la grandiosidad de nuestra Guelaguetza.
No es la primera vez que aprovecho la oportunidad de emitir algunas recomendaciones en esta mi columna semanal, dirigidas a la mejora de la imagen que debemos brindar durante la celebración de nuestra máxima fiesta, la Guelaguetza, que año con año, desde hace más de 8 décadas, se organiza en el cerro de El Fortín, y más específicamente en la llamada Rotonda de la Azucena, cuya construcción se debe a la gestión del Ingeniero Víctor Bravo Ahuja, entonces gobernador del estado.
La última vez que se publicó en Noticias, Voz e imagen de Oaxaca, uno de mis artículos sobre el particular, fue en la tercera semana del año 2014. En esa ocasión abordé el tema relacionado con la higiene de los alimentos que se consumen alrededor de la monumental Rotonda, asunto que corresponde verificar a la Dirección de Regulación y Fomento Sanitario de los Servicios de Salud de Oaxaca, de manera coordinada con su contraparte en el municipio de Oaxaca de Juárez. Pero ahora mi pretensión es otra, como puede colegirse por las tres sugerencias que ya me permití adelantarles.
Como en otros años, una vez más subí las tradicionales escaleras, hermoso pasaje que ahora lleva el nombre del ilustre Licenciado Rubén Vasconcelos Beltrán, extraordinario cronista de nuestra ciudad. Lo hice alrededor de las 8 horas del segundo Lunes del Cerro. Cada vez que lo hago, disfruto con la observación de todo lo que los vendedores ambulantes ofrecen a nuestros visitantes que acceden a la magna festividad; con el ambiente que se vive en ese sitio rodeado de sombrosos árboles desde la intersección del pasaje con la calle de Crespo y con la algarabía de las personas, que presurosas o no, van dejando atrás cada uno de los más de 100 escalones. Pero al llegar al paso subterráneo donde a derecha e izquierda puede uno seguir subiendo otras escaleras, para arribar a la explanada de la Rotonda, lamentablemente me encontré con el desagradable espectáculo de la basura acumulada, con lo que primeramente pensé que alguien no había hecho su trabajo para mantener ese espacio limpio, pulcro, inmaculado, y que ese alguien tampoco fue objeto de supervisión.
Dirigí mis pasos hacia el monumento a Don Benito Juárez, desde donde se admira una impresionante panorámica de la ciudad. Observé la estatua y su base piramidal y me dio vergüenza por el grado de abandono en que se encuentran; pero más pena volví a sentir cuando una vez más, sin el menor respeto, se permite la colocación de las fondas que, si bien ofrecen una muestra de nuestra exquisita gastronomía y no les va tan mal, porque se aprecia una buena cantidad de clientes, sin embargo, dichos puestos ambulantes deben colocarse en otro sitio para dejar libre ese espacio para que los visitantes reconozcan que los oaxaqueños le damos el valor que merece el más universal de los mexicanos.
Por último, descendí hacia el Hotel Fortín Plaza por toda la acotación de la carretera internacional y volví a conmoverme por todas esas personas formadas por horas, desafiando los rayos solares, en una extensa y serpenteante fila. Me dije, no puede ser que sigamos así, tan primitivos, esta gente requiere del mejor trato posible. Por ello, sugiero que un ente inteligente desarrolle, de manera práctica, un plan con estrategias que garanticen un elevado nivel de eficiencia, para evitar el año próximo que observemos escenas tan bochornosas como las descritas, situación de la que nadie se ha preocupado hasta el momento. Demos una demostración de eficiencia para el 2020 y demostremos que podemos superar nuestros atrasos y que nuestros visitantes, nosotros mismos, valoremos de manera integral la grandiosidad de nuestra Guelaguetza.
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