Graves errores humanos causa de la gran tragedia
Era ya avanzada la madrugada del pasado seis de febrero, las 4:17 horas para ser más precisos, cuando territorios de Turquía y del noroeste de Siria se cimbraron por una intensísima sacudida generada por un terremoto cuyo número de víctimas mortales y de lesionados le ha ganado el título de “la tragedia del siglo”, más de 40 mil de los primeros y hacia los 100 mil los segundos; a decir de alguno de los sobrevivientes y con la evidencia de un video, instantes previos al movimiento telúrico centenares de pájaros se alejaron de manera inusitada del lugar que ocupaban en sus respectivos árboles en medio de una gran alharaca; supuestamente los especialistas en la materia han desechado la idea de que las aves y otros animales pueden sentir y “avisar” la existencia de un sismo de consideración; sin embargo, dichas especies son muy sensibles a cualquier movimiento, por lo que se deduce que al mecerse los árboles las aves tiendan a alejarse de su sitio; tal hecho debe ser considerado como anormal para el caso que nos ocupa.
A la hora señalada, cuando la mayoría de los humanos atraviesa por las etapas en las que el sueño es más profundo y es más difícil despertarse, los habitantes de las zonas afectadas por el primer sismo, el de 7.8 grados en la escala sismológica de Mercalli, se encontraron de pronto, en la oscuridad de sus habitaciones, con un ruido ensordecedor y una serie de bruscos movimientos trepidatorios en rápido e interminable ascenso, lo que seguramente les dificultó mantener el equilibrio; en un momento todo se convirtió en un tremendo caos en casi todos los inmuebles; es de imaginar las dantescas escenas vividas por sus habitantes, en parte por el pánico y por no saber qué hacer, de manera individual y colectiva para poder salvar la vida, sus gritos de terror, de llamado a sus seres queridos ante el crujir de techos, paredes y columnas, el estallido de puertas y ventanas, y después el inicio de una creciente ola de silencio, acompañada de los ayes y quejidos de quienes quedaron bajo toneladas de escombros y no podían librarse de ellas de ningún modo. Este horror fue peor en los inmuebles de varios pisos que colapsaron estrepitosamente o se mantuvieron casi a punto del derrumbe definitivo. Naturalmente, como en casi todos los desastres, hubo quienes tuvieron la suerte de salvarse, lesionados o no, aunque se enfrentaron de inmediato con el bárbaro escenario cuando este apenas comenzaba a iluminarse con la luz de un nuevo día.Al parecer el gobierno turco aplicará “todo el peso de la ley” a quienes hayan intervenido en la construcción de los edificios que se vinieron estrepitosamente abajo, pero, pregunto, ¿Qué clase de inmuebles se tienen que edificar para soportar un terremoto provocado por un entramado de bloques, placas y fallas como las que se localizan en esa región del planeta? Ahí donde se han registrado otras tragedias humanas de gran magnitud; para ejemplo la del año 115 d.C., cuando un brutal terremoto causó 200 mil muertes en lo que se conocía como Antioquía. Según los expertos la falla de Anatolia Oriental que “normalmente” se desplaza 15 milímetros cada año, en esta ocasión en un solo día se desplazó 5 metros, lo que en 200 o 300 años sin terremoto.
En el caso de los edificios la prevención para antes, durante y después de un desastre es magnífica si se trata de un incendio o de un temblor de menor magnitud, pero no en casos como lo sucedido en Turquía y Siria; es decir, es casi imposible sobrevivir si se habita en un inmueble de varias plantas cuando ocurre un terremoto de gran magnitud y menos aún con una réplica casi semejante a las pocas horas. Lo cierto es que en ciudades asentadas en zonas elevadamente sísmicas sus habitantes tienen que pagar con sus vidas los errores en la planeación del desarrollo urbano y la decisión de residir ahí, en su propia vivienda o en inmuebles de varias plantas. No pasará mucho tiempo sin que se tenga noticia de otras tragedias como la que ahora nos conmueve. ¿Amables lectores, creen que el gran valle donde se asienta la Ciudad de México no volverá a vivir otra terrible experiencia como la de 1985? ¿Qué recomendarían para enfrentar semejante reto? Quede de tarea.
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