¿Medidas draconianas en CDMX por el Covid-19?
A partir de que el gobierno de la República Popular China inició la estricta aplicación de medidas de prevención, atención y control de la epidemia del Covid-19 en la ciudad de Wuhan, capital de la provincia de Hubei, los medios de comunicación han utilizado la palabra draconianas para maximizar y dar a entender un mayor impacto a dichas acciones, ante la humanidad. Dicho término se emplea para definir algo que resulta ser excesivamente severo o muy rígido. Su origen se debe a Draco o Dracón, un legislador de Atenas, Grecia, del siglo VIII a.C, el cual alcanzó fama en su tiempo por su crueldad, siendo encargado de redactar el código penal. (www.muyinteresante.com.mx). Entre otras medidas de gran envergadura, de inmediato se construyó en Hubei el hospital Houshenshan de una sola planta en el tiempo récord de 10 días, una de las dos instalaciones de emergencia exclusivamente para la inmediata atención de mil pacientes infectados, dotándosele con un equipamiento de la más elevada tecnología y con una impresionante plantilla de recursos médicos, paramédicos y administrativos, los que fueron objeto de una intensiva capacitación en el ínterin del inicio de la operación del inmenso nosocomio, proporcionándoles trajes protectores, cuyas imágenes le dieron la vuelta al mundo en diversos videos.
Las “medidas draconianas” incluyeron el cierre parcial de la provincia de Hubei, severa vigilancia vecinal con la presencia de batallones de ciudadanos entrometidos, voluntarios uniformados, y representantes del Partido Comunista para desarrollar una de las campañas de control social más grandes de que se tenga memoria, con el objetivo de mantener a cientos de millones de personas apartadas de toda la gente, con excepción de sus familiares más cercanos. De acuerdo con The New York Times (febrero 17/2020), se controla la frecuencia de los movimientos de los residentes de complejos habitacionales; prohibición de entrada a los inquilinos si vienen de otra ciudad; control en las estaciones de trenes; bloqueos con lo que se pueda en las entradas a las aldeas y zonas rurales; toma de temperatura a residentes; supervisión a los que se les obliga guardar cuarentena; fumigación masiva de inmuebles, calles y avenidas; uso obligatorio de mascarillas; cancelación de actos masivos y de toda clase de concentraciones humanas. Sería insuficiente este espacio para continuar enumerando la diversidad de medidas extremas que ha aplicado el gobierno chino; lo cierto es que, en otros países, como ha sucedido en el continente europeo, no han sido menores las asumidas por cada gobierno. Un ejemplo de ello es que los equipos de futbol profesional han jugado a puerta cerrada, con estadio vacío en las regiones afectadas por la epidemia en Italia; otros juegos han sido pospuestos. En algunas ciudades se han diferido o cancelado de plano eventos musicales, culturales, deportivos, exposiciones y diversos congresos académicos y de otra naturaleza. También peligran los Juegos Olímpicos de Japón, aunque su comité organizador insiste, por los enormes intereses de orden financiero que están en juego, en que se van a desarrollar en las fechas programadas.
Apenas el fin de semana me trasladé a la Ciudad de México para realizar un trámite en una dependencia del gobierno federal. Viví el pandemónium de viajar en el Metro, un sistema de transporte que moviliza más de 5.5 millones de usuarios cada día, fui uno más en las concentraciones humanas de la capital a cualquier hora del día, observé el comportamiento de decenas de personas al toser o estornudar por padecer una infección respiratoria aguda y me di cuenta de que las medidas básicas de higiene tan en boga hoy en día, difícilmente las pone en práctica el ciudadano común y corriente, el que pasa gran parte del día fuera de su hogar. Me pregunto si la epidemia se extendiera en la megalópolis del enorme Valle de México, que sería tal vez la fase III, las autoridades en materia de salud ¿Tomarían medidas como las que he descrito? ¿Qué clase de escenario se observaría en la capital del país y en las entidades vecinas? Esperemos que la situación no llegue a ese grado por todas las consecuencias que de ella se deriven.
Las “medidas draconianas” incluyeron el cierre parcial de la provincia de Hubei, severa vigilancia vecinal con la presencia de batallones de ciudadanos entrometidos, voluntarios uniformados, y representantes del Partido Comunista para desarrollar una de las campañas de control social más grandes de que se tenga memoria, con el objetivo de mantener a cientos de millones de personas apartadas de toda la gente, con excepción de sus familiares más cercanos. De acuerdo con The New York Times (febrero 17/2020), se controla la frecuencia de los movimientos de los residentes de complejos habitacionales; prohibición de entrada a los inquilinos si vienen de otra ciudad; control en las estaciones de trenes; bloqueos con lo que se pueda en las entradas a las aldeas y zonas rurales; toma de temperatura a residentes; supervisión a los que se les obliga guardar cuarentena; fumigación masiva de inmuebles, calles y avenidas; uso obligatorio de mascarillas; cancelación de actos masivos y de toda clase de concentraciones humanas. Sería insuficiente este espacio para continuar enumerando la diversidad de medidas extremas que ha aplicado el gobierno chino; lo cierto es que, en otros países, como ha sucedido en el continente europeo, no han sido menores las asumidas por cada gobierno. Un ejemplo de ello es que los equipos de futbol profesional han jugado a puerta cerrada, con estadio vacío en las regiones afectadas por la epidemia en Italia; otros juegos han sido pospuestos. En algunas ciudades se han diferido o cancelado de plano eventos musicales, culturales, deportivos, exposiciones y diversos congresos académicos y de otra naturaleza. También peligran los Juegos Olímpicos de Japón, aunque su comité organizador insiste, por los enormes intereses de orden financiero que están en juego, en que se van a desarrollar en las fechas programadas.
Apenas el fin de semana me trasladé a la Ciudad de México para realizar un trámite en una dependencia del gobierno federal. Viví el pandemónium de viajar en el Metro, un sistema de transporte que moviliza más de 5.5 millones de usuarios cada día, fui uno más en las concentraciones humanas de la capital a cualquier hora del día, observé el comportamiento de decenas de personas al toser o estornudar por padecer una infección respiratoria aguda y me di cuenta de que las medidas básicas de higiene tan en boga hoy en día, difícilmente las pone en práctica el ciudadano común y corriente, el que pasa gran parte del día fuera de su hogar. Me pregunto si la epidemia se extendiera en la megalópolis del enorme Valle de México, que sería tal vez la fase III, las autoridades en materia de salud ¿Tomarían medidas como las que he descrito? ¿Qué clase de escenario se observaría en la capital del país y en las entidades vecinas? Esperemos que la situación no llegue a ese grado por todas las consecuencias que de ella se deriven.
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