Impostergable educación vial a motociclistas
He insistido en un tema que he abordado desde el 2009 en cinco artículos, en donde he dado a conocer estadísticas de morbilidad y mortalidad por ese tipo de accidentes, sus consecuencias en cuanto a las lesiones que causan toda clase de incapacidades, físicas y psicológicas, las que repercuten en las víctimas y luego en sus familiares y en el tremendo daño económico que también afecta a terceros; las evidencias que he aportado involucran a organismos nacionales como a las dependencias del sector salud y el INEGI, el Centro Nacional de Prevención de Accidentes, CENAPRA, e internacionales como la OPS, la OMS y la ONU, y he plasmado información relativa a la cantidad de ese tipo de vehículos que año con año se fabrican en los países más desarrollados del mundo, así como las marcas de toda clase de motocicletas. Para mayor conocimiento y recordatorio mis artículos han llevado los siguientes títulos: “Motociclistas, homicidas en potencia”, en dos partes; “”Llevar a la familia en moto, irresponsabilidad criminal”; “Trasladarse en moto es un peligro mortal” y “Motociclista sin casco un peligro mortal”. Y al parecer todo a ha sido en vano, un verdadero fracaso, porque no hay día en que en la nota roja de los periódicos citadinos no aparezcan reportajes relacionados con uno o más hechos de tránsito en donde se involucran los motociclistas, más hombres que mujeres.
Sin duda, que la prevención de los accidentes de tránsito está contemplada como una política básica en los Planes de Desarrollo de por los menos dos órdenes de gobierno de México; desde luego la dichosa política aterriza en determinadas estrategias y acciones para su operación, pero el problema es que los resultados son ínfimos por no llegar a expresar de plano su nulidad. No me diga nadie lo contrario porque hacerlo solo resulta en una burda mentira. Basta y sobra hacer un recorrido por la capital del estado en diversos horarios para observar la manera como se incumplen las dichosas medidas establecidas en el respectivo reglamento de tránsito; individuos que: no portan por lo menos el casco protector certificado, que se hacen acompañar por hombres o mujeres que tampoco utilizan ese tipo de protección y todavía menos cuando llevan consigo uno o más infantes; no es infrecuente que el conductor porte su casco y su acompañante no, para aparentar o fingir el cumplimiento de la norma, aunque en el caso de un accidente quien lleva la peor parte es quien va atrás, sin ningún tipo de protección; peor aún, hay tripulantes que todavía se atreven, de manera irresponsable, a emplear sus celulares para conversar y mensajearse en pleno movimiento. Otras actitudes no éticas son las de transitar en las ciclovías, no respetar los señalamientos de tránsito, convirtiéndose en los primeros en “pasarse” la luz roja del semáforo, rebasar por la derecha a los automovilistas, plantarse sin respeto alguno delante de estos últimos invadiendo el área para el paso de transeúntes y ciclistas. Se me olvidaba señalar que con toda seguridad no todos los conductores cumplen con el límite mínimo de edad para ello, que la velocidad a la que se desplazan rebasa con frecuencia lo establecido y se movilizan zigzagueando peligrosamente su vehículo, considerándolo como un juguete y no como un vehículo de motor cuyo mal uso ha terminado en fatales consecuencias.Los ciudadanos hemos sido testigos de que de vez en cuando se aplican “operativos” en sitios estratégicos de la capital; el despliegue que se monta es aparatoso y más cuando observamos alguna grúa en la que se acomodan aquellas motocicletas cuyos propietarios supuestamente incumplieron con el reglamento. Pero eso ha resultado ser tan solo “flor de un día”. Lo que tienen que hacer los servidores públicos responsables de cumplir las funciones que conduzcan al cumplimiento de los objetivos y metas programadas está bien claro: 1º Educación vial, ética, permanente, con énfasis en cultura de valores; 2o Vigilancia en toda la ciudad por lo menos en dos turnos durante el día, y 3º Cero tolerancia a quienes incumplen el reglamento. Dejemos atrás la imagen de estado subdesarrollado y evitemos más víctimas de la ignorancia e indolencia.
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