Gastos catastróficos en salud
Los gastos catastróficos se definen como aquellos gastos superiores a 30% de la capacidad de pago, que a su vez se considera como el ingreso familiar disponible una vez descontado el gasto en alimentación. El llamado gasto de bolsillo, expone a las familias a pagos excesivos que son imposibles de anticipar por la incertidumbre implícita en los fenómenos de enfermedad y en los accidentes. Se calcula que anualmente de dos a tres millones de familias mexicanas incurren en gastos catastróficos por motivos de salud. (Gómez Dantés y Mauricio Ortiz. Sal. Púb. Méx. / Vol. 46, No.6, Nov-dic/ 2004). Al respecto, el Dr. Julio Frenk Mora, ex Secretario de Salud del país, Decano de la Universidad de Harvard y desde hace tres lustros Rector de la Universidad de Miami, en su conferencia magistral “A quince años del Seguro Popular. Retos y perspectivas”, organizada por el Centro Universitario de Ciencias de la Salud (CUCS), de la Universidad de Guadalajara, en el marco de la Feria Internacional del Libro del 2019, expresó que si se desmantelara el Seguro Popular, como sucedió finalmente, perjudicaría a las personas que estaban recibiendo tratamientos muy costosos financiados por el Fondo de Gastos Catastróficos, así como a los cuatro millones de familias mexicanas no asalariadas.
Es de suma relevancia recordar que 120 estudios sugieren que el Seguro Popular disminuyó dramáticamente la cantidad de mexicanos que enfrentaban gastos catastróficos y entre otros logros se abatió la mortalidad infantil. En 15 años de operación el Seguro Popular extendió la protección social en salud a más de 50 millones de personas, representando uno de los esfuerzos de cobertura más grande en materia de salud pública en la historia de México. En el año 2000 el diagnóstico para conocer el gasto en salud de las familias mexicanas, detectó que la causa número uno de empeño de bienes y propiedades se destinaba a pagar cuentas de salud y también lo era del quiebre de microempresas que no tenían seguro para cubrir cuentas por enfermedad. A diferencia del falso y perverso concepto vertido en el 2019 a nivel federal, sí era seguro y popular, porque evitaba que las personas y las familias, no se arruinaran económicamente por pagar por su salud. Así mismo, más de la mitad de la población era no asalariada, no contaba con protección financiera en materia de salud y cuatro millones de hogares mexicanos se arruinaban por enfermedades que implicaban altos gastos. Por ello, la respuesta a dicho desequilibrio fue el Seguro Popular, que se generó como producto de un diagnóstico basado en datos y fue documentado meticulosamente.En el quinquenio del 2013 al 2018 se atendieron casi 100 mil niños que requirieron cuidados intensivos neonatales, lo que representó un gasto de 4 mil 600 millones de pesos, más de 50 mil casos de cáncer de mama, con un gasto de mil 800 millones de pesos, 18 mil de cáncer cérvico uterino y 94 mil de VIH o SIDA. Además, 80 por ciento de los afiliados al Seguro Popular estaban en la clasificación más baja de ingreso y 9% en el más alto; en cambio, la derechohabiencia de la seguridad social mostraba datos totalmente opuestos. En ese sentido mejorar la salud de los mexicanos es una de las políticas públicas más poderosas para emerger de la pobreza, pues los adultos son más productivos y pueden trabajar y los niños muestran un mejor rendimiento escolar.
Con justa razón el Dr. Julio Frenk expresó en aquella conferencia que “Sería fatal que despareciera el Seguro Popular”, para agregar “¡Cámbienle el nombre pero no lo desaparezcan!”. Ya en el 2020 sentenció: “El gobierno actual decidió, sobre la base de prejuicios ideológicos, desmantelar el Seguro Popular y sustituirlo por el Instituto de Salud para el Bienestar, interrumpiéndose así el proceso de democratización de atención a la salud”.
Las familias en México sufren con frecuencia los efectos derivados por gastos catastróficos en salud. Causaron un boquete en la economía de mi familia durante la pandemia, a pesar de ser derechohabientes del ISSSTE. Le recomiendo la lectura del libro “¿Por qué a mí? Diario de un condenado”, de Víctor Hugo Rascón Banda, de Editorial Grijalbo, marzo 2007.
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