Peligra la vacunación infantil

Cuando se iniciaron en México las campañas nacionales de vacunación infantil en los primeros años de la década de los años 70´s, los biológicos se aplicaban a la niñez directamente en los establecimientos médicos de primero y segundo nivel de atención, por parte del personal de enfermería; incluso los pasantes de medicina llegaron a realizar esa noble función. Pero también, se contrató a cientos de jóvenes para que se desplazaran hasta las localidades más recónditas de cada entidad federativa, de tal manera que vacunaran a las criaturas casa por casa. Fue un trabajo arduo, desempeñado en tres etapas de dos semanas en cada ocasión. Los vacunadores de contrato eran reclutados, seleccionados, capacitados, distribuidos y pagados con el concurso del personal supervisor de las oficinas centrales de los servicios estatales de salud. Al decir que las brigadas de vacunadores penetraban hasta donde no se imaginan ustedes amables lectores, es porque eso fue real: municipios, agencias, rancherías y localidades menores de 50 habitantes. Me consta, porque tuve la oportunidad de haber sido comisionado para desarrollar todas las funciones inherentes al nombramiento de supervisor de campaña en todos los municipios y agencias de las regiones de la Cañada, Istmo, Mixteca y Papaloapan. Por eso, cuando retornábamos a la ciudad de Oaxaca para proporcionar la información concentrada y evaluar el resultado de la campaña, fue posible dar crédito a las versiones de cada supervisor estatal cuando comentábamos las dificultades y adversidades vividas en el desempeño de la función de los brigadistas y de nosotros mismos. Ejemplo de ello lo vivió la hoy finada enfermera en Salud Pública María del Pilar Sánchez Villavicencio, cuyo nombre lleva el Hospital General de Huajuapan de León, la cual estuvo a punto de ser asesinada a machetazos por una multitud iracunda que la acusó, a ella y a sus colaboradores de estar aplicando inyecciones para esterilizar a los niños. Pero ella no fue la única en sufrir amenazas a su integridad física y de vivir el riesgo de morir.

En mi caso, tuve que volver dos veces a la localidad de Xochitonalco, cercana a Huautla de Jiménez. La primera vez la población se escondió en sus humildes viviendas a piedra y lodo y la localidad enmudeció, se hizo un silencio sepulcral. Así no se vacunó a ningún niño. Retornamos por instrucciones del gobernador del estado porque los maestros de la escuela primaria se quejaron con él, acusándome de que no me había presentado en su localidad; cuando estuve de nuevo ahí con los brigadistas volvió a suceder lo mismo. Las familias no aceptaron la vacunación. Tomé fotografías para demostrar que efectivamente estuvimos ahí.

De cualquier manera, de forma paulatina la población transitó, de permitir y luego a exigir, que sus hijos se vacunaran. Los resultados, de ese arduo trabajo se vieron recompensados dos décadas después cuando México se convirtió en un modelo a nivel mundial, por el excelente porcentaje alcanzado en los esquemas completos de los biológicos aplicados por grupo de edad. La poliomielitis se eliminó y llegaron a controlarse de manera impresionante las que dieron por mal llamarse, algún día ya lejano, como “enfermedades propias de la infancia”: tosferina, difteria, tétanos, parotiditis, sarampión, rubeola, así como la tuberculosis pulmonar. Todo ese extraordinario trabajo ha venido de más a menos en los últimos tres lustros, al grado de que ese acentuado declive se ha llegado a considerar como un peligro para la seguridad nacional. La nueva irrupción del sarampión en nuestro país en fecha reciente, cuando ya no teníamos casos autóctonos, es una clara demostración del grado de relajamiento e ineficiencia al que hemos llegado desde el nivel federal. En síntesis, nuestras coberturas están muy lejos de proteger a la niñez mexicana. Si a esto le agregamos que por la pandemia las acciones de vacunación se han limitado en un grado superlativo y que la población difícilmente permitiría que hoy les vacunaran a sus hijos, esperemos un incremento inusual de las mencionadas enfermedades de la niñez, las que podrían afectar incluso a los adultos. Ojalá y me equivoque.

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