Suicidio, fatal decisión.
Don Carlos, de 70 años de edad había quedado viudo dos años antes y en fecha reciente le diagnosticaron cáncer de colon, pero estaba tan avanzado que los médicos no esperaban que viviera más de seis meses, pero ese no era el único problema, pues nada más de enterarse de tan sombrío pronóstico se derrumbó estrepitosamente, porque de él dependía un hijo de casi 30 años, con una discapacidad que le impedía bastarse por sí solo; así es que al morir don Carlos, nadie se haría cargo de aquel. Una tarde, decidió terminar con la vida de su hijo, dándole un balazo en la nuca y luego introdujo el cañón del arma en su boca y ahí acabó todo. En otro sitio, Sergio, joven de 27 años, había pasado las últimas semanas en una profunda depresión, a tal grado que la anorexia le había llevado a perder más de 10 kilogramos y había amenazado con suicidarse. El joven insistió en volver con sus parientes en la ciudad donde había conocido a la novia, causante del desacuerdo de la madre de aquel, pues la futura “suegra” no la quería para su hijo. En un momento en que quedó solo tomó una soga y logró su propósito. Cuando sus familiares se dieron cuenta del hecho ya no había nada que hacer.
Pedro y Carmela, habían cumplido su 50 aniversario de bodas y ambos estaban cerca de las ocho décadas de su vida. Vivían solos en una casa de una sola planta, pues sus cuatro hijos se habían marchado años atrás para hacer su propia vida al haber formado su respectiva familia. Los vecinos los estimaban y estaban al tanto de ellos, pues los dos dedicaban parte de la mañana en arreglos de su jardín; a través de la reja de su hogar se podía observar su cotidiana actividad cada día. Sin embargo, de pronto ya no se les vio en ese sano entretenimiento. En un principio los vecinos pensaron que la pareja se había ido de vacaciones, aunque su automóvil permanecía estacionado en su cochera. Pero un olor fétido, un olor a descomposición, un olor a muerte, orilló a la intervención de la policía y al investigar el hogar de los ancianos encontró a ambos sentados en el asiento trasero de su automóvil; habían tomado la determinación de morir con la inhalación de gases tóxicos de este último; Pedro unió una manguera al tubo de escape y halló la manera de introducirla al auto. Solo bastó cerrar las ventanillas y encender el motor para que el gas cumpliera el efecto esperado por la pareja.
Braulio, hijo de un próspero empresario se convirtió, de la noche a la mañana en el heredero universal de la fortuna y de los negocios de su padre al morir este por un infarto fulminante; hijo único no supo aprovechar la oportunidad que le brindó la vida para acrecentar su patrimonio; en menos de un lustro dilapidó a manos llenas su enorme fortuna hasta declararse en bancarrota. Apesadumbrado por su terrible crisis financiera tomó un arma de fuego, la dirigió a su cabeza y con ello terminó abruptamente su vida. Otra fue la forma que escogió Silvia, de 28 años para suicidarse después de varios intentos fallidos. Su familia estaba consciente de las ideas suicidas de la joven y varias veces lograron evitar que se matara; ella padecía Lupus Eritematoso Sistémico cuya sintomatología la había llevado a crisis recurrentes de depresión, agravada esta por el desafortunado pronóstico de sobrevida de la enfermedad. Un día no lo pensó más, arrojándose al vacío desde el séptimo piso del edificio de departamentos donde vivía con su familia.
Poderosos fueron los motivos para que los suicidas tomaran tan drástica decisión, nublándoseles la razón de su existencia. ¿Las muertes eran prevenibles? Posiblemente, pero en su momento fue la solución desesperada de los implicados. Según la OMS cada año se registran cerca de 800 mil suicidios, siendo la segunda causa de defunción en el grupo de edad de 15 a 29 años. Las causas son múltiples y no es nada fácil el manejo de un suicida en potencia. La realidad es que es muy desgastante para las familias afectadas y sus efectos son devastadores cuando ocurre. De cualquier manera, este 10 de septiembre la propia OMS hizo un nuevo llamado a todos los países para fortalecer las acciones de prevención, pero se requiere un manejo integral del paciente y de las personas cercanas a él, con personal profesional especializado, y mucha paciencia.
Pedro y Carmela, habían cumplido su 50 aniversario de bodas y ambos estaban cerca de las ocho décadas de su vida. Vivían solos en una casa de una sola planta, pues sus cuatro hijos se habían marchado años atrás para hacer su propia vida al haber formado su respectiva familia. Los vecinos los estimaban y estaban al tanto de ellos, pues los dos dedicaban parte de la mañana en arreglos de su jardín; a través de la reja de su hogar se podía observar su cotidiana actividad cada día. Sin embargo, de pronto ya no se les vio en ese sano entretenimiento. En un principio los vecinos pensaron que la pareja se había ido de vacaciones, aunque su automóvil permanecía estacionado en su cochera. Pero un olor fétido, un olor a descomposición, un olor a muerte, orilló a la intervención de la policía y al investigar el hogar de los ancianos encontró a ambos sentados en el asiento trasero de su automóvil; habían tomado la determinación de morir con la inhalación de gases tóxicos de este último; Pedro unió una manguera al tubo de escape y halló la manera de introducirla al auto. Solo bastó cerrar las ventanillas y encender el motor para que el gas cumpliera el efecto esperado por la pareja.
Braulio, hijo de un próspero empresario se convirtió, de la noche a la mañana en el heredero universal de la fortuna y de los negocios de su padre al morir este por un infarto fulminante; hijo único no supo aprovechar la oportunidad que le brindó la vida para acrecentar su patrimonio; en menos de un lustro dilapidó a manos llenas su enorme fortuna hasta declararse en bancarrota. Apesadumbrado por su terrible crisis financiera tomó un arma de fuego, la dirigió a su cabeza y con ello terminó abruptamente su vida. Otra fue la forma que escogió Silvia, de 28 años para suicidarse después de varios intentos fallidos. Su familia estaba consciente de las ideas suicidas de la joven y varias veces lograron evitar que se matara; ella padecía Lupus Eritematoso Sistémico cuya sintomatología la había llevado a crisis recurrentes de depresión, agravada esta por el desafortunado pronóstico de sobrevida de la enfermedad. Un día no lo pensó más, arrojándose al vacío desde el séptimo piso del edificio de departamentos donde vivía con su familia.
Poderosos fueron los motivos para que los suicidas tomaran tan drástica decisión, nublándoseles la razón de su existencia. ¿Las muertes eran prevenibles? Posiblemente, pero en su momento fue la solución desesperada de los implicados. Según la OMS cada año se registran cerca de 800 mil suicidios, siendo la segunda causa de defunción en el grupo de edad de 15 a 29 años. Las causas son múltiples y no es nada fácil el manejo de un suicida en potencia. La realidad es que es muy desgastante para las familias afectadas y sus efectos son devastadores cuando ocurre. De cualquier manera, este 10 de septiembre la propia OMS hizo un nuevo llamado a todos los países para fortalecer las acciones de prevención, pero se requiere un manejo integral del paciente y de las personas cercanas a él, con personal profesional especializado, y mucha paciencia.
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