El devastador terremoto de Turquía y Siria
Los sismos ocurridos al inicio de esta semana en dos países que se localizan en el medio oriente volvieron a recordarnos los terribles efectos del terremoto que afectó la Ciudad de México aquel lejano 19 de septiembre de 1985: miles de personas fallecidas, atrapadas en inmuebles reducidos a escombros o casi por colapsarse. En el primer caso un primer movimiento telúrico de magnitud 7.8 grados en la escala sismológica de Mercalli a las 4:17 horas de la mañana del seis de febrero, seguida de una réplica casi de la misma magnitud: 7.5 grados, nueve horas después, mientras que en México el terremoto fue de 8.1 grados a las 7:19 horas, seguido de una severa réplica de 6.8 grados horas más tarde. Todo mundo sabe que en el ínterin entre los dos principales sismos ocurren cientos de réplicas de menor intensidad, que coadyuvan a incrementar los daños causados por ese tipo de desastres naturales.
Mientras el Servicio Sismológico de los Estados Unidos (USGS) señaló que es el peor terremoto en esa región en 100 años, lo que se sabe es que el del 17 de agosto de 1999 causó la muerte de 17,000 personas. Hasta ahora se tienen confirmados 20,296 fallecimientos y 70 mil heridos entre los dos países, la mayoría en Turquía, (Excélsior/09-02-2023) y más de 5,000 inmuebles derribados. Otros grandes terremotos han ocurrido en Chile, 1960, con una magnitud de 9.5 grados; Alaska, en 1964, de 9.2 y Japón, en el 2011, de 9. De los graves problemas adjuntos a tales desastres destaca la hipotermia por temperaturas cercanas al punto de congelación entre los heridos y personas atrapadas en los escombros, así como la carencia de servicios públicos: electricidad y agua principalmente, y el desabasto de alimentos. También lo han sido el destino final de tanto cadáver y la situación política, social y económica en ambos países. Las personas que se salvaron han sido trasladadas a albergues temporales, como es el caso de las mezquitas, gimnasios y escuelas, aunque como la mayoría tiene mucho miedo ante las frecuentes réplicas, muchos han preferido quedarse en el exterior, a pasar la noche al raso y los miles de heridos se encuentran hacinados en hospitales abrumados y sin insumos suficientes para estos casos.Cuando ocurrió el terremoto en el entonces Distrito Federal no existía un Programa de Protección Civil, ni las autoridades ni la ciudadanía estaba preparada para prevenir y atender ese desastre, por lo que todo era una gran desorganización, aunque se recuerda la extraordinaria participación civil en acciones de rescate y remoción de escombros, con un impresionante sentido de solidaridad. La ayuda internacional también se convirtió en otro caos, porque las dependencias gubernamentales que se involucraron en su clasificación y distribución no supieron ni pudieron implementar un sistema logístico eficiente, por lo que enormes cantidades de insumos de toda clase no llegaron a su destino en tiempo y forma, además de haberse observado la rapiña a través de la “operación hormiga”; en el caso de los medicamentos y materiales de curación, mucho de lo que se recibió había caducado, las instrucciones de uso estaban en otros idiomas o su presentación no era la que se manejaba en nuestro país. Por otro lado, se perdió tiempo aplicando vacunas a la niñez, lo que no era necesario de acuerdo a la OMS. Ojalá que dicha experiencia no se esté repitiendo en Turquía y Siria. En el caso que nos ocupa me imagino que aplicar el triage o clasificación de los lesionados ha sido un grave problema, en cierta forma por las miles de víctimas; la otra situación que debió preverse en esos países amenazados por sismos es la disposición de hospitales móviles con suficientes recursos para el manejo de situaciones de urgencia y personal médico y técnico especializado, así como el montaje de unidades médicas de menor complejidad para pacientes que no ameritan hospitalización. Tal vez los países con mayor desarrollo ya han enviado este tipo de ayudas. Es obvio que debe otorgarse un tratamiento integral de los afectados y de quienes sobrevivieron. Finalmente, la alimentación de estos últimos, los cuidados en áreas cubiertas y con calefacción son una prioridad.
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