Mi experiencia como paciente en una sala Covid
Esa mañana, del último día de seis, que permanecí internado en la sala exclusiva para pacientes de COVID-19 del Hospital Regional “Presidente Juárez” del ISSSTE, era el único que no estaba intubado y conectado a los modernos monitores y a pesar de que todavía tenía sintomatología propia de una infección del tracto respiratorio, estaba ya obsesionado con la idea de que se haría realidad mi alta hospitalaria ordenada por la médico especialista y aceptada por mí, aunque prosiguiera mi tratamiento en casa aun con el apoyo de oxígeno día y noche.
Recordaba lo delicado como llegué ahí, casi sin poder hablar, luego de la decisión que tomó conmigo el médico responsable del triage para pacientes sospechosos de padecer la infección viral. Jamás me hubiera imaginado estar en la antesala de un servicio para pacientes complicados de COVID y luego, cuando se definió mi hospitalización se me hizo un nudo en la garganta al despedirme de mi esposa y llevarse mi ropa, calzado y bienes materiales; a mi hijo Eduardo ya no lo vi. Me di cuenta que dos de mis compañeros de sala estaban intubados, ambos mayores de 60 años y a su alrededor el personal de enfermería los atendía con diligencia en un constante ir y venir con toda clase de suministros para su tratamiento; los dos estaban conectados a un sofisticado equipo de monitores que no paraba de emitir determinados sonidos. Mi primera impresión me llevó de inmediato a pensar que si yo empeoraba iba a terminar así y en un estado aparentemente vegetativo. Finalmente no sucedió eso; fui sujeto a un estricto tratamiento farmacológico vía oral y por venoclisis, además de que a partir de ese momento todos los días me tomaron muestras de sangre para diversos estudios, determinación de glucosa y gasometría; además fui conectado a un monitor en donde se capta el estado de los signos vitales: presión arterial, frecuencia cardiaca, frecuencia respiratoria, grado de saturación de Oxígeno (con un oxímetro permanente en el dedo de una mano) y el trazo producido por los electrodos de las derivaciones cardiacas colocadas en la cara anterior de mi tórax.
Como había adelantado en un artículo previo, había recibido un tratamiento de urgencia en la clínica hospital San José, el cual resultó de excelente ayuda al mejorar mi estado crítico inicial, pues ya era declarada la neumonía basal en ambos pulmones, confirmándose por la clínica y por tomografía. En ese nosocomio privado fui diagnosticado por COVID-19 con los dos estudios del laboratorio Galindo.
Pues en ese compás de espera para mi alta del servicio, recordé los frecuentes cuadros de amigdalitis en mi niñez, los que se frenaron con la amigdalectomía; a los 10 años sufrí una fractura expuesta del radio y cúbito derechos; salí de una neumonía a los 23 años; dos años después un proceso infeccioso severo me mantuvo 10 días internado en el mismo hospital del ISSSTE; me fue practicada la vasectomía en 1983; se me corrigió el Hallux valgus del pie izquierdo en el 2003; una septicemia casi me lleva a la muerte en el 2008, permaneciendo internado más de una semana en el nosocomio ya referido; en el 2013 se me practicó la prostatectomía en el Hospital General de Zona No. 1 del IMSS, con un largo periodo de recuperación en casa; en enero del 2015 tuve una amenaza de infarto, siendo atendido en el HRAEO; a fines de ese mes se ratificó que padecía de Hipertensión arterial y desde entonces estoy bajo control por un cardiólogo; sufrí otro cuadro grave de neumonía a fines del 2016 y fui atendido ambulatoriamente por la Dra. Andrea Colli; en el 2020 fui internado en el Hospital Cardiológico por una litiasis ureteral; en marzo del 2021 se me extirpó un tumor benigno de la planta del pie izquierdo; en agosto de ese año me sujeté a un tratamiento integral odontológico y ahora por Covid-19, estoy en etapa de recuperación. A mis 73 años y meses, es una especie de suerte seguir entre los vivos, gracias a Dios y a la ciencia médica; y eso que no sumé aquí los accidentes en vehículos de motor que me pudieron costar la vida. Estos los narro en el libro que aparece en mi página web. Les invito a hacer un recuento como este que he narrado y se llevarán una gran sorpresa.
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