El siglo XXI es una incertidumbre

Durante mi infancia y adolescencia que transcurrieron antes de 1965, quienes formamos parte de esa generación escuchamos de nuestros padres acerca de las profecías del enigmático francés Nostradamus al referirse a los hechos ocurridos en el mundo, y que los habitantes del mismo se sentían maravillados por la veracidad de los acontecimientos señalados por él, y nos causaba cierto pavor a los que se referían al siglo XXI que estaba todavía muy lejano de nuestras vidas juveniles. Recuerdo entre otros hechos los que supuestamente sucederían con fatales consecuencias para la humanidad como una posible 3ra guerra mundial precedida por guerras, grandes oleadas de migración, hambrunas, desastres naturales de gran magnitud como terremotos e inundaciones que causarían una enorme cantidad de víctimas producidas por huracanes cada vez mas peligrosos por su grado de intensidad, además la presencia de grandes extensiones terrestres caracterizadas por sequía y muerte de animales para el consumo humano; en fin tal situación llevaría finalmente a la destrucción de la vida en la Tierra de infinidad de especies y graves afectaciones a la especie humana. Todo lo anterior generaba terror, pero no alcanzábamos a comprender la posibilidad de su ocurrencia; sin embargo, apenas transcurrido el primer cuarto del presente siglo y con una creciente población mundial de más de 8 mil millones de habitantes lo expresado por Nostradamus ya es una realidad.

Un ejemplo patético sucede en nuestro país en el que cada vez mas se extienden en su territorio amplias regiones de sequía, un significativo incremento de la temperatura, efectos producidos por desastres naturales cada vez más catastróficos como en el caso de los huracanes, aumento de hechos de sangre y de violencia en la vía publica e intrafamiliar, gravedad de la pobreza que ha conducido a una constante migración interna y fuera del país. Aunque las cifras oficiales de un incremento anual del presupuesto de egresos de la federación son multimillonarias sin embargo en la realidad los recursos programados no alcanzan para sostener a una población que requiere satisfacer sus necesidades básicas de alimentación, educación, salud y empleo formal. Se presume un importante porcentaje de disminución de la pobreza, pero ésta es todavía muy elevada; la población económicamente activa está dedicada fundamentalmente a la informalidad sin acceso a las prestaciones que brinda la seguridad social y los llamados programas sociales que apoyan a las familias mexicanas demuestran su ineficiencia y ponen en claro la realidad del subdesarrollo de México.

Es cierto que nuestra nación podría estar mejor si los gobiernos post revolucionarios del siglo XX y los que han transcurrido en lo que va de la centuria no han sido capaces de administrar los recursos económicos con honradez y eficiencia. Todo lo cual predice que continuará por un largo periodo los magros avances alcanzados hasta ahora.

Los medios de comunicación masiva del mundo nos informan día tras día los acontecimientos en los 5 continentes: guerras inacabables, hambre, violencia de todo género, graves emergencias por constantes desastres naturales, graves regiones con deforestación provocada por los seres humanos, presencia de nefastos líderes de corte socialista-populista que socaban el desarrollo de sus países, la amenaza de una 3ra guerra mundial por los conflictos que sostienen las grandes potencias del planeta.

Aquello que se veía muy lejano, repito para mi generación, asombrosamente se está convirtiendo en una realidad; muy probablemente no alcancemos aquellos jóvenes hacer testigos de lo que viene, pero sentimos un gran temor por lo que les espera a las nuevas generaciones en los próximos años. Quisiéramos que las profecías de Nostradamus no se conviertan en una realidad y que la sociedad humana tuviera un mejor porvenir. Quisiéramos ser optimistas en ese sentido, pero por ahora solo se me ocurre decir que hagamos hasta lo imposible por conseguir con nuestro esfuerzo que vivamos felices y nos convirtamos en hacedores de una civilización que se obstina por trascender y dejar un legado de paz y bienestar a nuestros hijos y de ellos a los suyos.


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