José José, ¿Psicosis colectiva?

Las manifestaciones de duelo por el fallecimiento del talentoso cantante José Rómulo Sosa Ortiz, cuyo nombre artístico fue el de José José, no han sido producto de una ninguna psicosis colectiva, histeria de masa o de un comportamiento obsesivo colectivo. No son, tampoco, las experiencias observadas ante la conducta de los llamados fans de ciertos cantantes o grupos musicales, como lo fueron en su momento Elvis Presley, The Beatles y más recientemente Michael Jackson, en cuyas actuaciones las adolescentes gritaban eufóricas y no pocas caían desvanecidas en medio de una tremenda rebambaramba, en donde tenían que intervenir las fuerzas del orden. La llamada psicosis colectiva y sus otras denominaciones, solo se aplican cuando un grupo social se ve afectado temporalmente por un ataque de ansiedad o de pánico colectivo, el cual se expresa rápidamente con un efecto “dominó”, mediante una gran variedad de comportamientos o expresiones físicas y psíquicas, tales como temblores, convulsiones, desmayos, adormecimientos, risa incontrolable y menos frecuentemente hasta ceguera. Al respecto, Jay Salpekar, director del Programa Neuroconductual del Children´s National Medical Center de Washington, USA, ha expresado que la histeria colectiva es el resultado del estrés compartido antes de que se produzca la histeria, idea que también comparte otro experto en el tema, Simon Wessely, quien considera que el fenómeno es una reacción en cadena.

Volviendo al caso del llamado “Príncipe de la canción”, cuando falleció en un accidente aéreo Pedro Infante, en la Ciudad de Mérida, Yucatán, el 15 de abril de 1957, yo tenía ocho años de edad. Su trágico deceso antes de cumplir los 40, tuvo un impresionante impacto en la población de todo el país y fuera de él, pues a pesar de su juventud, el ídolo, nacido en Mazatlán, había consolidado una sólida trayectoria como cantante y actor, identificándose con él todas las clases sociales, de tal manera que sus actuaciones en el mundo de la cinematografía provocaban tumultos de taquilla en cada estreno, multitudes que posteriormente se desbordarían respetuosas a lo largo del cortejo fúnebre que lo despidió en las principales arterias viales de la Ciudad de México y que luego se volvieron difíciles de controlar en el interior del panteón Jardín, en donde fue sepultado su cuerpo. Mi madre, entonces de 26 años, nos encargó a mis hermanos y a mí con una vecina, para unirse a ese enjambre social, con el fin de observar en algún sitio el paso de la caravana mortuoria. Tal era el fenómeno de masas, fortalecido, como ahora, por los medios de comunicación.

Y así como fue el caso de Pedro Infante en México, también lo ha sido en otros países. Tal vez, el mayor movimiento de masas en el mundo ocurrió el cuatro de abril del 2005, en la Ciudad del Vaticano, cuando se desarrollaron las exequias por la muerte del Papa Juan Pablo II, Karol Jósef Wojtyla. Su fallecimiento, a los 85 años de edad, motivó que una inmensa riada humana inundara las calles para dar el último adiós a un Papa irrepetible. Los millones de asistentes a las imponentes honras fúnebres tuvieron que esperar hasta 20 horas, formados en una lenta marea que alcanzaba los 15 kilómetros de largo, en varias direcciones, para poder converger en una sola hilada y así llegar a la capilla ardiente, en una especie de cauce humano de diez metros de ancho y sin detenerse un segundo decirle adiós al Sumo Pontífice. De manera similar a otros acontecimientos de esa índole, miles de millones de personas de todo el mundo seguimos, minuto a minuto, la transmisión en directo de ese acto luctuoso. Pero dicho Papa también atrajo multitudes en vida, como sucedió en cada visita a nuestra nación. Y así ha sido con aquellos personajes cuya vida ha llegado a constituirse en un fenómeno social de gran magnitud, generalmente traspasando las fronteras del país donde nacieron. En México no son pocas las figuras cuya muerte ha causado un enorme impacto, generalmente han sido personajes del mundo del espectáculo, como Jorge Negrete, José Alfredo Jiménez, Agustín Lara, María Félix, Mario Moreno “Cantinflas”, y más recientemente Juan Gabriel. Ahora tenemos el caso de José José. Descanse en paz.

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