Los grandes pendientes en salud en Oaxaca

 Todavía no inician formalmente las campañas de los contendientes al gobierno del estado y ya aparece en los medios las gráficas de quien, según sus encuestas, se enfila como caballo de hacienda en el primer lugar entre las preferencias del posible electorado que emitirá su voto el próximo cinco de junio. Obviamente no todo está dicho, la moneda está en el aire, aunque se presiente y se presume en el ambiente político que vamos a observar, como en los viejos tiempos del partido hegemónico, cumplida la famosa frase de “carro completo”; en este caso, me refiero al triunfo total en nuestra entidad.

Vivo en la capital del estado desde hace 50 años y me siento tan oaxaqueño como los demás; mis hijos nacieron y se desarrollaron aquí. Mi padre fue oriundo de un municipio de la Sierra de Juárez, pero contrajo matrimonio en la Ciudad de México con mi madre, nacida en Acámbaro, Guanajuato y yo soy el primogénito de 10 hermanos. Mi primer contacto con el estado ocurrió en 1971 cuando vine a realizar mi internado de pregrado en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS; prácticamente desde entonces me quedé aquí y por eso puedo emitir comentarios como los que voy a expresar enseguida.

De la primera visión que tuve del municipio de Oaxaca de Juárez, que en ese tiempo no llegaba a los 100 mil habitantes, y luego de conocer la entidad como servidor público durante más de cuatro décadas, puedo decir que, con justa razón, junto con los estados de Chiapas y Guerrero, ocupamos los últimos lugares del país en cuanto a desarrollo social y económico. No es una simple deducción obtenida por los registros e informes que emiten las dependencias federales, los que con lujo de detalles dan cuenta precisa de los datos duros en los que se basan sus análisis, dictámenes y conclusiones. A nosotros, los oaxaqueños, nos pasa como, cuando en nuestro carácter de mexicanos, se nos compara con los países con mayor grado desarrollo del mundo, particularmente los que integran la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos, la OCDE, en donde ocupamos los últimos lugares en casi todos los rubros.

Y cuando afirmo que conozco el estado es porque realmente llegué a recorrer en helicóptero, y por la vía terrestre en toda clase de vehículos de motor, y también a lomo de bestia, en lancha y a pie, municipios, agencias y rancherías de casi todos los distritos políticos de las 8 regiones naturales; al respecto, les invito a la lectura de mi libro en mi página web. Por esa razón, cuando también conozco casi todo nuestro país, por lo menos las capitales, sus principales ciudades y sus centros turísticos, no he dejado de hacer, en cada visita de tantos lugares, comparaciones con nuestro terruño; y más aún, cuando los medios de comunicación dan cuenta de una diversidad de obras de gran calado e imágenes del pleno desarrollo al que han llegado otras entidades federativas de la República. Con mi familia hemos experimentado una gran desilusión, cuando retornamos a nuestro hogar y hacemos comparaciones luego de haber observado avances tan relevantes en muy breves periodos de tiempo.

No puedo afirmar que en Oaxaca los gobiernos en turno no se preocupan por ofrecernos más de lo que merecemos; ha habido infraestructura pero a paso sumamente lento y a cuenta gotas; diríase que casi no se nota. En lo concerniente a salud preocupa que todavía utilizamos un dizque relleno sanitario a punto del colapso; la carencia de un eficiente sistema de tratamiento de aguas negras y residuales; la garantía de suficiente dotación de agua a la capital; la existencia del mayor Hospital General de Oaxaca que necesita la operación de un moderno nosocomio que lo apoye o complemente; un Hospital del Niño Oaxaqueño que funciona porque Dios es magnánimo con nosotros; un Hospital Regional de Alta Especialidad que requiere de la ampliación y equipamiento que se proyectó desde que se inauguró y que operen con eficiencia y finanzas sanas los propios Servicios de Salud Oaxaca. He ahí unos cuantos retos que deben asumir en sus campañas aquellos que estarán finalmente en la boleta electoral. Quien gane esa contienda, debe iniciar, con evidencias, una era de avance real y permanente.

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