La tragedia de María Elena

La joven María Elena Ríos Ortiz aceptó una entrevista para un medio de comunicación en fecha reciente. El video, con una duración de poco más de 15 minutos, pudo observarse en una página de internet al iniciarse esta semana y al parecer la conversación se desarrolló en el hogar de quien es más conocida a nivel nacional como “la saxofonista”, por haber aprendido a tocar dicho instrumento musical. Ella, de espaldas y únicamente mostrando sus manos y parte de sus antebrazos, tuvo el valor y la paciencia de dar respuesta a las interrogantes que le fueron planteadas por su interlocutor, convirtiéndose ese diálogo en un impactante y desgarrador momento, por el grado de profundidad que ha dejado la herida psicológica en la mente de una víctima más de las que han sufrido un cruel “baño” con ácido en la piel de su rostro y de su cuerpo. Tan graves han sido las lesiones, en este caso, que María Elena, luego de estar hospitalizada alrededor de dos meses en el Centro Nacional de Investigación y Atención de Quemados del Instituto Nacional de Rehabilitación “Dr. Luís Guillermo Ibarra”, en la Ciudad de México, deberá proseguir un largo camino de tratamiento quirúrgico cuya duración podría prolongarse entre tres y cuatro años. Mientras tanto, la víctima sufre, a sus 26 años de edad, un verdadero martirio, pues en sus propias palabras no puede concebir ni aceptar el cuerpo que ahora tiene, y es tan lamentable su estado de ánimo que solo una vez se ha atrevido a ver su rostro en un espejo.

De acuerdo con ANSA Latina, ese tipo de salvajes atentados afecta principalmente a la mujer, en un 80% y según el diario en línea Huffington Post en su versión mexicana, “el típico agresor es un novio celoso, un esposo que se siente engañado, un amigo furioso por el desaire romántico de una amiga o compañero de trabajo que no soporta la idea de que otro hombre ocupe “su lugar”. En el dramático caso que nos ocupa, la afectada declaro en la entrevista el tipo de relación que tuvo con el que se supone fue el autor intelectual de tan abominable atentado, señalando que llegó a ser ofendida y humillada, lo que la llevó a la decisión de cancelar definitivamente tan tóxica relación, pero cuando ya fue demasiado tarde, por haberse incubado el germen maligno en su pareja, pero no para asesinarla sino para arruinarla física y moralmente de por vida.

“Anualmente se registran unos 1500 ataques con ácido en el mundo y solo se denuncia el 40% de los casos, según la asociación Ácid Survivors Trust International. La mayoría ocurre en países en vías de desarrollo, como Bangladesh o India, Colombia o Haití, aunque han comenzado a presentarse también en países ricos como Inglaterra o Estados Unidos”. (ANSA Latina).

Hace una década, el Instituto Politécnico Nacional, mediante su Unidad Politécnica de Gestión con Perspectiva de Género, desarrolló una investigación titulada “Dinámica en las Relaciones de Pareja”, la cual se aplicó entre su alumnado. Como producto de los resultados y conclusiones de dicho instrumento se creó el Violentómetro, el cual es una excelente herramienta, pues permite a hombres y mujeres estar alerta, capacitadas (os) y/o atentas (os) para detectar y atender la violencia en cualquiera de sus tipos y modalidades a través de diferentes manifestaciones, lo que no solo es benéfico para las instituciones educativas, sino también en los ámbitos familiar (relaciones de pareja) y laboral. El Violentómetro está dividido en tres niveles o escalas de diferentes colores donde a cada uno se le atribuye una situación de alerta o foco rojo, y en él se simula una escala de violencia gradual, en donde se inicia señalando las manifestaciones más sutiles, posteriormente las más evidentes y, en el último rubro, las manifestaciones más extremas. Esas etapas son: 1ª ¡Ten cuidado la violencia aumentará!; 2ª ¡Reacciona! No te dejes destruir y 3ª ¡Necesitas ayuda profesional! Todos debemos conocer esa herramienta, pero principalmente las mujeres para poder prevenir y actuar a tiempo. La promueven dependencias como la Secretaría de Relaciones Exteriores y el Instituto Nacional de las Mujeres. ¡Sí, la violencia también se mide!, y “Si hay violencia en la pareja, ¡no hay amor! www.gob.mx/inmujeres.

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