Con ejercicio, ¡Más de una vuelta a la Tierra!
En 1980, cuando tenía 32 años, me vi en la necesidad de visitar, en calidad de paciente, al Dr. Francisco Javier Rodal Canales, especialista en Medicina Interna. Tras la consulta y estudios básicos no me recetó ningún medicamento, sólo hizo incapié en tres recomendaciones: reducir mi peso corporal hasta los 70 kg, pues estaba ligeramente por arriba de los 80; limitar al máximo la ingesta de bebidas alcohólicas, sobre todo la cerveza y, de ser posible, eliminar el hábito de fumar cigarrillos. Cuando me vi precisado a visitarle mi vida era un torbellino, caracterizado por un ritmo excesivo de trabajo y constante estrés, situación que de alguna manera atenuaba al consumir cigarrillos durante el día y con el disfrute, los fines de semana, de la ingesta moderada de bebidas embriagantes por la noche. En materia de alimentos no guardaba cuidado alguno, de ahí que subiera de peso más de 8 kg en unos cuantos años. Mi vida era prácticamente sedentaria, pues no practicaba ningún deporte y los domingos pasaba buenas horas frente al televisor de la casa con comida “chatarra”. Todo ello había condicionado que mi salud se viera deteriorada y al sentirme mal tuve que acudir con un colega de la talla del Dr. Rodal Canales.
No lo pensé demasiado, al día siguiente de la consulta determiné no volver a fumar; no me costó ningún problema, a pesar de que fumaba desde los 17 años y aunque la intensidad se había elevado en fecha reciente. Luego, inicié un plan de entrenamiento progresivo a base de caminar y trotar diariamente a muy temprana hora; mi horario preferido fue a partir de las seis de la mañana, cuando todavía no amanecía. Se volvió una obsesión, a tal grado que comencé a llevar una bitácora donde anotaba la cantidad de kilómetros recorridos cada día. Desde un principio el ejercicio me ocupó toda la semana, de lunes a domingo y posteriormente incluí días feriados, hasta el 25 de diciembre y el 1º de enero. La práctica de este deporte individual me condicionó un cambio radical en mis hábitos alimenticios y prácticamente abatí la ingesta de bebidas alcohólicas, de tal suerte que de bebedor social prácticamente me volví abstemio, pues no podía concebir el ejercicio con los excesos que me habían caracterizado alrededor de los 30 años de edad. Gracias a ello, volví a recuperar mi peso ideal, sintiéndome extraordinariamente bien de salud, física y mental. Si bien es cierto que tomé cierto interés en participar en competencias como la carrera anual del Día del Médico, nunca me motivó ocupar uno de los primeros lugares para obtener un trofeo; siempre lo hice por la satisfacción de hacer lo que me gusta y me mantiene saludable.
Tomé con tanta pasión mi diaria rutina, lloviera o relampagueara, que no solo la he practicado en distintos sitios de nuestra Ciudad: Los parques El Llano, Luis Donaldo Colosio, El Tequio, el frustrado libramiento norte, los viveros de San Felipe del Agua, mi rondín por la Colonia Reforma y los centros deportivos Venustiano Carranza y Colonia Las Flores; pero la cosa no paró ahí, pues en mis constantes viajes de comisión oficial al interior del estado y del país, siempre aproveché para ejercitarme a hora muy temprana, para lo cual añadí a mi equipaje todos mis implementos de entrenamiento. Así es que tuve la satisfacción de hacerlo en Huajuapan de León, Puerto Escondido, Salina Cruz, Juchitán, Tuxtepec, Huatulco, Tlaxiaco, entre otras ciudades locales, y fuera de la entidad casi en todos los sitios de playa: Acapulco, Ixtapa Zihuatanejo, Cancún, Puerto Vallarta, Mazatlán, Bahía de Kino, La Paz, Veracruz, Campeche, Tampico, Manzanillo, pero también en ciudades como el ex Distrito Federal (alrededor de la Alameda Central y en la Avenida Reforma), Puebla, Tlaxcala, Cuernavaca, Pachuca, Toluca, San Luís Potosí, Mérida, Zacatecas, Guadalajara, Monterrey, Querétaro, Guanajuato, Chetumal; incluso en Oaxtepec.
He calculado la cantidad de kilómetros recorridos desde 1980 hasta la fecha, es decir durante casi 39 años, y me asombro de haber sumado más de 50 mil, lo que quiere decir que fácilmente le podría haber dado ¡más de una vuelta a la tierra! (40,075 kms de circunferencia). Constancia y disciplina. ¡Cuando se quiere, se puede!
No lo pensé demasiado, al día siguiente de la consulta determiné no volver a fumar; no me costó ningún problema, a pesar de que fumaba desde los 17 años y aunque la intensidad se había elevado en fecha reciente. Luego, inicié un plan de entrenamiento progresivo a base de caminar y trotar diariamente a muy temprana hora; mi horario preferido fue a partir de las seis de la mañana, cuando todavía no amanecía. Se volvió una obsesión, a tal grado que comencé a llevar una bitácora donde anotaba la cantidad de kilómetros recorridos cada día. Desde un principio el ejercicio me ocupó toda la semana, de lunes a domingo y posteriormente incluí días feriados, hasta el 25 de diciembre y el 1º de enero. La práctica de este deporte individual me condicionó un cambio radical en mis hábitos alimenticios y prácticamente abatí la ingesta de bebidas alcohólicas, de tal suerte que de bebedor social prácticamente me volví abstemio, pues no podía concebir el ejercicio con los excesos que me habían caracterizado alrededor de los 30 años de edad. Gracias a ello, volví a recuperar mi peso ideal, sintiéndome extraordinariamente bien de salud, física y mental. Si bien es cierto que tomé cierto interés en participar en competencias como la carrera anual del Día del Médico, nunca me motivó ocupar uno de los primeros lugares para obtener un trofeo; siempre lo hice por la satisfacción de hacer lo que me gusta y me mantiene saludable.
Tomé con tanta pasión mi diaria rutina, lloviera o relampagueara, que no solo la he practicado en distintos sitios de nuestra Ciudad: Los parques El Llano, Luis Donaldo Colosio, El Tequio, el frustrado libramiento norte, los viveros de San Felipe del Agua, mi rondín por la Colonia Reforma y los centros deportivos Venustiano Carranza y Colonia Las Flores; pero la cosa no paró ahí, pues en mis constantes viajes de comisión oficial al interior del estado y del país, siempre aproveché para ejercitarme a hora muy temprana, para lo cual añadí a mi equipaje todos mis implementos de entrenamiento. Así es que tuve la satisfacción de hacerlo en Huajuapan de León, Puerto Escondido, Salina Cruz, Juchitán, Tuxtepec, Huatulco, Tlaxiaco, entre otras ciudades locales, y fuera de la entidad casi en todos los sitios de playa: Acapulco, Ixtapa Zihuatanejo, Cancún, Puerto Vallarta, Mazatlán, Bahía de Kino, La Paz, Veracruz, Campeche, Tampico, Manzanillo, pero también en ciudades como el ex Distrito Federal (alrededor de la Alameda Central y en la Avenida Reforma), Puebla, Tlaxcala, Cuernavaca, Pachuca, Toluca, San Luís Potosí, Mérida, Zacatecas, Guadalajara, Monterrey, Querétaro, Guanajuato, Chetumal; incluso en Oaxtepec.
He calculado la cantidad de kilómetros recorridos desde 1980 hasta la fecha, es decir durante casi 39 años, y me asombro de haber sumado más de 50 mil, lo que quiere decir que fácilmente le podría haber dado ¡más de una vuelta a la tierra! (40,075 kms de circunferencia). Constancia y disciplina. ¡Cuando se quiere, se puede!
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