El espectro de la hambruna
Cuando un conglomerado humano no dispone de los suficientes
alimentos y recursos para proveer de alimentos a su población, cuyo
efecto en el corto plazo es el incremento de la desnutrición y de la
mortalidad, se le denomina hambruna, y su espectro ya se encuentra al
interior de millones de hogares de nuestro país. Sabía que esa palabra
solo aplicaba para aquellas regiones del mundo en donde el hambre
crónica ha sido una constante, principalmente en el continente africano,
o en los que han padecido alguna vez o sufren ahora el impacto de un
estado de guerra, pero hablar de hambruna en México, imposible, por
lo menos desde que yo tengo memoria; en todo caso de desnutrición sí,
hasta de tercer grado, que se conoce como marasmo o Kwashiorkor. La
patética realidad es que los noticieros de la televisión nos han ido
mostrando desde hace varias semanas otra cara de los efectos de la
pandemia, la del hambre; esta solo puede entenderse cuando se ha
vivido la amarga experiencia de haberla padecido; sufrirla, es
verdaderamente desesperante, una de las más terribles tragedias
humanas, que se vuelve dramática si esa falta de alimento se comparte
con otros miembros de la familia, con los hermanos, con los padres, con
los hijos. Y eso es lo que actualmente sucede en nuestro país, cuando
se han perdido cientos de miles de empleos y los afectados se hallan
atados de manos para poder subsistir con los suyos, viendo pasar cada
día en espera de que se termine la fatal pesadilla.
El hambre obliga a buscar el sustento a costa de lo que sea; justifica
que los que la padecen no opten por el sano confinamiento al que está
sometido un elevado porcentaje de personas y familias, que tienen el
privilegio de hacerlo simple y sencillamente porque disponen del
respaldo económico que les brindan diversas fuentes de recursos. Por
esa razón, las imágenes y las notas informativas que hemos visto y
escuchado dan cuenta del apoyo solidario que han venido ofreciendo
personas o grupos caritativos de la sociedad, para proporcionar raciones
alimenticias de manera directa o para entregar en propia mano
despensas que contienen algunos alimentos básicos para la subsistencia.
No han faltado las familias que colocan un paño rojo para hacer notar
que en su hogar no tienen de comer o se encuentran sin trabajo, y otras
de plano manifiestan en carteles rústicamente escritos su demanda de
apoyo. Y hemos observado, por ejemplo, que en la Ciudad de México
las personas se forman, respetando la sana distancia, para recibir un
frugal alimento, por lo menos uno en el día para paliar el hambre, y en
la ciudad de Villahermosa, Tabasco, donde la pandemia no logra
atenuarse, un hombre de la tercera edad y su familia también reparten
todos los días raciones de alimentos preparados en su pequeño negocio
de comida, a donde acuden centenares de personas, hombres y
mujeres, para recibir lo que les brindan con una gran satisfacción para
los que dan. Otro tanto sucede en la Ciudad de Tijuana donde algunos
restauranteros hacen extraordinarios esfuerzos en apoyo de sus
conciudadanos, y en nuestro estado, la televisión también ha dado
cuenta de la manera como se han organizado los pescadores en Puerto
Escondido, para obsequiar especies del mar a sus paisanos. En nuestra
capital también existen personas caritativas que, con el apoyo de
algunos empresarios, todos los días se han preocupado por apoyar a los
más necesitados. Y así vemos, cómo en todo el país, los gobiernos
estatales y municipales, organizaciones de la sociedad civil, asociaciones
religiosas, partidos políticos y en el colmo de los colmos hasta algunas
células de la delincuencia organizada, acercan despensas y alimentos a
las familias en situación de pobreza; pero eso es insuficiente en cantidad
y en calidad, además la familia que los recibe difícilmente vuelve a tener
ese apoyo.
Las despensas se reparten, pero no con la frecuencia que se requiere y
todavía tenemos por delante un largo trecho para volver a la sana
normalidad. El espectro de una hambruna es un mal signo que nos
puede llevar a estallidos sociales difíciles de controlar y la función de
evitarlo le corresponde al gobierno federal. El cómo está en sus manos.
¡Pero debe actuar ya!
No hay comentarios.: